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Inicio Colecciones  C143 La etapa Sasánida.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C14 Rama Arquitectura Persa-Sasánida             
C141 Rama La herencia Aqueménida        
C142 Rama El "Iwan" como el Legado Parto
C143 Rama La etapa Sasánida
C1431 Rama La construcción Sasánida    
C1432 Rama Edificios de la Arquitectura Sasánida   
C1433 Rama Elementos decorativos e influencia en la arquitectura Bizantina

 

El capítulo de La etapa Sasánida se desglosa en el apartado: LA ETAPA SASÁNIDA.

LA ETAPA SASÁNIDA

Las distintas dinastía partas y concretamente la última, "los arsacidas", fundada por Arsaces el año 250 a.C., ha sido tachada por los historiadores de quedar atrapada por el helenismo seléucida.

 


Hoy se sabe que arsacidas y seléucidas eran enemigos abiertos y que les separaban enormes diferencias; por tanto, la llegada al poder de la primera dinastía sasánida no parte de una reacción contra el "filhelenismo" sino que, en un estado cuajado de diferencias feudales, fue la sucesión normal de una dinastía irania agotada, por una dinastía persa cargada de iniciativas renovadoras, a pesar de que el relevo se diera mediante el uso de las armas.

Extensión del territorio persa en la etapa sasánida.El antagonismo entre la nobleza feudal y la máxima autoridad era de tal magnitud en la sociedad irania, que cada príncipe de cada casa de nobleza era un pequeño rey, de forma que el rey de todos debía imponerse y ser designado como "Rey de Reyes" en base a su capacidad de aglutinar una fuerza militar capaz de garantizar la integridad del territorio. Así ante una dinastía parta en decadencia, surge, hacia el año 224 d.C., Ardashir (Ardeshir), de la Casa de Sasán, en la provincia de El Fars, área de Istajr y Persépolis. Sasán, abuelo de Ardashir, fue un sacerdote "Anahita" de gran consideración, que fundó una dinastía local en la Parsua, cuya Casa, junto con la Casa de Dara, tenían a sus descendientes como los miembros más directos de los grandes monarcas aqueménidas, Ciro y Darío.

Tras acallar por las armas a los arsacidas de Artabano, Ardashir fue coronado rey el año 226 d.C. en Ctesifonte, cerrando definitivamente la importante página histórica escrita por los partos. No obstante, y aunque nadie puede negar que en su última etapa, los partos fueron claros receptores del helenismo y de las formas clásicas romanas, también fueron capaces de mantener el arte y el espíritu nacional fundado por Ciro. Estos, como cualquier pueblo persa que pretendiera mantener su supremacía, debían contentar a la nobleza, al ejército e incluso al clero, a fin de garantizar la continuidad histórica de Persia. Las dinastías partas sirvieron de enlace entre las aqueménidas y las sasánidas, llenando los casi cinco siglos de historia que mediaron entre ellas. 

Ardashir debió ser un hombre inteligente, religioso y valiente, pues en muy poco tiempo, además de ser aceptado por la mayor parte de la nobleza, supo ganarse a los comerciantes, al clero e incluso a las masas campesinas. De esta forma emprendió el camino de la unificación deseoso de recomponer el Imperio Persa, creando un ejército iranio del que decía conocer su fidelidad y valentía. Sin menospreciar la religión de Ahura Mazda (mazdea), llevo al clero a admitir la religión "zoroastriana", profesada por él e introducida por Artajerjes II, y que a partir de entonces fue plenamente aceptada por la clase sacerdotal. En dicha religión se apoyó para crear una conciencia de Estado en el pueblo persa-iranio. Cuando fue coronado en Ctesifonte, sospechando los posibles rechazos que pudiera generar en la nobleza irania, descendió hacia el Sur y estableció su residencia en la que más tarde sería la ciudad de Firuzabad. Allí, hizo construir su palacio fortificado "Qal'a-e-Dujar", en una zona rocosa que dejaría a las afueras de la citada ciudad y cuyos restos, aún hoy, podemos contemplar.

Fábrica de mampuestos de los muros de Firuzabad.El Palacio de Firuzabad fue construido bajo el control directo del nuevo Rey de Reyes, y no puede pedírsele, a ninguna otra construcción, que recoja con mayor orden y elegancia toda la síntesis de la arquitectura parta y aqueménida. Por ello, y siendo la Arquitectura la mejor forma de expresión de cualquier pueblo y más aún la de los monarcas persas, que la entendieron como el modo más eficaz para expresar su poderío, es este palacio de Firuzabad el documento más válido para demostrar que en el primer rey sasánida, no anidaba el sentimiento negativo de la arquitectura que habían acuñado los arsacidas.  

