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Inicio Colecciones  C176 La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario se desglosa en los apartados: LA CÚPULA DE LA ROCA.

LA QUBBAT MAUSOLEO O EL SANTUARIO FUNERARIO.

El carácter religioso que mantiene cualquier construcción del Islam nos llevaría a una larga cadena de dígitos al tratar de epigrafíar los distintos tipos de edificios agrupados bajo un único y gran punto denominado "arquitectura religiosa". Nosotros, por no caer en esa larga enumeración, sólo reseñamos este punto, aquí, casi fuera de contexto, sin ninguna intención de desdibujar dicho carácter, pues como veremos inmediatamente lo funerario es, para el islam, obviamente religioso.

Aunque la conquista musulmana del Irán Oriental fue muy rápida y claramente pacífica, asumiendo, el propio pueblo árabe, las formas administrativas y las tradiciones persas, el Islam encontró en el Irán una estructura étnica y cultural altamente compleja. Con un predominio de herencia zoroástrida, turcos, judíos, cristianos heterodoxos y budistas, convivían bajo un sedimentado proyecto persa, y aunque el Profeta no admitía la veneración de los Santos, desde muy pronto el mundo musulmán, al tratar de resaltar las tumbas de quienes se distinguieron en la defensa de la fe islámica, se cargó con un santoral excesivamente abundante.


Bajo una planta cuadrada u octogonal y definiendo un espacio centralizado que se coronaba por una cúpula "qubbat", se erigieron grandes y pequeños mausoleos por todo el territorio musulmán cuya única función fue la de albergar las tumbas de los miembros de la realeza, fundadores de las dinastías, mecenas y santones.

Se trataba de edificios construidos totalmente en ladrillo cuyo volumen respondía a un cubo de gran limpieza de trazado y que en su parte alta tomaban, con igual pureza y rotundidad, la cúpula ligeramente apuntada o mitral. Entre las primeras tumbas de esta tipología, que respondieron a los antiguos quioscos persas, encontramos el "marabuto" del jeque del Yemen del Norte, Ibn Abdullah, construido totalmente en piedra caliza y coronado con una cúpula de perfecto trazado esférico.

Al iniciarse el siglo X la construcción en Bujará, en el Norte del Irán Oriental, de la "tumba de Ismael", fundador de la dinastía de los samaníes puso de relieve la importante innovación en la técnica y calidad de la construcción en ladrillo, tomando a este material como material de forro, tanto en el interior como en el exterior del edificio. El ladrillo de uso habitual dotado de buena cochura pasaba a manifestarse desnudo, como fabrica vista de rica decoración, desprovista de  estuco y de revestimiento. En el Norte de Africa, durante el período almorávide se construyó en Marraquech la "Qubbat al-Ba'diyìn" respondiendo a esta tipología y cubriéndose con una bóveda de nervaduras cruzadas, de origen cordobés.

Con el período selyúcida, durante los siglos XII y XIII, la tumba encontró en las iglesias armenias el arquetipo de sus tholos. Construidos totalmente en piedra se alzaron sobre cortos basamentos, se adornaron con una sucesión de arcos ciegos sobre finísimas columnillas o a modo de falsas y delicadas pilastras y se coronaron con un chapitel cónico o piramidal. De este tipo es la "Tumba de Dòner Kúmbet" levantada hacia el año 1275, en Anatolia.

Durante el período mongol, siglo XIV,  estas construcciones evolucionaron hacia mayor monumentalidad, estableciendo un cuerpo intermedio, escalonando sus esquinas y generando octógonos que, partiendo del mismo  cuadrado, ascendían piramidalmente hasta alcanzar el octógono regular del cual arrancaba la cúpula. Esta tipología se desarrolló ampliamente en Egipto durante el período mameluco, de forma que en esta ocasión se agruparon en El Cairo diversas tumbas califales llegando a constituir conjuntos funerarios, que pueden acompañarse de mezquitas y otras construcciones. En todos los casos, estos edificios siguieron respondiendo a plantas muy compactas y simétricas. Entre Teherán y Tabriz se levantó el más interesante, desde el punto de vista de su construcción, de estos mausoleos, la "Tumba del sultán Oljaìtu". Dicho sultán había fundado la ciudad de Sultaniyya, de la que hoy no queda más que las ruinas de su espléndido mausoleo, el cual alcanzó en sus fachadas la altura de cinco plantas y fue realizado totalmente en ladrillo. Su sala octogonal central es de 24,5 m. de amplitud y está cubierta por una gran bóveda apuntada, que se eleva sobre un corto tambor. Disponía de cuatro altas torres y ocho pináculos en correspondencia con cada una de las esquinas del octógono superior. Este armonioso edificio era tremendamente vistoso pues se revestía, incluyendo su bóveda, por medio de azulejos esmaltados de brillante color turquesa.

