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Inicio Colecciones  C154 La idea de arquitectura en la Etapa de Justiniano.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C15 Rama Arquitectura Bizantina
C151 Rama La contribución Justiniana
C152 Rama Los Períodos Históricos de la Arquitectura Bizantina
C153 Rama El entorno arquitectónico y constructivo previo a Justiniano
C154 Rama La idea de Arquitectura en la Etapa de Justiniano
C155 Rama Reconstrucciones bajo el mecenazgo de Teodora
C156 Rama Planta de la Iglesia Bizantina
C157 Rama Análisis de los Elementos Constructivos
C158 Rama La Construcción en el Período Bizantino Medio.
C159 Rama La Construcción de la tardía Arquitectura Bizantina.

 

El capítulo de La idea de arquitectura en la Etapa de Justiniano se desglosa en los apartados: LA CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA DE LOS SANTOS SERGIO Y BACO, LA CONSTRUCCIÓN DE SAN VITAL, EN RÁVENA, SANTA SOFÍA DE CONSTANTINOPLA, SANTA IRENE O EL TEMPLO DE LA DIVINA PAZ.

LA IDEA DE ARQUITECTURA EN LA ETAPA DE JUSTINIANO.

Con anterioridad al año 525 la construcción de edificios no era particularmente notoria en Constantinopla, pero a partir de esta fecha que coincide con el final del reinado de Justino I y cuando aún habría que esperar algo más de un año para la subida al trono de Justiniano, se desató un desproporcionado interés en definir una arquitectura propia y digna de la capital del Nuevo Imperio, el cual no acababa de consolidar sus dominios.

 


Santa María de Éfeso. Transformación de la antigua basílica paleocristiana, de origen romana, en iglesia bizantina.La búsqueda de un nuevo estilo compositivo, espacial y ornamental, parece entonces encontrar en el edificio religioso un buen motivo para la investigación y amplio campo de trabajo. A ello se unió la actividad, la religiosidad y la idea de imperio del nuevo Emperador. 

En distintos puntos del Imperio y fundamentalmente en los pueblos del Egeo que integraban el Suroeste de Asia Menor, había tomado cuerpo un tipo de iglesia que disponía de un espacio central que se expandía hacia sus costados sin idea de integración. En oposición al espacio unitario e integrador de las grandes termas o del Panteón de Roma, se pretendía un cuerpo central vinculado a sus espacios envolventes por medio de una arquitectura  claramente  subdividida. Era preciso establecer jerarquías y funciones separadas por pantallas de columnas, canceles, cortinas y tribunas, donde la continuidad visual fuese real pero velada. Como elemento constructivo, la arquería de columnas menores proporcionaba la división virtual, la privacidad y todo el misterio que ahora se requería para la nueva liturgia. 

La tribuna constituye un elemento potente que establece una distancia y deshace la imagen del espacio integrador. Pretender vincular a Santa Sofía o a la iglesia de los Santos Sergio y Baco con la Basílica de Majencio, con el Panteón o con la Minerva Médica es un grave error, propio de quienes buscan paternidades y relaciones entre edificios en la forma inmediata. Decir que Santa Sofía es la consecuencia de superponer la cúpula del Panteón a la Basílica de Majencio es algo insólito, y desde luego, el resultado de pretender superponer estas estructuras,  no puede ser ni imaginable ni calificable, y desde luego nada compatible con el espíritu y la creatividad de los autores de la enorme iglesia bizantina. Estas referencias las encontramos en muchos textos de Historia de la Arquitectura, pues es muy fácil encontrar relaciones, ya que existen abundantes modelos para ello, cuando sólo se analizan dibujos de plantas. 

Los edificios generados por la Arquitectura Bizantina únicamente pueden encontrar relación entre sí, mediante tres parámetros básicos: la nueva liturgia, la tradición constructiva del Sur del Egeo y las pretensiones de integración imperialista de Justiniano. Con todo, la Nueva Iglesia requería el espacio central, rodeado por un doble casco dotado de tribuna. Este espacio central quedaba reservado al clero, a veces acompañado por los poderes del estado. Como observadores, los fieles, se colocaban alrededor, ocupando la tribuna que ya no es el matroneo; ahora, esta es ocupada por hombres y mujeres, los hombres acceden a una de las tribunas mientras que las mujeres ocupan la otra. Algún tiempo antes la parte alta "el matroneo" era el lugar exclusivo de las mujeres.

Iglesia de los Santos Sergio y Baco, en Constantinopla. (Kücuk Ayasofya). Planta y Sección.1.- LA CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA DE LOS SANTOS SERGIO Y BACO.

Los Santos Sergio y Baco fue la primera iglesia que se construyó en Constantinopla bajo los planteamientos y deseos que hemos enunciados. Es decir, con el concurso de grandes arquitectos, y respondiendo a las nuevas formas de la liturgia. 

Se construyó como iglesia palatina dentro del Palacio de Hormisda, junto a una antigua iglesia levantada unos cien años  antes,  o  quizas parte de ella se izara  directamente sobre la iglesia de San Pedro y San Pablo, aunque esto pertenece al campo de la especulación, pues de esta gran iglesia basilical se sabe que estaba allí y poco más. Sólo quedan restos de uno de sus muros, junto a la iglesia de los Santos Sergio y Baco. 

La planta responde a la temprana tipología de las iglesias bizantinas de doble casco. Se trata de un cuadrado en el que se inscribe un octógono que ocupa, ampliamente, la mayor parte de la superficie de la planta. Este recinto central y octagonal alcanza toda la altura del edificio, proporcionando un espacio sin discontinuidad vertical. Para cubrir este cuerpo central se desarrolla una gran bóveda esquifada de ocho lados, constituida por un rincón de claustro octagonal que formalmente, más que mecánicamente, se muestra dividida en dieciséis gallones. Sobre el trazado de la planta, el octógono, se expande mediante cuatro grandes exedras tratando de invadir los rincones del cuadrado. 

Fuera del octógono se constituye el ambulatorio, que soporta a la tribuna y que, ambos, proporcionan con su continuidad, los atributos suficientes para calificarlas como de doble casco. Dicha continuidad sólo se pierde o se interrumpe, por la exedra principal, colocada sobre el eje que marca el acceso a la iglesia, a través del nártex. Este ambulatorio de espacios poco regulares, se cubre mediante cañones circulares muy tendidos y, mecánicamente, conformados por arcos fajones o directores.  Trazado de la bóveda esquifada de la iglesia de los Santos Sergio y Baco.

En el lado sur del ambulatorio, en la tribuna o planta alta, extrañamente y quizás por evitar la dificultad que introduce la construcción de un cañón cónico, el techo se resuelve con tres pequeñas bóvedas de aristas. Pero de esta manera, dividiendo en tres la longitud del cañón abocinado de clave horizontal y sustituyéndolo por las citadas bóvedas de crucería de diferentes peraltes, se salvó, gracias a la habilidad de los constructores, uno de los pequeños problemas que planteó la construcción de este edificio, el cual puede tenerse como el peor replanteado de los edificios notables. En este mismo lado del cuadrado, el muro exterior se duplica creando pequeñas capillas o nichos.  

En el casco exterior de la iglesia, las esquinas del  cuadrado,   se   ochaban    mediante    cuatro nichos, que dadas las irregularidades de la planta, cada uno de ellos es de distinto tamaño. 