Antes de cerrar esta pequeña introducción histórica en torno a la primera dinastía sasánida, digamos que nos parecería lógico que en las áreas del Sur, se diera una cierta fobia hacia el helenismo y que lo tuvieran como signos del invasor, pues el paisaje de fondo de estas tierras lo constituían permanentemente las ruinas de los palacios de Persépolis, cuya maravilla y posterior destrucción por Alejandro, debía narrarse épicamente, de padres a hijos. No obstante, el helenismo había impregnado hondamente al país y esto no era fácil de erradicar. Por otro lado el primer rey sasánida, Ardashir I, que se enfrentó a Roma hasta fijar las fronteras de su reino, terminó siendo el mejor valedor de la cultura extranjera. Más duro lo tuvieron los romanos con Shapur I (Chapur), hijo de Ardashir, el cual, les derrotó varias veces y les arrebató Antioquía, la capital seléucida fundada y muy querida por Alejandro, aunque más tarde volvería al Imperio Bizantino. 

Shapur I para mantener su frontera por el Norte tuvo que enfrentarse a Armenia, que fue siempre provincia romana, y en el Éufrates, tuvo que enfrentarse contra las primeras invasiones musulmanas cuando aún mantenía un frente abierto contra los romanos. Tras hacer prisionero al propio emperador Valeriano y a su numeroso ejército, se sirvió de esclavos romanos para construir sus grandes presas y canales. Valeriano, que había perseguido duramente a los cristianos, murió en prisión un año más tarde de su derrota frente a los sasánidas, el año 260.  

Pero no todo fueron guerras entre sasánidas y romanos, muchos lazos culturales se establecieron entre estos dos pueblos. Los cristianos que desde el siglo II, tiempos del Imperio Parto, habían establecido sus comunidades cristianas en Antioquía, Armenia y en toda Siria, zona siempre en litigio entre sasánidas y romanos, hicieron posible que constructores y operarios romanos trabajaran en el Imperio Sasánida y que, con mayor frecuencia, maestros y profesionales sasánidas y armenios intervinieran en el Imperio Romano de Oriente. Pero esto lo veremos, con mayor detalle, al estudiar la construcción de la Arquitectura Bizantina

Los cristianos en Irán nunca fueron inquietados, e incluso en estas tierras, ya en tiempos sasánidas, se sentían más seguros que en la propia Roma, la cual era frecuentemente invadida por alanos, lombardos y otros bárbaros. Con Shapur I (240-270), el Irán-sasánida gozó de la etapa más agresiva y floreciente de sus quinientos años de historia. Esto, no sólo fue notorio en el arte y en el comercio, sino también en su agricultura.

Otros monarca del referido período deben ser citados, por las razones que en cada caso exponemos a continuación: con Shapur II se dispuso de un larguísimo reinado, setenta años relativamente pacíficos y sin grandes acontecimientos; Bharam V, sin descuidar la defensa de las fronteras, dió al Imperio un aire de hospitalidad y euforia, tuvo la dicha de ver como se levantaba el Palacio de Sarvistán, el cual constituye, sin duda, el mejor taller o la gran escuela de la construcción sasánida. Por último y cerrando este resumido capítulo de historia cronológica, Cosroes I que coincidió, en el tiempo, con Justiniano, fue un hombre dialogante, generoso y admitió, con talante de bienvenida, la invasión de artistas y filósofos procedentes de la Academia de Atenas, cuando ésta fue cerrada definitivamente por Justiniano. 

Desde esta fecha, año 578, hasta la invasión árabe, que acabó con la etapa sasánida el año 651, se produjo una decadencia en la que no se dieron hechos que puedan interesarnos como referencia al marco de nuestro trabajo.  No obstante, a este último período corresponde el reinado de Cosroes II, a quien, durante algún tiempo, se le atribuyó la construcción del Palacio de Ctesifonte. Sin embargo, ésta edificación fue calificada como "residencia espléndida de los monarcas sasánidas" en las narraciones de la literatura musulmana,  desde las primeras invasiones árabes del final del siglo III. Ello supone que Cosroes II, durante el tiempo que lo ocupó, sólo debió remodelarlo.

Actualizado 28/03/08

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