INICIO de editorial.dca.ulpgc.es

Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria   |   Redacción

 Web Institucional www.ulpgc.es  ETS Arquitectura www.cda.ulpgc.es

Colecciones

Mapa web

  Boletín dCA

Descarga / FTP


Inicio Colecciones  C172 Características de la arquitectura Islámica.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de Características de la arquitectura Islámica se desglosa en los apartados: LA DECORACIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA COMO ELEMENTO DETERMINANTE DE LA MISMA.

CARACTERÍSTICAS DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA.

A la arquitectura islámica se le ha calificado, con razón, como de "arquitectura disimulada u oculta" entendiendo por ello la falta de identidad que existe entre el contenido o interior del edificio y la expresión exterior del mismo. Así, G. Michell en relación con este aspecto se expresa de la forma siguiente:

"..un edificio islámico es un volumen edificatorio que no contiene exteriormente ningún valor arquitectónico y que no refleja desde el exterior, la arquitectura que se descubre al pasar a su interior."

De esta forma encontramos en este autor un reconocimiento de la Arquitectura Musulmana,  al menos de su espacio interior, y la falta de voluntad de mostrarse al exterior, con lo que estamos de acuerdo. Para comprender esto, no hay más que mirar a las caras decepcionadas de los turistas que, junto al muro de la Mezquita de Córdoba, abandonan el autobús dispuestos a visitarla, y seguirlos, para volver a observar sus rostros embelesados bajo la "qubbat" de la "macsura" o cúpula que se adelanta al mihrab del Monumento.


La Alhambra de GranadaLas postales de la Alhambra, en las que se reflejan sus muros de ladrillos rojos, observados desde la otra margen de la Carrera del Darro, sólo emocionan a los que ya han visitado alguna vez, el interior del lujoso palacio del nazarí Yusuf. Igualmente, por bien documentado que llegue el visitante que por vez primera se adentra en la Alhambra, este no dejará de sorprenderse, lo cual no puede extrañarnos a nosotros que sabemos que sólo desde dentro se  descubre, cada día, la belleza de este gran museo de azulejos y mocárabes.

Este descubrir un mundo mágico detrás de un muro, a primera vista, un tanto sórdido, es lo que ha motivado el calificativo con que hemos iniciado este punto.

Por otro lado, se trataba de una "arquitectura ligada al suelo" en el más amplio sentido de la palabra. Los árabes estaban acostumbrados a estudiar minuciosamente el emplazamiento antes de instalar sus tiendas. Olían y oteaban el lugar detectando los vientos dominantes, con sombras de ventiscas, las vistas despejadas y, siempre que fuese posible, la proximidad de un río o un manantial. Toda la construcción musulmana es una "arquitectura cercana al medio", no solo en el emplazamiento y en la climatología sino en sus materiales. Quizás lo mas valioso de la construcción musulmana sea, como ya señalamos en el punto primero, el uso sensible de los materiales y la comprensión perfecta de sus posibilidades para la construcción y la decoración. Materiales muy deleznables fueron utilizados con acierto en la adaptación de sus elementos constructivos e incluso en la aceptación de los sistemas constructivos, los cuales fueron siempre sumisos con el entorno y receptivos con la tradición edificatoria.

En Siria, usaron la piedra, en Mesopotamia el ladrillo. En Irán aceptaron la casa de los cuatro iwanes para su edificio más propio, la mezquita; y en España, donde el arco de herradura visigodo presidía el entorno arquitectónico, contribuyeron ampliamente a su desarrollo, a la búsqueda de nuevas formas expresivas y, construyeron con él su primer gran edificio, la Mezquita de Córdoba. No obstante la forma de entrecruzar y conjugar estos arcos, las dimensiones entre soportes y las proporciones de sus luces e incluso sus sistemas constructivos mantienen ese aire unificador que hemos reseñado de la arquitectura musulmana. La mezquita cordobesa ha sido descrita, poéticamente, como:

".....un bosque de palmeras, generador de un ambiente natural arquitecturado, en el que siempre se deja ver el barro, la piedra, la madera y la obra artesanal.

