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Departamento
de Construcción Arq. | Escuela de Arquitectura |
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| LAU32
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Las luminarias, una vez conectada la lámpara a la red para permitir el tránsito de energía eléctrica, propician la distribución del flujo luminoso emitido por las lámparas para dirigirlo hacia determinadas direcciones (reflectores) o para atenuar el deslumbramiento, ocultando parcial o totalmente la visión de la lámpara (difusores). Las luminarias por lo tanto son dispositivos de alumbrado que deben verificar los siguientes requisitos:
Por el modo de distribuir el flujo luminoso las luminarias se pueden ser:
La CEE establece una clasificación de luminarias de acuerdo con la protección que ofrezcan contra derivaciones eléctricas. También es posible clasificar la luminarias atendiendo a su grado de protección óptica. Si
se considera la distribución vertical de la luz efectuada por las
luminarias, a estas se les puede dar la siguiente clasificación:
Son las luminarias que dirigen por encima del plano horizontal que pasa por las lámparas, del 90 al 100% del flujo luminoso hacia el techo. Cuando se ilumina con este tipo de luminarias, toda la luz efectiva que incide en el plano de trabajo es la reflejada hacia abajo por el techo y en menor proporción por las paredes. Utilizando este tipo de luminarias, el techo se convierte en una fuente de luz que emite flujo luminoso de un modo muy difuso. La iluminación con luminarias indirectas permite:
Cuando se utiliza este tipo de luminarias, los acabados de techos y paredes deben supervisarse para garantizar que tengan colores claros mate con textura rugosa para mejorar el tránsito del flujo luminoso y evitar brillos causados por los puntos de luz. Se debe cuidar sobre todo la luminancia de los techos para evitar superar los límites de los valores de luminancia recomendados para cada uso. Son luminarias que proyectan del 60 al 90% del flujo luminoso hacia el techo, por encima del plano horizontal que pasa por las lámparas de las luminarias. El resto de la fracción de flujo luminoso emitido, se distribuye hacia el plano de trabajo. La iluminación producida por este tipo de luminarias, tiene las ventajas de la iluminación indirecta y mejora su eficacia. Las luminarias Semi – Indirectas se utilizan, a veces, para mejorar la relación de brillo entre techo y luminaria, cuando el alumbrado tiene un alto nivel luminoso. Para difundir la luz, con las luminarias Semi – Indirectas, se utiliza vidrio o plástico de densidad inferior al plástico empleado en la construcción de las luminarias Indirectas.
En este tipo de luminarias, el 40 a 60% de la luz se dirige hacia el plano de trabajo por lo que la mayor parte del flujo luminoso utilizado en la iluminación procede de las luminarias. También estas luminarias emiten hacia el techo y paredes una fracción importante (del orden del 40 al 60%) del flujo luminoso producido. Cuando las paredes son de color claro, la iluminación proporciona un fondo claro sobre el que resalta este tipo de luminarias, suministrando una importante componente indirecta que propicia una iluminación difusa con emisión muy reducida de flujo luminoso en el plano horizontal que pasa por las lámparas de este tipo de luminarias. Dentro de las luminarias Directas – Indirectas, hay que mencionar a las luminarias difusas, que emiten una importante fracción de flujo luminoso en el plano horizontal que pasa por las lámparas de estas luminarias, como sucede con las luminarias de globo envolvente que distribuyen la luz de un modo uniforme en todas las direcciones del espacio. En las luminarias difusas, para proteger a las lámparas, se utilizan cierres de vidrio, plásticos o de rejillas. Se da el nombre de luminarias Semi – Directas, a las luminarias que emiten del 60% al 90% del flujo luminoso hacia el plano de trabajo, por lo que la fracción de iluminación eficaz que recibe dicho plano de trabajo es la emitida directamente por este tipo de luminarias. La fracción de luz dirigida hacia el techo por este tipo de luminarias hace que las zonas de techo que rodea a estas luminarias resulte más brillante que el resto del techo, propiciando una disminución de los valores en la relación entre valores de iluminancia en el techo. Las luminarias Directas, son luminarias que emiten del 90 al 100% del flujo luminoso hacia el plano de trabajo. Las luminarias directas se utilizan para producir la máxima iluminación eficaz en las áreas de trabajo. La mejora de la eficacia en la iluminación que se consigue con este tipo de luminarias, produce:
Las sombras molestas en alumbrado directo se corrige ubicando las luminarias directas muy próximas entre si o desarrollando un iluminación de gran área, por ejemplo, iluminando el techo de pared a pared como forma de alumbrado directo. Para evitar el deslumbramiento, muchas luminarias directas se ubican en cavidades en el techo y se dispone también para ellas de rejillas o de difusores traslúcidos. Cuando las luminarias directas se ocultan dentro del campo de visión, las características de la iluminación, en lo referente al deslumbramiento directo, son muy similares al obtenido con luminarias indirectas. En lo concerniente al deslumbramiento reflejado, conviene no separar excesivamente las luminarias directas del plano de trabajo, ya que cuando mayor sea esta separación, mayor será las posibilidades de que se produzca este tipo de deslumbramientos. Cuando se procede a seleccionar luminarias hay que tener en cuenta cuestiones como:
El flujo luminoso emitido por las luminarias tiende a disminuir con el transcurso del tiempo a causa del envejecimiento y del ensuciamiento sufrido por las lámparas. La mayor merma del flujo luminoso se puede atribuir a la
acumulación de polvo sobre las propias lámparas y en las superficies de las
luminarias encargadas del control del flujo luminoso por reflexión,
