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Inicio Colecciones  C14 La construcción en la Persia Aqueménida, Parta y Sasánida.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C14 Rama Arquitectura Persa-Sasánida             
C141 Rama La herencia Aqueménida        
C142 Rama El "Iwan" como el Legado Parto
C143 Rama La etapa Sasánida
C1431 Rama La construcción Sasánida    
C1432 Rama Edificios de la Arquitectura Sasánida   
C1433 Rama Elementos decorativos e influencia en la arquitectura Bizantina

 

El capítulo de La construcción en la Persia Aqueménida, Parta y Sasánida se desglosa en el apartado: La construcción en la persia aqueménida, parta y sasánida.

LA CONSTRUCCIÓN EN LA PERSIA AQUEMÉNIDA, PARTA Y SASÁNIDA.

En el capítulo primero, en el que tratábamos de la " Construcción en Asiria y Persia" iniciamos, someramente, el estudio de la construcción persa-sasánida como parte final de la construcción desarrollada en Mesopotamia y en el Oriente Próximo. Lo hicimos así, con el fin de mantener allí, la continuidad que existió entre los distintos períodos o etapas por las que pasó el Valle del Tigris y del Éufrates y la orilla oriental del Golfo Pérsico.

 


Extensión del Imperio de Ciro y del Imperio de Sasánida.Ello nos obligó a avanzar en la historia hasta el siglo VI de nuestra era. Volvemos ahora a aquellos lugares, pero en el tiempo en que la arquitectura persa fijaba las bases de los elementos y sistemas constructivos que manifestaron su influencia en la construcción de la arquitectura de Bizancio.

Estudios recientes del arte y de la cultura antigua han venido a confirmar, que el Arte Parto y el Sasánida no fueron marginales al Arte Romano, ni al tardo-romano, ni mucho menos al Bizantino. Por el contrario, aunque dominados por griegos y romanos en distintas etapas y cargados del influjo helenístico, constituyeron una fuente importante de inspiración para todos aquellos pueblos que, en una y otra dirección, campearon por sus dominios. 

Siendo el territorio persa camino obligado para el comercio y las comunicaciones con Oriente, era lógico que los pueblos de concepción imperialista tratasen de establecer asentamientos en dichas rutas, aunque estas plazas fuesen difíciles de conservar, pues era igualmente lógico que, periódicamente, surgiera el caudillo del pueblo sometido que arremetiera contra el invasor. No obstante, ni griegos ni romanos se sintieron extranjeros en estas tierras. Ya hemos visto cómo los emperadores  y cónsules romanos que llevaron a cabo las campañas de Oriente, trataron de llevar a Roma las formas constructivas aprendidas en estos dominios.

Sólo puede entenderse la forma y emplazamiento de sus ciudades y, sobre todo, la aportación de estos pueblos iranios a la construcción de la arquitectura de Occidente, conociendo la identidad y realidad de los mismos. Dicha contribución, a través de la arquitectura romana y bizantina, está más que probada.

Después de la destrucción de Asiria y de haber sido arrasada su capital, Nínive (612 a.C.) la vieja Mesopotamia quedó dividida en el Reino Babilónico del Valle del Tigris y del Éufrates, en tanto que la parte montañosa del Norte  quedó bajo los dominios del Reino Medo. Hacia el año 550 a.C. Ciro, príncipe de Persia, restituyó la integridad del territorio aunando a medos y persas e incluyendo en sus límites toda la Capadocia. Para entonces, Susa se había constituido en la capital del Imperio, había sido construido el Palacio de Pasargada, y Persépolis se manifestaba como la gran ciudad del nuevo estado. A la muerte de Ciro, Egipto ocasionó grandes derrotas y logró desarbolar al potente y temido ejército persa. 