Al testero Oeste de la iglesia, se antepone un amplio  nártex  con  arcos  atirantados, resueltoen dos plantas y en el cual se desarrolla, en el lado sur, la escalera por la que se accede a la planta alta del nártex y de la iglesia. En la planta superior de este cuerpo de entrada, la cubrición se resuelve mediante cinco bóvedas de aristas, siendo las dos extremas cuadradas y las tres que cubren la parte central, menores y rectangulares. Hoy la iglesia dispone de un atrio en su costado oriental que fue añadido bajo elEstudio estructural y constructivo de la iglesia de los Santos Sergio y Baco. período otomano. 

La iglesia de los Santos Sergio y Baco, debió ser un proyecto conceptual y funcionalmente perfecto pero muy mal construido. Es fácil adivinar que toda la construcción debió estar cargada de improvisaciones. Todos los problemas de construcción, que debieron ser muchos, fundamentalmente a la hora de construir los arcos directores de los cañones de la tribuna y de la cubierta, son consecuencia arrastrada del nefasto replanteo de la planta. Por ello, es de destacar la laboriosa y meritoria construcción de la bóveda gallonada, que tuvo que partir de las irregularidades de la planta del octógono. 

Se ha tratado de justificar el mal replanteo, aludiendo a las dificultades que debió disponer el solar en que hubo de quedar emplazada la construcción. Es obvio que esto no es más que un favor que se quiere hacer a los edificios de tal nobleza cuando, prendados de su magnificencia, nos acercamos a describirlos. Pero dejando a un lado dichas bondades que nadie puede poner en duda y admitiendo como suficientes las razones expuestas para argumentar los descuadres del cuadrado exterior, nos faltan los motivos que justifiquen el giro del octógono que es el que introduce los mayores problemas.  Iglesia de los Santos Sergio y Baco (Pequeña Hayasofya). Apunte desde el atrio del nártex.

Este octógono, que quiere ser regular pero que cada lado es distinto a su opuesto y desde luego a sus contiguos, no mantiene ninguno de sus lados paralelos a los del cuadrado. 

Como hemos señalado anteriormente, el octógono esta girado respecto a la planta del cuadrado, de manera que los cuatro tramos del ambulatorio y de las tribunas terminan siendo convergentes. Ni siquiera los semiplanos que flanquean al ábside o exedra principal en la cabecera del cuadrado están alineados. Todas estas faltas de coincidencias entre los ejes del cuadrado y del octógono, obligan a establecer correcciones desde la propia entrada, pues en el cañón del ambulatorio de acceso, los arcos directores quedan extrañamente abanicados y, por ello, las cinco puertas que dan paso desde el nártex a la tribuna de entrada, se ven obligadas a tener cada una un tamaño distinto.

No queremos dejar sin argumentos la afirmación que hemos hecho, en relación con la desordenada construcción que rodeó a esta iglesia. En general sus muros fueron aparejados con fábrica de ladrillos macizos de poco canto con gruesas juntas, llagas y tendeles, de mortero de cal; reforzándose, esta fábrica, con verdugadas de piedra caliza, en hiladas muy distanciadas entre sí. Doce o dieciséis hiladas de ladrillos separaban las hiladas dobles de pequeños sillares pétreos. Esta fábrica que se había desarrollado en la costa Este del Egeo era muy frecuente en Constantinopla, y mejor labrada la podemos ver en San Juan de Estudio en esta misma ciudad. No obstante, no todos los muros fueron labrados con esta buena calidad, el que se orienta al Sur y el que cierra el lado Norte, parte de ellos, son de una sillería, de pequeños sillares, que puede calificarse de desordenada, dados los grandes y distintos gruesos de las juntas de mortero. 

Los huecos se resolvieron con arcos de dobles rosca, magníficamente elaboradas, aunque también las juntas presentan abundante mortero. Algunos de los huecos que acompañan al edificio son adintelados, en estos casos, dos roscas de ladrillos conforman un arco de descarga, muy tendido, que se sitúa por encima del dintel, de manera que, por su separación del hueco, más que un arco de descarga del vano, constituye un importante refuerzo de la fábrica.  

Estructuralmente se trata de la cubrición de un gran octógono mediante una bóveda que descansa sobre enormes arcos de gran profundidad o anchura de intradós. Estos arcos están ligeramente acarpanelados, son de distintas alturas y descargan en ocho gruesos pilares triangulares. Para dar continuidad y contrarrestar los empujes de los cuatro arcos principales, situados sobre los ejes ortogonales de la planta, se procura enlazar todo el perímetro del octógono, emplazando en las esquinas arcos dotados de exedras cubiertas con bóvedas de cuarto de esfera. Los citados arcos de embocadura de las exedras de los referidos rincones, son planos y de igual profundidad de intradós que los arcos principales. 

No obstante, con el fin de descargar a los arcos de embocadura de las citadas exedras de la tribuna, se establece un sistema de apeo de los mismo, mediante arcos menores que descargan sobre dos columnas, de manera que la luz de aquellos, queda dividida en tres espacios de vanos menores. Estas columnas descargan directamente sobre el arquitrabe que conforma al gran friso, y en él, puede verse la delicada inscripción dedicada a Justiniano y Teodora, y la decoración vegetal de clara raíz persa.  

Este magnífico friso, es continuo y toma la forma sinuosa de las citadas exedras. En estas exedras, el arquitrabe curvo, está apeado, en la planta baja, mediante el mismo sistema de descarga. Dos columnas, en cada uno de los dinteles curvos, descargan a dichos arquitrabes dividiendo la luz de ellos, en tres vanos de luces menores. 

Este primer casco o cuerpo central queda unido al muro exterior, mediante las bóvedas de cañón que cubren los deambulatorios. En estos cañones, se muestran arcos directores, que en este caso actúan como codales. 

Como hemos dicho y con motivo de la irregularidad de la planta, el cañón corrido es interrumpido en algunos puntos por la introducción de bóvedas de crucería. No obstante, el verdadero contrarresto frente a los empujes de la bóveda central lo proporciona el conjunto que supone el doble casco. Es decir el octógono se envuelve en un cuadrado que se eleva hasta el arranque de la cúpula o "bóveda gallonada", para mejor contrarrestar los empujes de ella. 

Los muros y pilares del octógono se prolongan por encima de dicho arranque hasta la altura de los riñones de la bóveda, manifestándose por encima de la cubierta. Por ello, exteriormente la cúpula se muestra como muy tendida. Los esfuerzos absorbidos por los pilares y arcos del octógono, trasladan, su componente horizontal, a los muros del cuadrado exterior por medio de los elementos que acabamos de describir, es decir, de las bóvedas de cañón baídos, que conforman  el forjado de la tribuna y de la parte horizontal de la cubierta.  

La cubrición del gran espacio central se constituye, como acabamos de describir, por una bóveda esquifada o de rincón de claustro, de fuerte vuelo y en la que se curvan ocho triángulos formando aristas entrantes. De todas formas, se disimulan o se matan las aristas para señalar dieciséis gallones planos o casi planos, en los que la curvatura sólo es algo notoria en los gallones ciegos. Los dieciséis seudo-gallones se distribuyen de forma que sobre cada lado del octógono se centra un gallón, sobre el eje o clave del arco, y en él, se abre un hueco con arco. A uno y otro lado de cada gallón central, dos medios gallones curvos o de rincón, completan cada uno de los lados del octógono. La forma curva de estos gallones hacen innecesaria la aparición de trompas o pechinas.

Singular capitel bizantino de clara influencia sasánida, colocado en la tribuna de la iglesia de los Santos Sergio y Baco.Este tipo de bóveda aprovecha todo el apoyo continuo y hace una buena distribución de los empujes. No obstante, en este caso, el vuelo de los planos curvos es realmente tendido y atrevido, aunque la decoración que rodea a los huecos y señalamiento de los gallones hace que aparezca como torpe o rechoncha. 