Sin duda, el más fabuloso de todos los monumentos funerarios del mundo musulmán es el tardío "Taj Mahall", levantado por el emperador mongol Sah Yihàn en pleno siglo XVII en Agra, cerca de Delhi, para enterramiento de su favorita Mumtaz Mahall y que constituye un compendio de la fusión de las tradiciones constructivas iraní e hindú, tomando de la primera sus iwanes de arcos mixtilíneos apuntados, enmarcados en álfices de albanegas decoradas y, recibiendo de la segunda, las bóvedas bulbosas con viseras en el arranque. Toda la construcción se realizó en mármol blanco con incrustaciones de nácar y piedras semipreciosas, en contradicción con la piedra roja que lucieron todos los edificios locales. El monumento se alza sobre una amplia plataforma en cuyas esquinas se localizan cuatro delicados alminares. Tras cruzar los jardines que se extienden ante sus fachadas, dos pabellones construidos en la piedra roja local, contribuyen a remarcar su blanca belleza.

La versatilidad funcional de la arquitectura islámica ha hecho que el más importante santuario construido en el comienzo del Islam, en Jerusalén por el califa omeya Abd al-Malik, conocido como La Cúpula de la Roca, dotado de mihrab, fuese llamado Mezquita de Omar.

1.- LA CÚPULA DE LA ROCA

Son muchos los trabajos que se han realizado encaminados a estudiar el arquetipo de la planta de La Cúpula de la Roca y a demostrar que la construcción es absolutamente bizantina. Así se tiene que el trazado de su planta responde al modelo de las iglesias de planta central que, a partir del siglo IV, se repitieron tantas veces por toda la geografía bizantina y, particularmente, por el área del Mediterráneo oriental.

Alexandre Papadópulo, en su obra titulada "El Islam y el Arte Musulmán", dice así:

"..., Michel Ecochard, arquitecto de obras públicas de Siria, mediante planos dibujados con la minuciosidad de arquitecto y no de arqueólogo, demostró que las plantas  de: El Santo Sepulcro, la de la iglesia de la Ascensión, la de San Simeón de Qal'at Siman y San Vital de Rávena entre otras, son idénticas en proporciones y dimensiones a la de La Cúpula de la Roca y que en todas ellas están implícitamente presente los dos cuadrados girados 45 grados e inscritos en un circulo próximo a los 26,87 m. de radio.".

Nosotros que estamos de acuerdo con el contenido de esta cita y hemos verificado la afirmación que acabamos de exponer, no vamos a dedicarle mayor tiempo a buscar el arquetipo de esta construcción, aunque es obvio que es aquí donde la geometría generada por dos cuadrados girados 45 grados y circunscritos por el círculo, se muestra más explícitamente. Por otro lado el análisis de la planta, por sí sólo, resta interés al edificio, donde la relación áurea no sólo está presente en la planta sino que puede encontrase en casi todas las dimensiones que componen su volumetría. De esta forma, la relación entre los lados del rectángulo, definido por las verticales de los ejes de dos columnas opuestas, de las que sustentan al tambor, que distan 21,10 m. y los que definen, la rasante del suelo de este espacio y la que paralelo a ella, puede trazarse interiormente, por el punto más alto de la cúpula y que se sitúa a 34,20 m. de altura respecto a dicha rasante, están en la relación áurea; es decir 34,20/21,10; igual al número "_"=1,618. Del mismo modo, el diámetro de la cúpula exterior, ojival y bulbosa, y el punto más alto de ella respecto a su circulo máximo está en la relación 8/3=1,6; que es sensiblemente igual a la citada relación.

La Cúpula de la Roca, responde a un esquema centrípeto, como la propia Kaaba. La disposición de su doble deambulatorio hace que, como en aquél lugar, el peregrino marche girando en torno a la piedra sagrada. El edificio se emplaza en el lado Este de la Ciudad Santa, en una gran explanada artificial realizada, o al menos ensanchada, durante la etapa romana de Herodes. Este lugar era considerado como lugar sagrado por judíos y cristianos mucho tiempo antes de la conquista de Jerusalén, por los árabes. Cuando el califa ortodoxo Omar, más que tomar la ciudad, entró en ella el año 637 para firmar su capitulación, fue recibido, con buenos ojos, por las dos comunidades religiosa que acabamos de citar con la esperanza de que actuase como arbitro en las controversias que les separaban.