Hacia el 513 a.C., Darío, sobrino de Ciro el Grande, reorganizó el ejército y tras lograr el respeto de sus fronteras, estableció un período de paz y armonía con sus vecinos. Esto, le permitió emprender la construcción del magnífico conjunto de palacios que dispuso Persépolis. En esta espléndida construcción quedó emplazada más tarde, la Sala de las cien columnas, que ya hemos visto en el capítulo primero. Pero hacia el año 333 a.C. en tiempo de Artajerjes II, Alejandro de Macedonia, que había sido discípulo de Aristóteles, al frente del ejército griego invadió todo el imperio persa, avanzando simultáneamente hacia la India y Egipto donde fundó Alejandría. En Oriente, en la cabecera de Río Indo (actual Afganistán), estableció la Alianza Greco-Bactriana, y en el interior, todos los territorios Seleucidas quedaron incorporados al Reino de Pérgamo. Once años más tarde murió Alejandro Magno en Babilonia, dejando a Persia impregnada del gusto helenístico y a los reinos seleucidas dependiendo de Pérgamo.

El año 247 a.C., Tolomeo III de Egipto invadió Siria y buena parte de Persia. Por fin, el año 141 a.C., Mithridates I, primer rey parto, consolidó la frontera con Roma en Occidente, en torno a Dura-Europos, y en Oriente, estableció la "alianza Indo-Parta", fijando así el nuevo territorio persa que se mantendría durante la etapa parta y sasánida e incluso, hasta la expansión islámica.

Después de algo menos de un cuarto de siglo, el año 224, Ardeshir príncipe persa, se constituyó en el primer rey de las dinastías sasánidas. Durante estos dos períodos, Parto-Persa y Persa-Sasánida y hasta la invasión árabe que acabó definitivamente con el Imperio en el año 642, las guerras con Roma en las frontera de Occidente fueron, aunque intermitentes, permanentes.

De entre los romanos que viajaron por estas tierras o que lucharon contra los ejércitos partos, son dignos  de  reseñar: Marco Licinio Crasso, que  murió en la lucha contra los partos (53 a.C.) y que en varias ocasiones acompañó a Sila, el enamorado de estas tierras, quien, como hemos dicho, fijó las bases de la arquitectura de la Roma Imperial; Marco Antonio, que fue gobernador de Oriente hacia el año 36 a.C., y que antes de encerrarse en Egipto anduvo frente a sus legiones por los territorios persas; Trajano fue quien por el año 114 d.C. dirigía las tropas contra los partos; Avidius Cassius capitaneaba sus legiones de oriente el año 165 y Septimio Severo derrotó a los partos y conquistó Ctesifonte el año 195. 

Ruta de la SedaCon todo lo expuesto en los párrafos anteriores puede comprenderse que la construcción parta fuese ruda, planteada para la defensa de las continuas invasiones y que siempre, sus asentamientos se situaran vigilantes, a lo largo de los dos grandes ríos y de la "ruta comercial de la seda". Éfeso, Edessa, Ctesifonte, Ecbatana y Merv, eran algunas de las ciudades de dicha vía comercial. En Merv los caminos se orientaban hacia el Este, para penetrar en la India por Taxila, en la región de Gandhara, y hacia el Noreste para adentrarse en China por Kachgan y la margen norte de Río Tarim. Esta ruta se alternaba con la que recorría la meseta de Niya, por la parte norte de la región tibetana.

Buena parte de la etapa persa-sasánida coincidió con la época de Constantino y Justiniano, y por tanto, con la propagación del Cristianismo, siendo por ello, una invasión  fundamentalmente colonizadora y pacífica. Todos los pueblos asentados en torno al Tigris y al Éufrates, en el Golfo Pérsico y hasta en el mismísimo Mar Negro, fueron colonizados por arrianos y cristianos. Así, para el siglo V, más de veinte ciudades de este entorno disponían de obispado, arzobispado o patriarcado. De entre ellas, destacamos sólo Perath en el delta de los citados ríos, Ctesifonte, Arbela, Amida y Martyriopolis en las márgenes del Tigris; Dura-Europa, Edessa, Melitene y Satala en las riveras del Éufrates; y sobre el Mar Negro, Trapesus, Amisus, Sinope y Calcedonia. En esta última localidad tuvo lugar el concilio ecuménico del año 451 convocado por Marciano, emperador de Oriente.


Actualizado 28/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|