INICIO de editorial.dca.ulpgc.es

Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria   |   Redacción

 Web Institucional www.ulpgc.es  ETS Arquitectura www.cda.ulpgc.es

Colecciones

Mapa web

  Boletín dCA

Descarga / FTP


Inicio Colecciones  C16 La Construcción de la Antigüedad Tardía en Occidente.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C16 Rama Arquitectura Visigoda
C161 Rama Aspectos generales de la construcción Visigótica
C162 Rama Ostrogodos y Visigodos en Italia y Francia
C163 Rama Los Visigodos en la Península Ibérica
C164 Rama La construcción civil y militar
C165 Rama La construcción visigoda de la Arquitectura Religiosa
C166 Rama La Técnica, las preferencias y el entorno constructivo visigodo

 

El capítulo de La Construcción de la Antigüedad tardía en Occidente. Una propuesta para la Construcción Hispánica se desglosa en el apartado: LA CONSTRUCCIÓN DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA EN OCCIDENTE. UNA PROPUESTA PARA LA CONSTRUCCIÓN HISPÁNICA.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA EN OCCIDENTE. UNA PROPUESTA PARA    LA    CONSTRUCCIÓN    HISPÁNICA.

Cuando se observa el mapa de Europa en el que, desde la Historia General, se dibujan los desplazamientos de las diversas invasiones bárbaras que tuvieron lugar durante los siglos IV y V de nuestra era, que más que movimientos humanos parecen corrientes  de vientos dominantes, uno, además de admitir dichos trazados como documentos históricos y de entenderlos como esquemas de las migraciones habidas en la Europa húmeda, cruzada por ríos y montañas, desprovista de asentamientos notables, no puede por menos preguntarse por la razón de estos movimientos y más aún por la de la velocidad y marcha lineal de ellos.


Los godos parecen tener su origen en el Sur de la Península Escandiva y desde allí, tras cruzar el Mar Báltico, atravesaron el continente por los Montes Urales y el Río Cáucaso hasta la costa norte del Mar Negro. Desde este lugar, donde parece que se dividieron entre ostrogodos y visigodos, marcharon sin tregua, desde el año 376, hacia Occidente. Por el interior lo hicieron los primeros y por la costas mediterráneas de Macedonia, Grecia y Dalmacia, los segundos. Hacia el año 401 invaden el Norte de Italia y, diecisiete años más tarde, la Tarraconense. Otro tanto podríamos decir de los alanos y de los hunos, que parecen tener su origen al Oeste y Este, respectivamente, del  Mar Caspio y que del mismo modo, hacia el año 370 cruzaron, de Este a Oeste, el continente. Los hunos se dispersaron  por el sur  de  Suiza  y Francia, en tanto que los alanos, se adentraron en la Península Ibérica, dividiéndose en Los Pirineos, en vándalos y suevos.

Estos últimos pueblos, y en ese sentido la Península fue afortunada, habían tenido fuertes contactos  con  Armenia  donde,  como ya hemos visto en el  capítulo  anterior  la tradición edificatoria  había producido notables edificios y proporcionado ilustres constructores. De esta forma, al amanecer el siglo V en la Península Ibérica, todos parecen encontrar su sitio y objetivo, salvo los vándalos que con mayor horizonte y todavía con mayor frescura pasaron al Norte de Africa hacia el año 429 para, desde Cartago, tratar de invadir Italia. Una vuelta algo desmesurada, si se piensa que diez años antes habían atravesado las Galias. Esto debió enfadar a Justiniano que, como ya hemos estudiado en capítulos anteriores, envió al fiel Belisario, que emprendió la conocida reconquista del Imperio de Occidente.

Movimientos y fechas de las migraciones bárbarasAl margen de otras cuestiones respecto a la forma de vida y sociedad de estas migraciones bárbaras que se dibujan como guerreros y saqueadores, sin familias y sin ningún deseo ni ánimo sedentario y campeando por una Europa y por un Mediterráneo europeo en el que, al parecer, no encontraron quien les hiciese frente, lo cierto es que estos pueblos godos que tuvieron que enfrentarse en más de una ocasión con los hunos, disponían de una organización monárquica y que, eclesiásticamente, como arrianos, disponían de obispos, y tanto éstos como sus gobernantes debieron ser lo suficientemente tolerantes como para que muy pronto, en sus propios dominios, se implantara el catolicismo.