Omar visitó El Haram o la explanada santa que culminaba el Monte Moriah, que, como hemos dicho, se tenía de antiguo como lugar santo, ya que la roca que afloraba en ella, y que se venera en el espacio central del edificio que estamos estudiando, estaba cargada de episodios bíblicos. Se decía que era el sitio del sacrificio de Abraham y el lugar en el que Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley. También se creía que, ella, sirvió de piedra angular, pieza clave de la cimentación, del famoso templo de Salomón. Para el musulmán es, desde entonces, además, el lugar desde el que Mahoma ascendió a los cielos.

Omar, que al parecer no le prestó demasiado atención al lugar, quizás porque entendía que no debía embarcarse en una edificación capaz de rivalizar con el mítico templo de Salomón, al menos debió expresarse en el deseo de levantar allí la primera mezquita de la valiosa Jerusalén. Por ello, o simplemente por haber conquistado para el Islam la Ciudad Santa, lo cual constituía un hecho de gran significación, este edificio debió ser conocido, más tarde, como Mezquita de Omar.

En realidad nunca debió ser concebido para este uso pues además de tener que esperar medio siglo para que, durante el período Omeya, el califa Abd al-Malik entendiera a El Haram como un gran centro musulmán de oración y levantara, en aquel lugar, además de este Santuario, la verdadera mezquita de la explanada, la Mezquita Aqsa, construida simultáneamente sobre una iglesia cristiana de planta basilical. Fue el año 688 cuando el citado califa emprendió la construcción de este edificio que debió finalizarse tres años más tarde.

Para justificar el motivo de la construcción de La Cúpula de la Roca, se ha dicho que, habiendo quedado la Meca en poder de Ibn al-Zubair el cual creaba grandes dificultades a los peregrinos que llegaban a la Kaaba para cumplir con el mandato coránico, el califa omeya Abd al-Malik tratando de resolver el problema de los que debían cumplir con la exigencia coránica, decidió levantar un santuario a la ascensión del Profeta, y dirigir a él dicha peregrinación. Al-Zubair mantenía una fuerte oposición con el califa de Damasco y, por ello, fue calificado de "anti-califa".

Abd al-Malik debió ver el Santuario de la Roca de Jerusalén sólo como una solución provisional al problema citado, hasta resolver las diferencias con el gobernador de la Meca, pues, como comenta Oleg Grabar, pretender desplazar La Meca como centro espiritual del Islam, le habría hecho demasiado impopular. Quizás al-Malik sólo pretendió construir un edificio cuya categoría arquitectónica manifestara el poder del Islam ante musulmanes, judíos y cristianos y que, para ello, el único motivo de la construcción fuera la de levantar una gran martirya en honor de Mahoma, que estuviera a la altura de los edificios cristianos construidos en Jerusalén.

Como ya hemos señalado, en la Cúpula de la Roca nos encontramos ante un diseño presidido por la geometría del cuadrado. Un cuadrado de 38 m. de lado, que sometido a un giro de 45 grados nos viene a localizar, en las intersecciones de los mismos, la posición de todos los elementos estructurales y compositivos del edificio. Esta figura, que no es otra que la del polígono estrellado de ocho puntas, estará presente, como estamos viendo, no sólo en todos los elementos de la construcción y de la decoración islámica, sino en todo el arte musulmán. Así, en base a esta figura se construyeron la mayor parte de las bóvedas de nervaduras tabicadas y buena parte de las composiciones de azulejos, mocárabes, lacerias de madera y decoraciones de ladrillos.

Se puede decir que es la primera estructura construida para el Islam y en ella queda patente la intervención de los constructores bizantinos y la mano de obra siria. La sillería siria en la forma que la hemos descrito para la Mezquita de Córdoba, constituyó la base de los muros y soportes de La Cúpula de la Roca. Se trata de un edificio octogonal, con doble deambulatorio de arquería, de forma que la parte central se constituye por un espacio circular de mayor altura, que emerge claramente por encima del cuerpo bajo, presentando un amplio anillo a modo de gran friso desde el interior y como cimborrio, al exterior. Este dominio de giros y traslaciones vino a determinar la composición de todos los edificios del Islam, los cuales quedarán presididos por un cierto valor cósmico en su trazado y en su aire.

La posición de los vértices de los dos cuadrados sobre el circulo de 26,87 m. de radio, determinan los vértices del octógono que definen el muro exterior del edificio. Este se muestra ciego, aunque se trata, al exterior, con arcuaciones o nichos planos de poco resalte. Una puerta se abre en el punto medio de cada uno de las fachadas, de manera que las puertas principales coinciden con los puntos cardinales.