refracción o difusión. La merma del flujo luminoso a causa del polvo acumulado en las luminarias depende del ángulo de inclinación de las superficies que conforman las luminarias, de su acabado y temperaturas y del nivel de ventilación de las luminarias y de si su diseño se ha efectuado a prueba de polvo y polución atmosférica. Las luminarias abiertas por abajo y cerradas por encima,
tienden a acumular más polvo que las que disponen de ventilación. Cuando las luminarias están ventiladas, las corrientes de convección que se forman expulsan el polvo a través de las aperturas practicadas en las carcasas de las luminarias, consiguiendo con ello, que el polvo se no acumule sobre las superficies de reflexión. Cuando la atmósfera circundante se encuentra excesivamente polucionada, puede ser recomendable instalar luminarias estancas al polvo que pueden estar dotadas de filtros que facilitan la respiración necesaria para el correcto funcionamiento de los equipos. Los equipos de las luminarias deben ser de fácil conservación. Siempre hay que tener en cuenta que el cálculo de una instalación de alumbrado depende de los planteamientos que se efectúen desde el Programa de Mantenimiento. Dicho Programa de Mantenimiento se debe verificar para poder mantener los niveles de iluminación predeterminados. En el Programa de Mantenimiento hay que tener muy en cuenta, el Periodo de Renovación de las lámparas y el Intervalo de Limpieza de las luminarias. PERIODO DE RENOVACIÓN DE LÁMPARAS. Las lámparas de larga vida, como son las lámparas fluorescentes o las lámparas de vapor de mercurio de alta presión, tienden a sufrir importantes mermas en la emisión de flujo luminoso, del orden del 75% de su valor inicial. Por ello siempre es conveniente establecer en la memoria del proyecto de alumbrado, un programa de sustituciones antes de que las lámparas agoten su vida. Por lo general las sustituciones de lámparas se hacen en grupos, una vez que estas llevan un determinando número de horas funcionando. El periodo de renovación de las lámparas debe ser algo menor que el tiempo de vida media de las mismas.
INTERVALO DE LIMPIEZA DE LUMINARIAS. Cuando se intenta establecer el interesado de tiempo propicio para limpiar las luminarias hay que tener en cuenta:
Lo más económico es hacer coincidir el Intervalo de Limpieza con el Periodo de Renovación de las lámparas. La ausencia de limpieza limita el funcionamiento eficaz de las luminarias. El flujo luminoso mengua cuando tiene que atravesar capas de polvo de cierto grosor y determinadas superficies reflectoras como las especulares, dichas superficies cuando están sucias se transforman en superficies con escasa capacidad difusora de la luz. Por lo que se viene señalando, en las labores de limpieza es aconsejable disponer de luminarias en las que sea posible retirar con rapidez las lámparas y los equipos reflectores. Es siempre conveniente definir de que modo se va a efectuar la limpieza:
También hay que tener en cuenta que la eficacia luminosa varía en función del factor de reflexión. Las superficies sucias de los recintos iluminados, deben ser limpiadas o pintadas (incluso una o dos veces al año), cuando se pretende recuperar las condiciones iniciales de iluminación establecidas en el proyecto, ya que el polvo acumulado en techos y paredes reduce la reflexión de la luz en estas superficies. Para determinar que influencia tiene en los cálculo de alumbrado esta merma en los valores de la reflexión hay que tener en cuenta las dimensiones de las habitaciones y la distribución fotométrica de las luminarias. Por ejemplo, en habitaciones pequeñas con iluminación indirecta la influencia de la acumulación de polvo en paredes y techo será mayor que si concurriesen otras circunstancias. SUMINISTRO DE ENERGÍA ELÉCTRICA. Para que las lámparas funcionen con eficacia el suministro de energía eléctrica se debe efectuar a las tensiones señaladas por el fabricante (tensión nominal) dentro de los límites prescritos para el sistema de alumbrado. Cuando se incrementa la potencia eléctrica en las instalaciones es muy conveniente verificar la capacidad que tiene el sistema para mantener las tensiones adecuadas. El flujo luminoso emitido por las lámparas varía en
función de la modificación de los valores de la tensión eléctrica de
suministro. Cuando la tensión desciende por debajo de ciertos límites, lámparas como las fluorescentes o las de vapor de mercurio de alta presión pueden dejar de emitir luz. Cuando se hace funcionar a las lámparas a tensiones más altas que su tensión nominal, se consume mayor potencia eléctrica, se mejora la eficacia luminosa ya que se eleva la emisión de luz, pero se acorta la vida de las lámparas. Cuando las lámparas funcionan con tensiones inferiores a su tensión nominal, se incrementa la vida útil de las misma, pero como se reduce el consumo de potencia, el flujo luminoso emitido es menor y la eficacia luminosa disminuye. Una reducción inferior al 5% por debajo del valor de la tensión nominal de una lámpara puede suponer la disminución de flujo luminoso del orden del 16% y un ahorro de potencia luminosa del 8% (watios). Por lo general el coste de las lámparas suele ser muy bajo si se compara dicho coste con el valor de la energía eléctrica que se precisa para hacer que funcionen, de este modo, el incremento de la vida útil de las lámparas al hacerlas funcionar a tensiones inferiores a la nominal no compensa económicamente el ahorro de energía eléctrica con perdida de calidad de la iluminación, por lo que se hace recomendable para obtener un alumbrado de calidad hacer que las lámparas funcionen a tensión nominal. Existen supuestos, incluso, en los que para obtener una iluminación de calidad, sería recomendable hacer que las lámparas funcionaran a tensiones superiores a la nominal. En estos supuestos, el coste de la energía, el de la instalación, etc., deben ser, evidentemente, tomados en cuenta así como el incremento en la emisión de flujo luminoso con el objeto de evaluar las ventajas e inconvenientes de adoptar decisiones semejante índole.
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Actualizado 01/12/06 |
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