Aún cuando veamos mezquitas enormes, palacios importantes y portadas de caravansares de grandes dimensiones, la construcción musulmana nunca superará ni perderá la dimensión ni la escala humana. La monumentalidad o grandiosidad le vendrá dada por la riqueza decorativa. Así, aunque se pueda apreciar, al acercarse a las ciudades árabes, un cierto perfil torreado generado por los alminares o por alguna torre que pretende ver más allá de la muralla, no se le puede negar, a la construcción musulmana, la vocación de ligarse al suelo, y será precisamente ese perfil torreado el que reafirmará su horizontalidad, pues sólo una arquitectura baja y de dichas características, potencia la presencias de hitos funcionales, de relativa altura. De todas forma, el alminar es un elemento extraño a las primeras mezquitas y, a imagen de los faros romanos, fue incorporado a ella fuera de Arabia, como veremos más tarde al estudiar el alminar como elemento de la mezquita.

Entre los calificativos con que se ha tratado de definir a la arquitectura musulmana nos encontramos, y nosotros lo entendemos como el más adecuado, el de una "arquitectura cuántica" entendiendo como tal a la secuencia o sucesión de espacios perfectamente medidos y controlados, cuyos ejes cambian de dirección al sobrepasar el dominio funcional. El ejemplo más claro para entender este concepto, lo encontramos estudiando el recorrido que habremos de seguir cuando visitemos los palacios de nuestra Alhambra granadina. Un conjunto islámico puede seguir creciendo como lo hace un arrecife de coral y es muy difícil que podamos detectar o precisar, por su planta, cual es la construcción inicial y donde empezaron sus añadidos posteriores.Tienda de carácter estable, de esteras de cañas, en el desierto de arabia.

También podemos admitir y señalar la "ausencia de vínculos entre la función y la forma" como una de las características de la arquitectura musulmana.

Desde el momento en que para constituirse una mezquita, no se requiere más que una alfombra o estera para definir el espacio de oración ajeno al exterior, y orientarse hacia La Meca, es obvio que el árabe puede acomodar cualquier función a cualquier espacio previamente determinado. El árabe puede descansar y tener los mejores sueños, durmiendo en un caravansar junto a su camello, de la misma manera que lo haría en la cama con dosel de un suntuoso palacio. Así, no hay ninguna forma ni elemento constructivo que esté comprometido con ninguna función determinada. Ni siquiera la cúpula, que en muchos períodos históricos ha tenido connotaciones de elemento místico, puede garantizarnos que debajo de ella se encuentra el mihrab de una mezquita, el salón de recepción de un palacio, o la sala de entrada a una vivienda modesta. 

Como veremos más tarde, las primitivas mezquitas y las mezquitas omeyas fueron hipóstilas según el modelo de la Casa del Profeta. Las abasies fueron de planta cruciforme con patio central según el modelo iránio de la "casa de los cuatro iwanes" y más tarde se desarrolló la mezquita de espacio centralizado, a imagen de Santa Sofía, del período otomano, pero unas y otras soportaron el mismo uso y convivieron, y conviven, por todo el territorio del Islam. Obviamente, es la riqueza espacial de los locales de un edificio, la que hace que él pueda ser usado para diversas funciones. Pero también es normal que en la sociedad europea encontremos edificios que, por la bondad de sus espacios, hayan sido utilizados como cuartel, museo o Universidad.

Por ello no ha de esperarse de la arquitectura musulmana una identidad total en el binomio forma y función, y no ha de exigírsele una respuesta formal única a una función concreta. No obstante, veremos que la sumisión a los mandatos o exigencias del Corán y las similares condiciones ambientales, determinaron invariantes notables, a la vez que introdujeron constantes modificadoras sobre las técnicas constructivas locales, de manera que, no sin esfuerzo, lograron establecer elementos similares, en las distintas regiones, encontrando la concordancia que, intelectualmente, hemos supuesto a los edificios agrupados bajo el término de "islámicos".