El ábside poligonal o exedra principal se cubre con una bóveda de cuarto de esfera bastante irregular. El octógono central se conecta con el ábside mediante la corta nave que aloja al santuario, cubriéndose este rectángulo por medio de una bóveda de cañón circular que se manifiesta, exteriormente, en la cubierta del edificio.

La decoración barroca actual de la iglesia no es muy afortunada, pero el friso continuo es original y, como hemos dicho, presenta inscripciones alusivas a Justiniano y Teodora en una decoración anticlásica muy delicada.

2.- LA CONSTRUCCIÓN DE SAN  VITAL, EN RÁVENA.

Planta y Sección longitudinal de la iglesia de San Vital en Rávena.Cuando San Vital de Rávena estaba ya a punto de terminarse, Justiniano que había emprendido la reconquista del viejo Imperio Romano de Occidente, envió a Belisario a Italia, quien tomó Rávena el año 540 y la incorporó a Bizancio. Se constituyó entonces el conocido exarcado o federación de colonias italobizantinas, erigiéndose Rávena como la capital del mismo. Durante este período, que duró hasta el año 754, esta ciudad tomó una importancia y esplendor superior a la de cualquier otra ciudad del Imperio, a excepción de Constantinopla. 

San Vital debió iniciar su construcción al declinar el año 526 y no se finalizó y consagró, por el Emperador, hasta el año 547, tiempo del obispo Maximiano. Para esta fecha ya se habían construido en Rávena el Baptisterio de los Ortodoxos, el Mausoleo de Gala Placidia e incluso las iglesias de San Apolinar Nuevo y San Apolinar in Classe, que hemos estudiado en capítulos anteriores.

San Vital de Rávena se tiene como el segundo edificio más representativo de la época de Justiniano y desde el punto de vista de la construcción, nosotros lo situaremos en este mismo lugar, pues ningún otro edificio encierra mayor innovación constructiva y estructural que Santa Sofía, aunque bien podríamos imaginarnos a San Vital de Rávena como el edificio ideal desde la óptica de la "ejecución constructiva". No obstante, desde nuestra posición de la crítica constructiva aún comentaremos, en su momento, arbitrariedades encontradas en la construcción de las bóvedas del ambulatorio de esta magnífica iglesia.

La planta de San Vital de Rávena como la de los Santos Sergio y Baco, iglesia a la que reiteradamente iremos refiriéndonos, se encaja en la tipología de las iglesias de doble casco y es la primera iglesia, de esta traza, que se construyó en esta ciudad. Un casco interior octagonal, de mayor altura, queda ahora envuelto por un segundo octógono concéntrico, de lados paralelos y de menor altura que el anterior. El espacio central se expande mediante exedras circulares, muy permeables, tanto en el ambulatorio de la planta baja como en el matroneo o tribuna de la planta alta, lográndose la perfecta integración entre ambos cascos. Sobre uno de sus ejes se emplaza el ábside poligonal, precedido por un cuerpo rectangular en el que se localiza el santuario o presbiterio. El ábside se flanquea por escaleras y capillas circulares que, simétricamente, se manifiestan al exterior. Apunte de la iglesia de San Vital en Rávena.

La perfección del trazado de esta planta impone una mayor serenidad que la que hemos visto en la de los Santos Sergio y Baco, sin embargo este efecto de reposo está debilitado por la asimétrica colocación del nártex. Este, está colocado con un raro ángulo, el cual nunca ha sido convincentemente explicado. El atrio, que ya no existe, puedo haber sido paralelo a la calle que recorrió la misma dirección del ángulo con el que el nártex está situado. Pero evidentemente girar el octógono hasta que el eje del nártex coincidiera con el del ábside, no supondría gran inconveniente. También se ha sugerido que el ángulo del nártex pudiera haber pretendido forzar a los visitantes a reorientarse y plantearse, a ellos mismos, como entraron en el edificio y como habían llegado hasta el espacio principal y, de ese modo, poder experimentar la transición del mundo material de afuera, al mundo interior y espiritual de la iglesia.

Estudio del módulo estructural de la iglesia de San Vital de Rávena.De San Vital de Rávena, en un texto inglésEste cañón abovedado de la tribuna y deambulatorio, que es interrumpido por lunetos, los cuales arrancan de arcos n o enfrentados aunque llegan, en ocasiones, a constituir auténticas bóvedas de aristas de directrices extrañas, son producto de una reconstrucción posterior, en plena etapa medieval. se recogen algunos comentarios en torno a la construcción de esta iglesia, con referencias de varios autores, uno de los cuales afirma: "su proyecto primitivo era con el que se levantó la iglesia de los Santos Sergio y Baco...", y refiriéndose siempre a San Vital, añade: "...antes de empezar su construcción se realizó, en un solar apartado, en Constantinopla una iglesia dedicada a dichos Santos bajo un diseño preparatorio y tosco para la iglesia posterior, en el que las sugerencias del plano anterior se desarrolló a su completo potencial antes de empezar."  

También se dice de esta iglesia de Rávena que su proyecto debió elaborarse en Constantinopla y que, fuera de ella, es el edificio que mejor representa las técnicas constructivas de la capital. Y aunque es cierto que constituye una de las mejores construcciones que, arquitectónicamente, vincula la arquitectura de Constantinopla a la de las provincias y que históricamente representa una de las piezas claves de la Arquitectura Bizantina, no puede admitirse como cierta la citada afirmación en relación con las tecnologías constructivas.

Mosaico de Justiniano en el ábside de la Iglesia de San Vital en Rávena. Es posible que el arquitecto del edificio, que se tiene como hermano de la iglesia de  los Santos Sergio y Baco o como padre de la Capilla Palatina de Aquisgrán, visitara con frecuencia la capital del Imperio y que estuviera muy al corriente de las tendencias y corrientes de la arquitectura que se desarrollaba en Constantinopla, e incluso que conociera el proyecto de los Santos Sergio y Baco o que San Vital se cuajara en dicha ciudad. No obstante, la ejecución constructiva no tiene mayor parentesco que la que se pueda buscar como proveniente de Milán y desarrollada en la propia arquitectura de Rávena, pues a pesar de que los ladrillos sean algo más delgados que los que se utilizaban hasta entonces en la ciudad y aunque el grueso de las juntas de mortero sean también algo mayor de lo habitual, la fabrica de ladrillo de San Vital refleja el hacer de la buena construcción que constituyó la constante principal de los constructores de Rávena. La magnífica obra de albañilería de San Vital es consecuencia de la que se puede observar en el Baptisterio de los Ortodoxos o en el Mausoleo de Gala Placidia, la cual no se logró nunca en Constantinopla. La ausencia de verdugadas pétreasMosaico de Teodora en el ábside de la Iglesia de San Vital en Rávena. y la propia construcción de la bóveda mediante anforillas de aligeramiento de San Vital de Rávena, no dejan lugar a duda de que se trata de una construcción ejecutada por maestros y operarios locales.