En realidad, godos y ostrogodos debieron mantenerse y moverse por la margen exterior de los limites del Imperio romano y cuando el poder de Roma se debilitó, encontraron la ocasión de combatir y convivir con sus gobernantes. Sólo reseñaremos algunos hechos significativos a fin de comprender estos conatos de lucha y de entendimiento entre estos pueblos y el poder establecido, más o menos debilitado, del Imperio romano, asi como conocer del grado de civilización de este pueblo que convertido al Cristianismo antes de que finalizara el siglo VI, dio a Sevilla, sus dos obispos más notables.

Si los árabes constituyeron el vínculo entre Oriente y el Mediterráneo, los godos se convirtieron en el nexo entre Oriente y Occidente, por la Europa continental.

El período histórico que tratamos de abordar en este capítulo dedicado a la Historia de la Construcción visigoda, pretende abarcar desde el inicio del siglo V, momento en el que se afianza el reinado de Alarico en el Norte de Italia, hasta que, establecidos los musulmanes en España, el Califato de Córdoba levanta sus primeros edificios.

Aunque en las últimas décadas de nuestro siglo se ha emprendido con gran ahínco y rigor el estudio de las invasiones bárbaras de Europa y el nacimiento de la Edad Media, tras la caída de Roma, siempre queda, al menos, desde la investigación histórica de la Europa Occidental, serias lagunas que se cierran, más que se solucionan, concluyendo en que surgió la era monástica francesa. Pero nunca las etapas nacen ni se cierran súbitamente, lo cual es mucho más evidente en el caso del relevo de las tradiciones constructivas donde los primeros invasores no son nunca constructores experimentados, por lo que los nuevos gobernantes tienen que asumir los medios y sistemas constructivos locales y dejar para más tarde la creación de una impronta edilicia, capaz de hacer que una arquitectura pueda definir el exponente propio de un imperio o de un período histórico.

Por otro lado, la arquitectura doméstica, que puede mostrarnos una continuidad mucho más perfecta y mucho menos afectada por los objetivos políticos o por las creencias o formas litúrgicas de las nuevas religiones, no parece cuajar ni encontrar ningún desarrollo o aportación a la construcción de la etapa visigoda. Las razones de la ausencia de esta construcción vernácula pueden encontrarse en la fuerte movilidad de estos pueblos, en el corto espacio de tiempo que transcurre desde que renuncian a su expansión, si es que lo hicieron, y la pronta llegada de otros pueblos, como los musulmanes a España, los francos a Francia y los francos y lomgobardos a Italia. Por último, tratar de superar la construcción doméstica y la casa romana no era cosa de poco tiempo.

Además, es obvio que los romanos no tocaron retirada, ya que ellos no huían más que de la falta de victorias militares que les remontaran a los puestos del Senado, y que la retirada, si la hubo, debió ser lenta y como consecuencia de la pérdida de interés de los gobernantes romanos por el Imperio de Occidente y su obsesión por trasladar la capital a Oriente, que prometía una nueva etapa política de mayor explotación comercial. Con todo y quizás por desconocimiento o menosprecio, las Galias e incluso Italia, quedaron a merced de los pueblos godos. De toda forma la invasión arriana tampoco debió ser ni tan cruenta ni tan bárbara pues, de Ataulfo, comentaba Oracio: "... se trata de un hombre amante de la paz, que en ocasiones puso a sus soldados al servicio de Honorio, para la defensa del estado romano". Por otro lado hasta el año 476 no logró Eurico que los romanos accedieran a firmar un pacto por el que los visigodos podían ocupar libremente las Galias e Hispania, estableciéndose oficialmente las capitales respectivas en Tolosa y Barcelona.

Actualizado 19/02/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|