Por último aclaremos la ambigüedad que a lo largo de lo expuesto hasta aquí, algunos lectores habrán denunciado y que nosotros señalamos en el punto primero. Esto es, la dificultad de establecer las posibles diferencias entre arquitectura islámica y arquitectura musulmana. Podemos definir, a los efectos de este trabajo, "arquitectura musulmana" como un concepto amplio y la entenderemos como aquella que ha sido construida para los musulmanes, en tanto que utilizaremos el termino de "arquitectura islámica" para definir a aquellos edificios que fueron construidos para atender a los requerimientos del Islam, como función religiosa.

Otro problema será definir que tipo de edificio musulmán queda claramente desvinculado de la función religiosa. Así, son claramente religiosos: la mezquita, la madrasa o colegio, el santuario, el convento y los edificios funerarios. Extraeremos de dicha condición, sólo para nuestro trabajo, los edificios de aposento, a pesar de mantenerle su función humanitaria y de que, en muchas ocasiones, incluyeron un lugar para la oración. Igualmente haremos con los palacios a pesar de que frecuentemente disponían, en su conjunto, de alguna mezquita.

Finalmente, digamos que los jardines son claramente religiosos para el musulmán pero nosotros no entraremos en ellos. No obstante el fenómeno del Islam no debe entenderse como el aspecto religioso de una sociedad, ni como el tipo de religión adoptada por ella, sino que debe ser entendido como la razón de ser, que hizo posible que un gran número de comunidades, con claras diferencias étnicas, se identificaran y se sintieran unidos por dicho fenómeno religioso. Con todo, y aunque es posible que nada haya quedado suficientemente claro, esperamos que podamos seguir utilizando un termino u otro y que nos sigamos entendiendo, sin tener que llegar a mayores, ni apelar a razones étnicas o de otra índole.Arcos entrecruzados de la Mezquita de Córdoba.

1.- LA DECORACIÓN DE LA ARQUITECTURA ISLÁMICA COMO ELEMENTO DETERMINANTE DE LA MISMA.

La decoración de la arquitectura islámica está maltratada en la bibliografía occidental moderna. Esto puede comprenderse fácilmente si consideramos que la orfebrería y otras artes mobiliarias minuciosas son, en general, poco entendidas y estimadas por nuestra sociedad. Podemos encontrar, en relación con la decoración de esta arquitectura, frases como la siguiente:

"... una vieja, ruinosa y abandonada letrina puede convertirse en una lujosa estancia, en manos de un artesano musulmán".

Esta reflexión, en un contexto en el que se quiera remarcar la maestría o habilidad a la que llegaron estos operarios, puede ser un alago de de esa realidad, pero apoyando una descripción en la que se quiera decir que detrás de aquellos yesos de mocárabes o atauriques, no hay nada más, puede ser demoledora. Lo cierto es que no ha de buscarse que es lo que hay detrás de esa rica yesería. El valor de ella hay que encontrarlo delante de su rica plasticidad, pues ese envoltorio, de estructuras y sistemas constructivos, no es sólo decoración sino que, en el caso de la construcción musulmana, constituye el elemento que conforma el espacio, establece su continuidad y genera su arquitectura.Azulejo compuesto "in situ" a partir de piezas recortadas mediante escofina.

Más frecuente es encontrar textos en los que se afirma que, como justificación de la lujosa decoración de La Cúpula de la Roca o de la Alhambra granadina, los árabes, necesitados de manifestar el poder del Islam y conociendo la pobreza de su tradición constructiva, recurrieron a una decoración exuberante mediante la utilización del yeso y de la madera.