La estructura, básicamente se constituye por ocho soportes triangulares de un espesor no excesivamente grueso, que colocados en las esquinas de la base que define al octógono interior, conforman al espacio central, dotándolo de gran verticalidad. Estos pilares se muestran muy esbeltos, marcan muy bien sus aristas y posición, y parecen abrirse para dar continuidad a los grandes arcos de embocadura de las exedras. En este caso, todas las caras del octógono se expanden en su exedra. En la planta alta, la bóveda de cuarto de esfera de la exedra conforma, en su arranque, una arquería curvada, de tres arcos acarpanelados que descargan sobre columnillas. En la planta baja, dichas exedras, se cierran mediante el mismo tipo de arquería curvada, que, a su vez, resuelve la descarga de tribuna mediante el mismo juego de arcos de arcos sobre columnas entre los soportes principales.

Dada la delicadeza de las pechinas, conformadas sobre el nivel en el que el octógono se redondea para dar paso al último cuerpo del espacio central, uno se adentra, suavemente, en un simborrio de dieciséis caras en el que, a la altura del arranque de los arcos de sus ventanas, nace la bóveda. Este cimborrio se manifiesta más claramente desde el exterior. La esbeltez a que hemos hecho referencia, en el párrafo anterior, es más notable por el hecho de que la tribuna acomete a los soportes puntualmente, retanqueándose mediante las formas curvas de las exedras.

Forma de colocación de las anforillas en la construcción de la bóveda central de San Vital de Rávena.Este casco central se acodala respecto el casco u octógono exterior mediante las bóvedas, de cañón corrido, que resuelven el techo y suelo de la tribuna. No obstante, este cañón queda desdibujado por la incursión de los nichos o exedras en el ambulatorio y, por esta razón, se acude a un conjunto de lunetos transversales que, en ocasiones, penetran en el cañón hasta constituir algunas bóvedas de aristas. Extrañamente, los lunetos se disponen sin un orden claro de simetría y por esta razón resulta un techo un tanto raroArt through the ages. Cap. 7, Early Christian, Byzantine, and Islamic art. Horst de la Croix, Richard G. Tansey, Diane Kirkpatrick. University of Michigan, Harcourt Brace Jovanovich. International Edition.

Con todo, la construcción más singular la constituye la bóveda principal, que como hemos dicho, es hemisférica y se construyó mediante anforillas enchufadas. Este uso de tubos cerámicos aligerados, huecos, se había experimentado en Roma, era relativamente frecuente en Rávena, y se utilizó en el Mausoleo de Gala Placidia. Aquí, y esta es la mayor singularidad, la bóveda se realizó colocando las anforillas como elementos de hiladas horizontales y desarrollando una sola hilada en forma de espiral que arrancando del pie de la bóveda se mantuvo continua hasta alcanzar la clave de la misma. Por encima de esta bóveda, una estructura de madera soporta a la cubrición de este pabellón central.  

Tras el arco de gran profundidad del santuario, el antecoro se cubre con bóveda de crucería en la que las aristas se abren o achaflanan para converger en la clave. Tras otro arco de igual profundidad, el ábside se cubre con una perfecta bóveda de cuarto de esfera.  

La fábrica con que fueron aparejados los muros, como ya hemos anunciado, se constituyó por ladrillos de espesores más delgados de lo que era frecuente en las ladrilleras de Rávena y de espesores más cercanos a los ladrillos que se utilizaban en Constantinopla, por esta razón se ha dicho que estos ladrillos se habían traído de la capital del Imperio. Parece más probable que se pidiera, a los ladrilleros locales la fabricación de estos espesores. También las juntas de mortero de cal con polvo de ladrillo toman espesores mayores que los que lucieron los edificios monumentales anteriores, en Rávena. Aún, podemos disfrutar de la buena ejecución de esta obra de albañilería en el ambulatorio donde la fabrica se muestra sin revestimiento.   Elegantes capiteles de cesto en la Iglesia de San Vital, en Rávena.

Las columnas y los soportes lucen magníficas placas de mármol proconésico, de la misma cantera que tanto material suministró para Santa Sofía, con abundante colorido y perfecto corte simétrico. También podemos disfrutar de una gran variedad de capiteles, trabajados por artistas griegos; capiteles dobles, de traza corintia, de cesto, calados e incluso de pliegues, pero siempre coronados con un cimacio o bloque de imposta tronco piramidal invertido y con rica decoración de aves, de claro origen sasánida u oriental. Las basas de las columnas son poligonales y escalonadas. Todos estos elementos, que tan tempranamente llegan a Rávena, hace que uno no necesite buscar modelos en otros edificios para localizar a esta obra como una de las más propias del arte bizantino, sin parentesco ni antecedentes. Del mismo modo, analizando el monumento, hace que fácilmente se comprenda la importancia de esta ciudad, en la que la Iglesia y el poder del estado logra la conjunción que relatan los magníficos mosaicos en la embocadura del ábside de esta iglesia, en los que encontramos a Justiniano presentándose

ante la eucaristía para ofrecer, junto al obispo, a su cortejo y a su poder militar, el "pan sagrado", en tanto que en frente, Teodora, junto a las vírgenes, sostiene la copa dorada del "vino de la eucaristía".

3.- SANTA SOFÍA DE CONSTANTINOPLA.Santa Sofía de Constantinopla.

Desde que en el siglo VII a.C. los griegos vieran en la entrada del Bósforo un lugar de privilegio y fundaran la pequeña colonia de Bizancio, ésta constituyó un lugar prominente de la Historia de la Cultura y por ende de la construcción de edificios. Bizancio fue tomada por Septimio Severo en el Siglo II d.C. y se convirtió, bajo el nombre de Constantinopla, en la "Nueva Roma" a partir del año 324 en que Constantino la fundó como capital del Imperio Romano de Oriente. 

La actual Hagia Sofía de Constantinopla puede tenerse como el resultado del empeño más mesurado o consciente por mantener en pie la construcción imperial. La primitiva Santa Sofía o Templo de la Divina Sabiduría comenzó a construirse en tiempo de Constantino y debió terminarse y consagrarse, por Constantino II, hacia el año 360. Desde entonces ha sido la construcción que ha acumulado el mayor número de reconstrucciones. Ya en el año 404 fue reconstruida en honor del mártir San Juan Crisóstomo, tras sufrir las consecuencias de un gran incendio en el que, además de derrumbarse su cubierta de madera, quedó fuertemente lesionada. Terminada esta reconstrucción, fue nuevamente consagrada por Teodosio II el año 415. Más tarde, el año 532, como la también constantiniana iglesia de Santa Irene, quedó totalmente arruinada tras la semana que acabó con la insurrección  de Nika. De Santa Sofía se dice que ardió hasta los cimientos, y que ello proporcionó un gran pretexto a Justiniano para reconsiderar sobre la gran arquitectura que debía proponerse para la nueva ciudad, cabeza del Imperio. 

Justiniano convocó para esta renovación arquitectónica a dos reconocidos científicos, Antemio de Tralles, ingeniero e investigador de los principios energéticos, matemático, profesor de contabilidad y autor de una obra sobre secciones cónicas, y a Isidoro de Mileto, que había sido profesor de geometría en la Universidad de Alejandría, autor de un tratado sobre trazados de bóvedas y que, por entonces, impartía Estereometría en la Universidad de Constantinopla. A ellos les corresponde la responsabilidad del proyecto de Santa Sofía y, probablemente, los fundamentos de la Arquitectura Otomana y gran parte de la Medieval.

Planta y sección longitudinal, con expresión de distintas restauraciones, de Santa Sofía de Constantinopla.Desde luego los dos "arquitectos científicos" que se encargaron del proyecto de la actual Hagia Sofía o templo de la Sabiduría no eran constructores experimentados ni hombres procedentes, por tradición, de este arte de levantar edificios, de haberlo sido, seguro que no hubiesen planteado el problema de manera tan innovadora ni tan atrevida. Las grandes bóvedas romanas se habían resuelto siempre descargando todo su contorno sobre gruesos muros. Ahora, el reto estaba en trasladar los esfuerzos, mediante grandes arcos, a cuatro soportes. Pero dejemos aquí el tema estructural para afrontarlo más adelante y volvamos sobre el desarrollo de las incidencias que acaecieron a Santa Sofía de Constantinopla.

