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Inicio Colecciones  C1712 El entorno Social y Gremial de la Construcción Islámica.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C17 Rama Arquitectura Islámica
C171 Rama El islam
C172 Rama Características de la arquitectura islámica
C173 Rama El hábitat del pueblo musulmán
C174 Rama La construcción doméstica. La casa árabe.
C175 Rama La arquitectura religiosa
C176 Rama La Qubbat Mausoleo o el Santuario Funerario
C177 Rama La Mezquita Iraní o Madrasa y La Mezquita Otomana de espacio centralizado
C178 Rama El palacio
C179 Rama Caravansares y Jans.
C1710 Rama Estudio de algunos elementos constructivos
C1711 Rama Aspectos singulares de la decoración
C1712 Rama El entorno social y gremial

 

El capítulo de El entorno Social y Gremial de la Construcción Islámica se desglosa en el apartado: EL ENTORNO SOCIAL Y GREMIAL DE LA CONSTRUCCIÓN ISLÁMICA

EL ENTORNO SOCIAL Y GREMIAL DE LA CONSTRUCCIÓN ISLÁMICA.

En un territorio tan amplio, desde la India hasta al-Andalus, junto a un período de tiempo tan dilatadoEl islamismo que tiene su nacimiento con las revelaciones de Mahoma, en los inicios del siglo VII y que si se quiere puede cerrar un capítulo ortodoxo hacia el final del siglo XV, puede llevarse hasta el siglo XIX, en materia de arquitectura musulmana, también puede, con los mismos motivos y problemas que siempre les hermanaron y separaron, considerarse vivo hasta nuestros días., en el que se dieron múltiples períodos o dinastías, que amparándoses en la defensa del Corán propiciaron las lógicas renovaciones socio-políticas, es casi imposible establecer aspectos o características generales. No obstante, trataremos de extraer algunas connotaciones de carácter globalizante, que aunque han podido deducirse de los distintos puntos que hasta aquí hemos estudiado, considerados bajo una perspectiva social, puede ayudarnos a comprender mejor el entorno en el que los profesionales y artesanos de la construcción desarrollaron su actividad edificatoria.     

 


Al menos en los primeros tiempos del Islam, ejercer un oficio no era propio de la gente de alcurnia. Mucho más difícil debió resultar alcanzar la mínima consideración para aquellos que pretendían tener la construcción como oficio, en una sociedad en la que, el Profeta, calificaba a la acción de edificar como la ambición que arruinaba a la familia.

La península de la vieja Arabia se dividía en dos regiones bien diferenciadas, el interior, de temperaturas extremas y de muy escasa humedad, ocupada por un desierto de arena y mesetas pedregosas y la franja litoral o parte baja del Mar Rojo, en la que el Yemen podía considerarse como un gran y oasis, no sólo en el sentido estricto de lo geográfico sino también en materia de construcción. La construcción en altura de San`a y Sibam, desarrollada en ladrillo o en tongadas de barro crudo, teniéndola como protoislámica, manifestó las características propias de una construcción de vanguardiaLa amplia franja costera oriental qeu avanza hasta más allá de Dubbay y Oman desarrolló una construcción en madera, más acorde con su tiempo, clima y localización geográfica..

Cuando el Islam inicia su expansión, la ausencia de tradición constructiva era, como ya hemos expuesto reiteradamente, total y probablemente sin otra prevención de afincamiento que la localización de un lugar donde establecer un campamento. La aljama, el mercado y los baños, se manifestaron como los primeros requerimientos que debían acompañar al campamento, y crearon la necesidad de reutilización de edificios, en las tierras conquistadas. Probablemente, la ausencia de tradición constructiva les mostró más abiertos y receptivos a las técnicas locales. Pero lo que más nos debe sorprender fue su capacidad, nada mediterránea, para dividir la tarea, generando un sinfín de oficios, y su actitud para desarrollar el trabajo en equipo.     