Las intercepciones de los lados de dichos cuadrados se encuentran sobre el círculo de radio igual a 20,56 metros y nos definen los vértices del octógono que separa el doble deambulatorio. Esta estructura intermedia se resuelve con amplios soportes en "uve", localizados en las esquinas del octógono, emplazando pares de columnas entre ellos mediante arcos de medio punto. Entre los capiteles teodosianos de estos apoyos y el nacimiento de los arcos se establece un potente entablamento, de trazado helenístico y corte romano, continuo que a modo de gran friso de arriostramiento recorre todo el octógono.

Pasando paralelas a los lados de uno de los dos cuadrados, por los puntos de intersección que acabamos de describir obtenemos una cruz griega cuyo cuadrado central se inscribe en un círculo de 11,13 m. de radio, el cual dibuja el citado espacio central circular en el cual se encuentra la Roca de Abraham, de Mahoma o la piedra angular del templo de Salomón. Este espacio central queda definido por una arquería circular, la cual se conforma por una sucesión cerrada de arcos de medio punto, dotados de tirantes de madera, y un conjunto de apoyos formado por cuatro grandes soportes que dividen su distancia mediante tres columnas entre ellos. Por encima de esta arquería, la estructura se transforma en elemento mural de ladrillo, para constituir el gran friso y conformar el cimborrio circular que soporta la qubbat, o cúpula, que da nombre al monumento.

Esta arquería, para acentuar más el marcado carácter bizantino de la construcción, decoró sus arcos mediante dovelas pintadas alternadamente en colores blanco y rojo. El cimborrio, tras componer un alto friso, ciego y de lujosa decoración, se perfora mediante grandes ventanales para iluminar el espacio central. Estos huecos se resuelven mediante arcos de medio punto. Sobre este anillo, como acabamos de señalar, se alza la reluciente cúpula hemisférica, que es ligeramente apuntada y, desde el exterior, suavemente bulbosa.

La cúpula se conforma mediante doble entramado de madera, construido según la técnica carpinteril de la navegación, de forma que resuelve una cúpula de doble cuaderna, sensiblemente paralelas pero de distinta curvatura y trabadas sólo en la clave. Ambas quedaron rigidizadas por una tablazón continua por sus caras vistas y sobre las que se recibe un fuerte revestimiento de estuco de yeso. El interior de la cúpula quedó ricamente decorada con atauriques pintados en colores azules y verdes, en tanto que exteriormente se azulejeó con cerámica dorada. Ahora, la superficie exterior de la bóveda se reviste con aluminio dorado. La altura de la cúpula es de 15 m. sobre la potente cornisa que corona el tambor, la cual se eleva 20.20 m. sobre el pavimento exterior del edificio. Fuera del tambor la cubierta se resuelve mediante faldones a una sola vertiente que se quiebran en la división entre ambos deambulatorios. El soporte de esta cubierta inclinada se resuelve por armazones de madera, colocados radialmente, propios de la construcción de las naves laterales de las iglesias cristianas.

Este edificio parece haber querido constituirse en un símbolo del poder del Islam en la ciudad santa, de Judíos y cristianos. Es la primera vez que se utiliza la decoración cúfica, a pesar de que esta aparece con una perfección y madurez en la composición, que hace deba reconocerse que los maestros trazadores árabes, aunque conocedores de la geometría por los textos griegos traducidos al árabe, disponían de unas cualidades innatas para la geometría. Recorriendo los frentes de los arcos del monumento se labraron más de 240 m. de inscripción cúfica en las que puede leerse como Jesús, hijo de María, y a Abraham son tenidos como profetas u hombres santos.

Salvo la parte baja del muro exterior, que quedó forrado por gruesas placas de mármol hasta la altura de las ventanas, todo el edificio quedó revestido por medio de mosaicos de pequeños cubos de pasta de vidrio de claro carácter bizantino, realizados por operarios sirios. Estos mostraban árboles, flores y símbolos del jardín del paraíso, así como coronas y joyas que, por tradición, simbolizaban el poder y la grandeza. La decoración es de gran luminosidad, abundando las teselas doradas muy similares a los que cubrieron la Gran Mezquita de Damasco.

En pleno siglo XI, el edificio tuvo una reconstrucción que se tiene como muy respetuosa, y el año 1554 los otomanos sustituyeron los mosaicos bizantinos que recubrían la parte alta de la fachada, a partir del zócalo marmóreo que hemos señalado, por los azulejos turcos que hoy luce el monumento.

Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|