El ritmo a que debió construirse y la mano de obra empleada en esta construcción debió ser sorprendente. Es posible que ni siquiera hoy empleando los mismos materiales, pudiera construirse en menos tiempo. Concebir el proyecto, demoler hasta la cimentación el viejo edificio, retirar los escombros, limpiar el solar y construir la enorme iglesia en tan sólo cinco años, debió suponer una carrera que sólo las dotes organizativas de Antemio de Tralles pudieron gobernar. Así el 27 de Diciembre del año 537, Justiniano que no pudo esperar más, la consagró cuando aún se estaba revistiendo de mármol su interior, y cuando todavía no se había iniciado la colocación de sus mosaicos. En dicho acto, el Emperador sintiéndose el verdadero autor de tan magna obra, afirmó: "Gloria a Dios, quien me haSanta Sofía de Constantinopla. Plano de cotas. permitido terminar esta obra" y más tarde, en relación con la fama del legendario Templo de Salomón exclamó: "Salomón te he superado".

Como hemos dicho, cuando se consagró aún se trabajaba en las obras del interior, lo cual indica la inquietud de Justiniano por culminar esta construcción. Sin duda, desde el primer momento se había elegido Santa Sofía para hacer de ella una obra monumental y representativa, de aquí que se buscara, más que a constructores experimentados, a personas ingeniosas o del mundo de la ciencia y de los inventos. También debió estar desde el origen, en la mente de Justiniano, que debía tratarse de un edificio abovedado. 

Aún le tocó a Justiniano, a sus 76 años, conocer el colapso parcial sufrido por Santa Sofía, el año 558. Los empujes de la rebajada bóveda terminaron por desplazar, hacia fuera, a los dos grandes arcos laterales, abriéndose con desperezo de la clave y el lógico desplazamiento de los soportes. Al menos la mitad de la bóveda, que debía ser de media naranja o baída, es decir de curvatura igual y en continuidad con las pechinas, se hundió por su lado Sur, arrastrando en la caída, las pechinas de este costado. Según Pablo Silenciario, el poeta oficial del Emperador, que describió con gran detalle las obras de esta reconstrucción, también ella fue realizada en cinco años, y comenta que, ante tales desastres, los arquitectos encargados de reparar la iglesia, comenzaron a dudar de la validez de la solución planteada por Antemio e Isidoro. Justiniano se negó a admitir que esto fuese así, pero terminó autorizando que se demolieran los restos de la bóveda. Se aplomaron los soportes, se reconstruyeron los arcos y pechinas, y resultó un hueco de arranque de la bóveda que más que un circulo era un extraño óvalo. Esta primera y fundamental restauración de la bóveda, fue llevada a cabo por un sobrino de Isidoro de Mileto, un hombre bien experimentado en el arte de construir, Isidoro "el joven".  

La nueva bóveda ya no era baída. La superficie de ella no es ya continuación de las pechinas. La cúpula es ahora nervada, conFormas de descarga de los grandes arcos. Santa Sofía de Constantinopla.Forma del módulo estructural de Santa Sofía de Constantinopla. marcados gallones y se eleva como media esfera sobre el circulo citado. La obra se terminó el año 563, cuando sólo dos años más tarde moría Justiniano a sus 83 años de edad. 

De nuevo, el año 869 se movió el gran arco transversal, el más próximo al nártex, reventando la clave de la semicúpula Norte, por lo que hubo que colocarle, en esta fachada Noroeste o del nártex, los cuatro grandes arbotantes con arcos apuntados, que aún conservan. No fueron suficientes estos arbotantes para soportar el azote del terremoto del año 989 que produjo el hundimiento de otra porción de la gran bóveda en este mismo lado, por lo que hubo que reclamar la intervención del arquitecto armenio Tardat (Tiridate), que había construido la Catedral de Ani y que gozaba de gran prestigio como constructor. Este, terminó demoliendo el gran arco transversal de dicho lado y reconstruyó el arco y la parte de la bóveda que acabamos de señalar. También este arquitecto debió introducir los grandes refuerzos metálicos, en hierro forjado de magnífica calidad, que aún podemos ver en la cornisa, al pie de las ventanillas del anillo de iluminación de la bóveda, que sorprendentemente se mantienen en buen estado. Dudando de la eficacia de los citados arbotantes, aún se discute si ellos son obra del siglo IX o si fueron introducidos, más tarde, por el arquitecto armenio.

Desde la reconstrucción y consagración del año 563, se constituyó en el centro religioso de Oriente, asentándose allí el Patriarca de Constantinopla, alcanzando, la iglesia, una popularidad aún mayor que la que hoy disfruta. Por ello, después de la conquista de dicha ciudad por los turcos otomanos en el año 1453, estos se dieron buena prisa en transformarla en mezquita y en levantar los cuatro minaretes de sus esquinas, lo cual terminó de definir la imagen que hoy tenemos de ella. Durante este primer período otomano se demolió el viejo Palacio Patriarcal y se levantaron, adosadas, otras construcciones, entre las que podemos visitar las tumbas imperiales otomanas. También se incluyeron nuevos contrafuertes y refuerzos exteriores.

Hacia el primer cuarto del siglo XIX se llevó a cabo una gran reforma de la decoración interior, en la que se recubrieron los magníficos y ricos mosaicos con pasta de cal coloreada de ocre, y se colocaron los grandes paneles negros, con inscripciones del Corán, que aún cuelgan de los soportes.

Este monumento que fue ampliamente descrito por Procopio, por Pablo Silenciario y por el príncipe Vladimir, fue mezquita desde la fecha citada hasta que Ataturk la secularizó y la convirtió en museo el año 1935, retirándole colgaduras y cortinas, y devolviéndole parte de su claridad. En la actualidad es museo de sí misma, ya que sólo conserva algunos muebles de la etapa cristiana. A pesar de haber sufrido muchas redecoraciones puntuales, y de haber perdido buena parte de sus mosaicos, mantiene su ambiente casi original. Ha sido limpiada recientemente, el año 1990. 

Estudio de los elementos de descarga y arriostramiento de la estructura de Santa Sofía de Constantinopla.La planta de Santa Sofía de Constantinopla, no deja tanto margen como Santa Irene para la especulación teórica. Generalmente, los historiadores en relación con la forma de ella, la definen argumentando que se mueve entre la planta de espacio central, formulada por la nueva liturgia y la basilical que había definido al período paleocristiano y que ya había sido abandonada. Así, nuestro entrañable maestro Chueca Goitia, con su refinada poética, refiriéndose a la planta escribe: ".. su ambivalente condición, donde coexisten dos tendencias de clara tradición: por un lado, la tendencia basilical con su sentido dinámico y su ritmo longitudinal y, por otro, la tendencia centralista con el espacio estático de la cúpula".  Tengo para mí, que la planta de Santa sofía es muy pura y que se trataba de la resolución de un problema estructural claramente planteado. Se propuso un gran cuadrado que se debía cubrir con una gran cúpula descargando sobre cuatro grandes soportes, localizados en las esquinas del mismo. De aquí que la bóveda tenía que ser, al contrario de la actual, la que se construyó inicialmente. Es decir, la bóveda baída.