En SiriaEn Siria, las colinas de magnifica caliza había proporcionado, a sus ocupantes preislámicos, el material adecuado para la construcción pétrea, de forma que sus edificios presentaban una sillería de tal perfección, que sus piedras quedaban asentadas casi sin necesidad de mortero. La misma piedra que había proporcionado una valiosa tradición de canteros, les facilitaba la cal y el yeso para sus magníficas pastas y morteros., que hasta el siglo IV permaneció como provincia romana, la construcción en piedra se había desarrollado hasta los niveles de calidad propios del magisterio de Roma. Como provincia bizantina, durante el reinado de Justiniano, la construcción pétrea y la cúpula esférica era práctica habitual. Tomada por los sasánidas, el siglo VII, se desarrolló la construcción abovedada, de ladrillo.

En Israel y Palestina la construcción cristiana había dejado espléndidos edificios que denunciaban la grandeza del cristianismo. De esta forma, los árabes se encontraron, desde sus primeras conquistas, con unos artesanos con alta tradición constructiva y un propicio entorno construtivo. Esto fue entendido por los califas de la dinastía omeya que, frente a las recomendaciones coránicas de no construir, comprendieron que para mostrar su poder comercial y militar, ante los pueblos vecinos, y lograr la reafirmación religiosa ante su propio pueblo, podían y debían, afrontar proyectos más ambiciosos. Al menos estos debieron ser los principios con los que los primeros califas omeyas levantaron La Cúpula de la Roca y la Gran Mezquita de Damasco, arquetipos de monumentalidad de la construcción islámica.  

Las iniciativas omeyas fueron magníficamente acogidas por los artesanos, albañiles y constructores locales. El fomento de la actividad constructiva auspiciada por los omeyas, atrajo a artesanos de Irán, Egipto, Grecia y Bizancio. Ahora se extraía del Corán que el Profeta había tenido siempre palabras de alabanza para aquellos que cumplían su trabajo con dignidad y se podía leer en él:

"Dios ama al comerciante honrado, al artesano activo y leal porque Él es sabio."

Si bien los primeros edificios fueron de clara influencia bizantina, realizados por maestros sirios y griegos, que habían tenido su formación bajo aquella tradición, con el período abbasí los motivos persas pasaron a formar parte de la construcción musulmana, y aunque la capital se estableció en Bagdad, el foco de mayor actividad constructiva se centró en Samarra. En esta ciudad nació una enorme industria de la cerámica y del vidrio y, desde este momento, se puede admitir que la construcción árabe inicia una investigación de gran inventiva, admitiéndose, al menos, de forma generalizada, que:

 "..la cualidad principal de la construcción islámica fue siempre el arte de combinar elementos, extrayendo de ellos todas las posibilidades plásticas, para, en base a la repetición de los mismos, establecer u organizar un mundo mágico".

Desde Samarra y sus alrededores se exportaban azulejos vidriados a todo el mundo. Las técnicas del esmaltado y el vidriado de la arcilla cocida alcanzó un magnífico desarrollo. La fabricación del vidrio adquirió un desarrollo sin igual en Egipto en la etapa fatimí. De todas forma el mejor momento de la construcción musulmana se logra hacia la mitad del siglo XII, con los selyùcidas.

Durante los períodos fatimí y ayyubí los artesanos estaban sumamente especializados, de manera que se contabilizaban más de 250 ocupaciones en torno a la construcción de edificios. El grado de especialización era enorme, lo cual permitía llegar a un nivel de cualificación altísima y a la calidad de acabado de la obra final que podemos ver en cualquier detalle u obra artística islámica. En base a dicha atomización o fragmentación, se lograba una gran calidad sin necesidad de grandes conocimientos técnicos.

En el trabajo de carpintería participaba el aserrador que facilitaba la madera en bruto, el desbastador, el maestro carpintero, que en contacto con el trazador, hacían la mayor parte del trabajo, los carpinteros, los torneros que fabricaban las celosías, el tallista, el incrustador de marfiles, piedras y maderas preciosas y el estucador; sin contar con los ebanistas. El torno, el taladro y la talla de la madera se dominaba a la perfección. La cerradura era la pieza fundamental de la custodia de la mujer y, en estos trabajos, al menos seis oficios participaban en el arte del cerrajero.