No entraremos en mayores discusiones sobre el tema y respetamos estas opiniones, ya que en todas ellas algo puede haber de verdad, pero señalemos que hoy se admite que los mocárabes tienen su origen en la técnica decorativa del ladrillo visto y que los primeros mocárabes aparecen en el alminar de la Mezquita Kalyan en Bujara, datada como del año 1127; es decir, cuando ya el Islam había perdido su unidad y estaba muy atomizado. No obstante, respecto a la fecha de datación de este elemento decorativo, nosotros la fijamos en un siglo antes, hacia el comienzo del siglo XI, pues en la Tumba del Imán Durvazdah, que fue levantada en dicha etapa en Irán, ya lo encontramos perfectamente definido. También es posible que aunque inspirados en la minuciosa obra decorativa de ladrillo los primeros mocárabes se realizaran en piedra. En cualquier caso, entendemos que en este tema, del sentido y papel de la decoración en la  arquitectura musulmana, hay razones más profundas que las que hasta aquí hemos expuesto. Por ello volveremos a ella más adelante, al tratar los temas de los materiales y los artesanos.Decoración de mocárabes en piedra.

El pueblo árabe aunque enraizado con el desierto, era fundamentalmente un pueblo educado para el comercio y aunque sin duda traficaba con la obra de arte, la apreciaba considerablemente. Así, entendemos que es posible que la magnífica decoración de "La Cúpula de la Roca", realizada por artesanos griegos persas formados en los talleres bizantinos, es consecuencia del reto de Abd al-Malik y de Al-Walid, por superar la belleza de las iglesias cristianas que encontraron en Jerusalén y, probablemente, trataron de proporcionar a los seguidores del Islam una obra de igual o superior dignidad a la que disponían judíos y cristianos. No obstante, como veremos más adelante, la maestría a que se llegó en la decoración de la arquitectura islámica, es consecuencia de la evolución lógica de la especialización, de la gran división del trabajo en un sinfín de oficios o artesanos, y de la necesidad del especialista en ser reconocido por sus propios compañeros de oficio.

Sólo pretendemos, en estos renglones de introducción general a la decoración de la arquitectura islámica, definir algunos conceptos o aspectos básicos de ella, ya que en cada monumento, o al introducirnos en los distintos períodos históricos, volveremos a tratarla. Por ello, señalemos aquí que la decoración de los edificios constituye, para la arquitectura islámica, un envoltorio consustancial al espacio, una piel cuya forma y textura era tenida presente desde la primera idealización o creación del proyecto. No obstante, ha de admitirse que a diferencia de la decoración de los edificios cristianos, donde cada símbolo estaba cargado de mensaje y contenido, aquí, en la decoración islámica, por rica que ella se muestre, no hay más mensaje que la búsqueda de la belleza. Ausente de sentido iconoclástico, ni siquiera en las citas e inscripciones de la decoración caligráfica ha de buscarse un mensaje transcendental o dogmático.Atauriques pintados sobre una bóveda iraní de ladrillo, propia del período abasí.

Sus elementos decorativos, motivos vegetales, "atauriques", basados en formas bizantinas y sasánidas, así como los geométricos, aprendidos de los textos griegos, y los caligráficos, más propios de la creación musulmana, están siempre superados por la perfección de la técnica y por el oficio del trazador. Estos motivos junto con los "mocárabes", piñas de mensulillas en saledizos o descuelgues estalastíticos, fueron realizados mediante el tallado y cincelado del yeso y de la madera, labrados en piedra y en ladrillos; forrados de finísimos mosaicos de pasta dorada de vidrio, componiendo ambientes fantásticos; o simplemente pintados en magníficos azulejos vidriados, en ladrillo o sobre los estucos de cal. Colocados en los monumentos, modelaban la calidad del espacio proporcionando un reposo y seguridad al morador y al visitante, que les invitaba a reconocer la grandeza de Alá, que era, quien les permitía contemplar tanta belleza.

Aunque en algunas mezquitas señalaremos la presencia de esculturas o relieves de animales y de seres humanos, es notorio la casi total ausencia de estas figuras en la decoración islámica. Esto se ha justificado, en ocasiones, como una clara lucha, en sacar al pueblo árabe del fetichismo y politeismo en el que había caído y evitar el culto a animales y a otros personajes, que les distrajera de la adoración al Dios único, Alá.

Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|