Al enorme espacio central debía anexionársele un nártex, un ábside y unas tribunas. Todos estos espacios secundarios podían cobijarse en los espacios mecánicos derivados de las formas de contrarresto de la gran bóveda. Manejando estas premisas, la posible complejidad de la planta debió ser el resultado propio y lógico del proceso intelectual de la elaboración del proyecto. 

La planta no puede ser más oriental, se trata de un rectángulo de 257 por 235 pies cuadrados, que aloja en su interior a un cuadrado de 100 pies de lado, el cual orienta sus diagonales según las direcciones de los puntos cardinales.  

Como planta de iglesia debe ser entendida como de doble casco, de la misma manera que se calificado la iglesia de los Santos Sergio y Baco. La tribuna, que se resuelve con bóvedas de aristas, rodea totalmente al espacio central salvo en las entradas o conexiones con el nártex y con el ábside. Aquí el cuadrado central se expande longitudinalmente con dos espacios simétricos, dotados de grandes semicúpulas, también baídas. Estos espacios, aún componiendo el espacio central, podrían entenderse como del presbiterio o santuario y, el opuesto, como del esonartex. Ambos se expanden nuevamente, en sus costados, mediante grandes exedras resueltas con bóvedas de cuarto de esfera. El nártex y el estrecho exonartex, quedan fuera del rectángulo descrito anteriormente, y ocupan toda la fachada Noroeste. Toman una longitud excesiva, ya que, alcanzando la dimensión del atrio, abarca casi todo el ancho de la iglesia. El ábside, poligonal en su forma exterior, queda perforado por doble fila de grandes ventanales, con tres huecos en cada una de ellas. La bóveda de cuarto de esfera del nártex, se perfora, como todas las del monumento, con pequeños huecos de iluminación.   

Cuando se visita Santa Sofía, esa montaña maravillosa, conociendo las vicisitudes, colapsos, movimientos y correcciones que han sufrido sus bóvedas, arcos, pechinas y contrafuertes, y recordando algunas de las magníficas descripciones de Procopio acerca del monumento recién terminado, en las que podemos leer: "... Es sumamente largo, pero extremadamente ancho. Es voluminoso, pero armónico.. ... La estructura es sólida, pero crea cierta sensación de inseguridad", uno se pregunta cuál será el coeficiente de seguridad actual y se tiene la sensación de que hasta los vidrios de sus ventanas están trabajando o contribuyendo, en el límite, a la estabilidad. 

El suelo en el que se asienta Santa Sofía, así como su cimentación, son los elementos que mejor han contribuido a que el monumento se haya mantenido en pie. No ha habido nunca ningún indicio de asientos debidos a la cimentación. No podemos decir lo mismo de sus fábricas de ladrillos, que como en todas las grandesEstudio de las bóvedas de Santa Sofía de Constantinopla. construcciones de Constantinopla, los gruesos tendeles de mortero, que en ocasiones alcanzan los siete centímetros, han ocasionado los lógicos problemas de aplastamiento y acortamiento de los mismos, con problemas de acomodación y fisuraciones locales de las fábricas.

Como ya hemos anunciado, una gran cúpula muy rebajada, descargando sobre cuatro grandes pilares, resolvió estructural y compositivamente, el centro de la iglesia. Para contrarrestar los empujes se optó por dos formas muy distintas. Según el sentido transversal, los empujes debían soportarlos los cuatro soportes, que más que gruesos pilares, se constituyen en torres huecas, dotadas de escaleras y orientadas transversalmente. En el sentido longitudinal, los empujes acumulados sobre la faz de los grandes arcos transversales, son absorbidos y trasladados, sucesivamente, a las bóvedas menores y a los pares de soportes en los que descargan los arcos diagonales de las exedras laterales, para terminar en el nártex y en el ábside.

Las semicúpulas o bóvedas baídas que hemos definido como del presbiterio y del esonártex, son excesivamente delgadas y su respuesta, empíricamente insuficiente, ha ocasionado que estas hayan pandeado y que, reiteradamente, la del esonártex, se haya aplastado en clave,  y alabeado la del presbiterio. Teóricamente, el nártex y las tribunas no contribuyen a la estabilidad estructural. 

Es obvio que, a pesar de la sencillez y claridad del esquema estructural planteado por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, las cosas no funcionaron como ellos esperaban. Resultaron de dimensionado insuficiente, pues la construcción está actualmente circundada, en todo su perímetro, de contrafuertes añadidos e incorporados en etapas posteriores.Estudio comparado de las dimensiones y curvatura de la bóveda central de Santa Sofía de Constantinopla.Principales colapsos de la bóveda central de Santa Sofía de Constantinopla.

La bóveda central, terminada de reconstruir el año 563 acabó por definir la silueta que hoy presenta el templo. Como ya hemos dicho, esta es más peraltada, hemisférica, y en consecuencia, de empujes menores. Se construyó mediante nervaduras de ladrillo; cuarenta nervios radiales que confluyen cerca de la clave dan cabida a cuarenta plementos curvos, de forma que hoy podemos definir a la bóveda como gallonada. Estos elementos de plementeria no arrancan del pie de la cúpula, de manera que dejan paso a cuarenta esbeltas ventanas con arcos de medio punto. El ancho de estos huecos es igual a la distancia que separa a un nervio de otro. La continuidad de estos huecos es tal que, desde el interior, parece que la bóveda está suspendida del cielo, ya que la luz que penetra por ellos debilita fuertemente la presencia de estos nervios. Desde el exterior, el refuerzo del arranque de dicha nervadura se muestra como una sucesión de pilarillos que conforma un anillo o corona, la cual, permite invertir la curvatura de la cubierta a su llegada al alero. Dicho anillo hace que la bóveda se perciba, nuevamente, como rebajada.

Antes de pasar a analizar otros aspectos y elementos constructivos de singular interés, queremos hacer hincapié en la capacidad organizativa, bien reconocida en el tesorero de Justiniano, pero que también debieron tener los responsables de la obra. Por otro lado, no era esta la única construcción que estaba realizándose en la ciudad, y llevarla a cabo en el tiempo señalado, hizo que se diera entrada en el campo de la construcción a todo tipo de personas. De todos los puntos y naciones acudieron buenos y malos operarios. Se contaron por miles los salarios de operarios en cantera, ladrilleras, carpinteros, albañiles y otros oficios.  

Estudio de algunas fases en la cosntrucción de Santa Sofía de Constantinopla.En la obra, los maestros constructores más experimentados, sin merma de afán y cariño por la construcción, la veían crecer sin dar crédito a su estabilidad. Convencidos a medias, adjudicaban el mérito, entre asombro y crítica, únicamente a sus arquitectos, y entendían que dicha estabilidad, respondía a un cálculo nuevo que sólo estos científicos podían abordar. De aquí que el modelo de Santa Sofía, apoyado por las vicisitudes que acompañaron a la bóveda, no fuese repetido en mucho tiempo. 

Santa Sofía es una construcción en ladrillo. Aparte de la cimentación, sólo los ocho gruesos soportes, que como hemos dicho son a su vez los contrafuertes iniciales, se construyeron mediante grandes sillares de piedra caliza. Estos sillares, que a veces superan la longitud de un metro, se mantienen con una altura media de unos 47 centímetros. No obstante, es necesario puntualizar que, a partir de que los contrafuertes alcanzan la altura de la cornisa de la tribuna o planta alta, estos soportes dejan de ser pétreos para tomar al ladrillo para sus fábricas.