Para desempeñar un oficio resultaba imprescindible haber aprendido antes de un maestro. El trabajo artesanal se tenía como una actividad que necesitaba práctica y reflexión.

"...a la formación artesanal, como corresponde a un oficio específico y a una técnica material se ha de acceder a través de los sentidos. Por esto, tu aprendizaje resulta más provechoso si se recibe por transmisión directa".

La asociación por oficios se daba de manera natural, no obstante se conseguía una hermandad total, de manera que como una familia que se formaba en un seno compacto ocupaban calles y barrios de alfareros, plateros, repujadores, tallistas, estucadores etc.. Los lideres de cada oficio eran respetados como maestros de maestros, los cuales respondían a todas las consultas en una enseñanza permanente. El maestro lo era por el resultado de su trabajo acabado y porque generaba un taller, una escuela. El trabajo del artesano especializado era muy estimados. Muchas de las celosías y muebles estaban firmados por el autor.

Enviados por los mandatarios o llamados por un maestro reconocido, los artesanos acudían allí donde estuviera el trabajo e inmediatamente se generaba una escuela artesanal. En el Cairo y en Túnez había muchos artesanos que fueron llamados o traídos de España y otros muchos habían estado trabajando y formándose en Córdoba y Toledo. Así, Judíos, cristianos, musulmanes e hindúes, trabajaron en un mismo oficio y convivían en un mismo barrioLa misma facilidad que dispusieron los obreros, en este período musulmán para trasladarse voluntariamente u obedeciendo a los soberanos, posibilitaba una gran difusión y uniformidad de los estilos. Es decir, para el establecimiento de ese factor unificador del Islam tan presente en sus construcciones..

La actividad de la ciudad giraba en torno a los zocos,en los que tiendas, talleres y almacenes, creaban un intenso ámbito laboral. El centro comercial solía estar cerca de la aljama, aunque eran los barrios los que constituían la verdadera estructura urbana. El barrio se asemejaba a una pequeña ciudad y, en ocasiones, tenía incluso su propia administración y un sistema defensivo particular.

A pesar de la gran movilidad de los artesanos, la organización gremial adquirió tal cuerpo que, frente a la posible corrupción, pueden encontrarse juramentos, reglas o advertencias en el sentido siguiente:

"Los trabajadores no deben asociarse contra el público. Los albañiles tienen que jurar que no aceptarán sobornos o regalos de los que fabrican la cal y el yeso, que pretenden asegurarse su consentimiento cuando la cal ha sido insuficiente quemada o es de mala calidad."

La formación de los arquitectos no era excesivamente específica. Se iniciaban como canteros, o en otras artes (orfebres, ceramistas, ebanistas, etc.), y si eran diestros en las matemáticas o en la geometría, en algún momento, dirigían la construcción de una obra. El "mi'mar" era un arquitecto de categoría social baja, parangonable a un maestro de obras. El término "banna" solía designar a un arquitecto común, que dirigía obras que no había proyectado; el "muhandis", era el arquitecto de mayor reconocimiento. Era un maestro en matemáticas y en ciencias físicas, y un experto en la construcción de la arquitectura, como lo fue Maslama ibn'Abd Allah, principal arquitecto de Medinat al-Zahra.

En el período otomano, algunos arquitectos, como es el caso de SinanContemporáneo de Miguel Angel., gozaron de gran prestigio social, pero, por lo común, ni su consideración ni su salario superaban los de un artesano y, ni uno ni otro, el de un empleado de palacio.

El trazador era un auténtico proyectista en su tema. Los pintores y los escultores, llegaron a alcanzar una cierta distinción, aunque siempre por debajo de los calígrafos. La práctica de la pintura muy especializada se traspasaba de padres a hijos. Sin embargo, el reconocimiento de un trabajo bien hecho no siempre era beneficioso, ya que según relatan las crónicas a algunos de estos mejores artífices se les cortaban las manos para que no pudiesen repetir tal perfección, para otro patrón.

Actualizado 27/02/08

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