Obviamente, además de las columnas con sus basas y capiteles, otros elementos pétreos están presentes en esta construcción. Así podemos ver las enormes losas que constituyen las cornisas,  donde el mármol proconésico toma un espesor de 60 centímetros y una longitud de 5 metros, a fin de atravesar el  muro. También las losas que conforman el pavimento son del mismo mármol.  

Algunos refuerzos pétreos, muy escasos, de granito verde local, se han encontrado en algunos puntos de la fábrica de ladrillo de laPrincipales materiales empleados en la construcción de Santa Sofía de Constantinopla. construcción justiniana. En la obra posterior, ya en tiempo otomano, la parte baja de los minaretes está constituida por una sillería muy bien labrada. 

Pero en los muros de Santa Sofía, los arquitectos se apartaron de la forma tradicional de construcción. La fábrica de pequeños y medianos sillares calizos, alternando su aparejo pétreo con diferentes hiladas de grandes ladrillos romanos, tan propia de Constantinopla y que podemos ver en las Murallas de Teodosio, en la antigua Puerta de Yedkule y en muchos otros edificios de la ciudad, no está presente en la construcción de esta gran iglesia. Ello viene a corroborar que, allí donde la acción del agua del subsuelo no está presente, el ladrillo era entendido como el material de refuerzo y su fábrica la más firme y seria. Por tanto, la fábrica de hiladas repetidas y alternadas de piedra y ladrillo tan natural en la construcción bizantina, aquí sólo la encontraremos en consolidaciones posteriores, realizada por los turcos. 

En dicha fábrica, que está compuesta por más volumen de mortero que de ladrillo, y aunque hay ladrillos menores, abunda el gran ladrillo cuadrado de 37,5 centímetros de lado y 5 centímetros de espesor. El mortero de cal y polvo de ladrillo alcanza, en la mayoría de los tendeles, una altura de junta de casi 7 centímetros. La incorporación de polvo de ladrillo, en este caso muy poco pulverizado, proporciona al mortero condiciones hidráulicas y lo hace más fuerte y estable, dotándolo del color rosado que muestra, con uniformidad, la fábrica de Santa Sofía. No obstante, es fácil comprobar que no todos los morteros son iguales. 

En el aparejo de los grandes arcos encontramos ladrillos mayores, cuadrados de hasta 70 centímetros de lado, pero estos no son ladrillos locales, no poseen la misma densidad y, aunque pudieron fabricarse fuera, la tesis más admitida es que fueran bipedales romanos tomados de otros edificios. 

También el hierro y el bronce, como materiales y como elementos constructivos, están presentes en Santa Sofía. A pesar de que no existen grapas entre los sillares de su fábrica pétrea, podemos observar en el monumento distintas formas de uso de estos dos metales. Buena parte de las columnas y fundamentalmente las que constituyen las exedras, están abrazadas, en el arranque y coronación de sus fustes de pórfidos, por collares de bronce. Estos collarines, aunque fueron fundidos con gran riqueza decorativa, no dejan de mostrar su función mecánica de serias abrazaderas y es que, sabiendo los autores del proyecto que en esos puntos se desarrollan tensiones especiales, podían así, afinar más en la esbeltez de esas columnas.  

Todos los arcos menores están atirantados en sus arranques, por barras de hierro forjado, salvo aquellos, que por su corta luz, son de madera; como es el caso de los arcos laterales de las pequeñas bóvedas de aristas de los rincones de las tribunas. Estos tirantes metálicos encuentran clara justificación y de hecho tienen mayor presencia, cuando se sitúan en el eje transversal de simetría de la planta de la iglesia, donde los empujes locales de las bóvedas que resuelven los forjados de las tribunas, acabarían por aparecer en el muro lateral, que a modo de plemento cierra al gran arco sin demasiada trabazón con él.  

Caminando por la úVista parcial de la cubierta y de las trompas exteriores que recogen los empujes de la bóveda central.ltima cornisa, desde el interior de la bóveda, se hacen visibles las cabezas de anclajes de largas barras de hierro forjado de unos 4 m. de longitud y una sección maciza de 50x40 milímetros cuadrados, que inducen a esperar la presencia de más barras prolongadas debajo del suelo de la galería.  Estas barras debieron introducirse con motivo de algunas de las reconstrucciones que tuvo que sufrir la bóveda. Por la magnífica calidad del hierro, que no presenta indicios de perdida de material por corrosión, se puede pensar que sería en la reconstrucción llevada a cabo por el arquitecto armenio Trdat cuando se introdujeron estos refuerzos metálicos. 

En Santa Sofía, como en toda la construcción bizantina de esta primera etapa y desde luego en los edificios levantados en Constantinopla, contrasta la profunda sobriedad de su exterior con la enorme riqueza con que se revistió su interior. La enorme categoría y colorido de sus aplacados marmóreos, la variedad de sus capiteles de cesta, de pliegues o troncopiramidales invertidos con cimacios, labrados en todas sus partes con profundos y agudos acantos, y la riqueza de sus mosaicos, dotaron a todas la iglesias bizantinas de ese aire de misterio y riqueza, del que la Divina Sabiduría no quiso estar ajena. Las dimensiones de las placas de mármol colocados en las paredes, requerían espesores que en ocasiones superaban los 3 centímetros y la necesidad del empleo de grapas o elementos metálicos de anclaje. Las losas del pavimento alcanzan espesores superiores a los 5 centímetros. Todos los fustes de las columnas son de mármol, a excepción de las que conforman a las exedras, que son de pórfidos. Se trajeron mármoles de todas las partes del Egeo, de antiguas construcciones de Éfeso y Mileto, y fundamentalmente, de las antiguas y abundantes canteras de las islas de Proconesia, en el Mar de Mármara.

Capitel de Santa Sofía de Constantinopla.Capitel de Santa Sofía de Constantinopla.En estas canteras se trabajaba sin descanso. En ellas se labraron casi todos los capiteles que luce la iglesia, en la variedad que acabamos de reseñar. La sobriedad, dimensión y elegancia de los capiteles de Santa Sofía, con sus formas anticlásicas, de acantos puntiagudos o cardos labrados con buriles y trépanos, puede tenerse como la aceptación occidental de las formas orientales. De las mismas canteras proceden las grandes losas de las cornisas y todo el mármol gris del pavimento y de los pedestales o basamentos de las columnas de la planta baja. No obstante, se trajeron mármoles de otros lugares de los que sólo podemos reseñar algunos, como: el verde limpio de "Carystus", el verde esmeralda de "Sparta", los mármoles "Iassian" con venas ondulantes de blanco y sangre y los mármoles coloreados de las "Colinas del Moors". Asimismo, se trajo muchas piedras "Phrygian" coloreadas de rosa y blanco, o con profundas venas de plata sobre campo rojo. Se trajeron también, la piedra roja "Rayada de Lydia" y la "Piedra Céltica" donde el blanco leche se derrama en el fondo negro reluciente. El apreciado ónix que tanto gustaba, se buscó y se acarreó con mayor interés y cuidado que si de oro se tratara.

Nos hemos entretenido en describir parte de los mármoles que revisten Santa Sofía para que se comprenda que su riqueza interior y su aire misterioso no fue casual, y que las columnas, de pórfido rojo, próximas al ábside fueron buscadas para ese lugar, con todo empeño. Igualmente ocurrió con las de las exedras, de pórfidos pulverizados con manchas brillantes y con las columnas de mármol verde con vetas blancas de las galerías altas y bajas. También el contraste de los cuarteles de mármoles, "Fresco verde de las tierras de Atrax", colocados en las paredes superiores, fue algo tan probado como los campos de mármoles reunidos en el pavimento.  

Con todo, la luz es el elemento místico. La iluminación que golpea en los mosaicos, que brilla adelante de los mármoles, y que penetra para definir el espacios, se convierte en agente que parece disolver la sustancia material para dar de ella una visión espiritual. En Santa Sofía se funde la lógica de la teología griega, la escala ambiciosa de Roma, la tradición del abovedamiento del cercano Oriente y el misticismo del Cristianismo Oriental, creando un monumento que rememora toda la tradición de la antigüedad y la afirmación positiva del triunfo de la fe del Cristianismo.

4.- SANTA  IRENE   O   EL  TEMPLO   DE  LA DIVINA   PAZ.  

En el lugar donde hoy se levanta la actual Santa Irene o templo de la Divina Paz, se situaba una basílica que debió oficiar como Iglesia Mayor de Constantinopla y que durante la triste semana que puso fin a las revueltas de Nika, fue incendiada quedando totalmente arruinada. Al parecer sólo los muros de la planta baja pudieron recuperarse. Justiniano emprendió su reconstrucción el mismo año 532. Dos siglos más tarde se hundió bajo los efectos del terremoto del año 740. Los grandes arcos y las bóvedas que hoy podemos ver, fueron reconstruidos con posterioridad a esta fecha. Es probable que en esta reconstrucción, que debió ser muy fiel a su estado anterior, se introdujese, como obra nueva, el gran cimborrio que hoy define la coronación de la iglesia. 

Como en toda la construcción bizantina de este momento, el cimborrio, a pesar de su enorme potencia, no constituye un cuerpo cilíndrico independiente de la bóveda sobre el que ella  pueda apoyarse. Por el contrario, interiormente, el cimborrio forma parte de la bóveda y de su estribo de contrarresto. Así, esta bóveda, como hemos visto en la de Santa Sofía, está perforada en su arranque por ventanas de iluminación, resolviéndose sus huecos mediante arcos de medio punto y pilarillos de ladrillos. Estos pilaretes que, vistos desde el exterior, se adelantan a la superficie del tambor, se alzan hasta la imposta de los citados arcos de las ventanas y constituyen unPlanta y secciones de Santa Irene de Constantinopla. conjunto de contrafuertes de la bóveda en sus estribos.  

Con frecuencia, se define la planta de Santa Irene como basilical de tres naves, y aunque pueda encontrársele parecido con la de la Basílica de Meriamlik, conceptualmente nada tiene que ver con dicha tipología. Lo extraño de ella, o al menos lo singular de la planta, es lo que hace que cada historiador pueda definirla de distinta manera, pero ni funcional ni constructivamente responde a la forma basilical. Debe entenderse como una iglesia de espacio central, que respondió a la nueva liturgia de la misma forma que lo hacía la iglesia de los Santos Sergio y Baco o Santa Sofía de Constantinopla, aunque este espacio se vea dividido o duplicado. 

Así, desde el aspecto estructural y constructivo cada uno de los dos grandes espacios que se cubren con sendas bóvedas, deben observarse como asociados, pero dotados de gran independencia mecánica. No obstante es obvio que es el gran arco intermedio el responsable de la estabilidad de una u otra bóveda y el que proporciona esta independencia o vinculación mecánica, según quiera entenderse.

Dichas bóvedas, se elevan sobre grandes arcos y, estos, sobre los amplios soportes que se emplazan en las esquinas de dichos espacios. Estos soportes, más que como gruesos pilares han de verse como muros transversales, que interrumpen la continuidad de la tribuna. El gran espacio central se rodea de una tribuna que se interrumpen sólo para dar paso al ábside poligonal, con lo cual responde más a la planta de las iglesias de doble casco que a la planta basilical, aun cuando en ella pueda encontrarse un cierto sentido longitudinal. Dicha tribuna es soportada por las bóvedas de aristas que se desarrollan en la planta baja.

El primer cuerpo del espacio central o más próximo al ábside, es perfectamente cuadrado y se cubre con la cúpula o bóveda circular sobre pechinas, que acabamos de analizar al describir el gran cimborrio o tambor que define exteriormente a la construcción. El segundo cuerpo o más próximo al nártex es rectangular y se cubre con bóveda baída, de planta elíptica. Esta media naranja alargada cuya superficie desciende por sus pechinas es muy rebajada y apenas se manifiesta desde el exterior del edificio.

Módulo estructural de Santa Irene.Vista del Cimborrio de Santa Irene.Como ya hemos señalado, entre estos dos cuerpo se interpone un arco de gran profundidad de intradós, lo cual hace que durante la fase de construcción, ambas cúpulas, no se necesitaran, una de otra, para anular sus empujes entre sí. Así, establecidas las pechinas, pudieron construirse, las bóvedas, con total independencia. Del mismo modo, un gran arco de enorme profundidad se interpone entre el espacio cuadrado y el ábside, de manera que, mecánicamente, también este arco podría, por sí sólo, contrarrestar los empujes de la gran bóveda sin necesidad de la aportación de la bóveda de cuarto de esfera, que cubre al ábside. Como en San Vital de Rávena, en la gran profundidad del intradós de este arco de embocadura del ábside, se resuelve el santuario.

Aún mayor profundidad toman los arcos laterales, que pueden verse como bóvedas de cañón o cañones transversales de contrarresto de las citadas cúpulas y en los que dicho "ancho de intradós" es igual al ancho de la tribuna. De este modo se podría concluir en que la forma estructural del los espacios centrales son, en síntesis, la del espacio cuadrado cubierto con cúpula, contrarrestado por cuatro cañones circulares que determinó la planta de cruz ensayada en el Palacio de Sarvistán.

En el extremo Sureste, se sitúa el ábside que se abre al exterior con tres grandes ventanales resueltos con arcos de medio punto. Todo él, queda entronizado u ocupado con una grada de gran altura. Este tipo de coro era frecuente en la costa Sur de Asia Menor e idénticamente lo encontramos en la iglesia de San Nicolás de Myra, entre Dere Agzi y Perge, y en la propia Santa Sofía de Constantinopla. En el extremo opuesto se sitúa el nártex, resuelto en dos plantas y mediante las mismas bóvedas de aristas que acabamos de señalar en las galerías laterales de la planta baja.

Vista general de Santa Irene de ConstantinoplaToda la construcción se resuelve mediante una sillería de grandes sillares de piedra caliza, aunque, en su fachada, la fábrica pétrea se resuelve con sillares de menor tamaño y se refuerza con amplias fajas de hiladas de ladrillos.

Todos los arcos, incluso los que coronan los huecos de las ventanas, se resuelven con roscas de ladrillos. También de ladrillos son los arcos de la arquería baja de las tribunas. Estos arcos son muy peraltados y elevan sus estribos más allá de sus impostas mediante patas o pilaretes de ladrillos que descargan en las cortas columnas pétreas, lisas y monolíticas, que se colocan sobre altísimos pedestales. La forma peraltada de estos arcos junto a la decoración de las pechinas proporcionan, a la iglesia, un cierto aire oriental. Estas pechinas son muy irregulares y hacen que el anillo o andanada de arranque de la cúpula se parezca poco a un círculo. El interior, aún siendo muy delicado y respetuoso con su limpia volumetría exterior, es excesivamente sobrio, y si la visitamos ahora, encontraremos buena parte de su fábrica sin revestir y, salvo la ligera o pobre decoración de las pechinas, se muestra ausente de todo elemento decorativo.

 

Actualizado 25/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|