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Inicio Colecciones  C141 La herencia Aqueménida
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C1 Rama Historia de la construcción
C14 Rama Arquitectura Persa-Sasánida             
C141 Rama La herencia Aqueménida        
C142 Rama El "Iwan" como el Legado Parto
C143 Rama La etapa Sasánida
C1431 Rama La construcción Sasánida    
C1432 Rama Edificios de la Arquitectura Sasánida   
C1433 Rama Elementos decorativos e influencia en la arquitectura Bizantina

 

El capítulo de La herencia Aqueménida se desglosa en el apartado: LA HERENCIA AQUEMÉNIDA.

LA HERENCIA AQUEMÉNIDA

Es probable que el ziggurat de Ur (2350 a.C.) no aspirara a fijar, de forma tan definitiva, los retranqueos y salientes que habían de conformar a los potentes muros de las construcciones de tan vasto territorio. Del mismo modo, es posible que los reinos semitas al construir la Puerta del Isthar del Palacio de Mari, no imaginaran que con sus ladrillos esmaltados y cerámica vidriada, abrían una investigación que aún en nuestros días continúa su desarrollo.

 


Casas Babilónicas y Casas Aqueménidas.Una y otra oferta, y muchas más que iremos señalando, fueron tomadas por los períodos neo-sumerios y babilonios, y más tarde por las distintas etapas de la arquitectura persa, sin que el incendio y la destrucción de Persépolis por Alejandro Magno, ni el filhelenísmo parto, mermaran su huella.

Los medos, pueblo indoeuropeo e iranio que ocupaba la región "Media", al menos desde el siglo IX a.C., se alinearon con los babilonios para acabar con el poder asirio (612 a.C.). Aquellos, constituían una raza fuerte y potente pero, a diferencia de los babilonios, no tenían ningún espíritu imperialista. Más tarde, de entre las inquietas tribus del Sur, surgió Ciro, de la familia de los aqueménidas, que había sido amigo y vasallo de los medos y que acaudilló a los persas contra la alianza medo-babilónica. Después de varias contiendas, el año 539 a.C., Ciro tomó Babilonia y se proclamó "Rey de los Cuatro Confines".

Como ya hemos apuntado en la breve reseña histórica con que hemos abierto este capítulo, durante las dinastías aqueménidas, el imperio persa-babilonio abarcó desde Asia Menor hasta la India e incluso, incorporó a su territorio el norte de Egipto, llevando sus fronteras por el Mediterráneo hasta Cirene, más allá de Alejandría.

Los edificios propios de la etapa aqueménida son sin duda el palacio y la casa, y ambos son consecuencia heredada del palacio babilónico, el cual no era más que la casa asiria que multiplica sus dimensiones, el número de sus estancias, su suntuosidad y representatividad, elevándola hasta la categoría de palacio. No obstante, la casa persa manifestaba, en el desarrollo de su programa, su concepción nómada, y es cierto que de algún modo, la actividad edificatoria de este período, digna de mención, se reduce o se centra en la construcción del palacio. Este, se manifestó como la primera construcción persa con vocación sedentaria y de entorno, en tanto que la vivienda era de adobe, de muy pobre programa y aspiraciones, y se correspondía con el carácter de una sociedad libre de los citados vínculos sedentarios. Incluso los primeros palacios-ciudadelas, como es el caso de Pasargada, por la disposición de los edificios, la forma circular del recinto y la cerca, que más que defensiva trataba de definir los límites del territorio del recinto palaciego, mantenían ese mismo sentido de enclave de corta parada.

Por ello, cuanto se ha dicho en relación con que durante este período aqueménida, sólo el palacio requería los servicios y atención de los arquitectos y constructores, puede ser admitido como cierto desde la perspectiva del historiador que ha de remitirse a edificios singulares. El estudioso de la construcción ha de encontrar datos yOrientación de la planta del templo y del palacio. razones menos inmediatas en otras fuentes, como la arqueología, in situ.

De la casa de este período persa no se tienen demasiados datos y aunque se quiera imaginar, con buena lógica, que era fácil tomar como modelo a la casa bien desarrollada en Babilonia, esto no debió ser así para una sociedad de mentalidad nómada. Las primeras casas debieron ser un único recinto rectangular de adobe, delante del cual se anteponía un gran espacio cubierto de ramas y sustentado por delgados troncos, a la manera que se levantaba la parte delantera de la vieja tienda, a la hora de la tarde-noche. Por ello también se relaciona, sin mucha argumentación, a la "apadana" o sala de audiencia del palacio aqueménida, con el lugar de tertulia que proporcionaba este toldo levantado de la primitiva carpa.

Los palacios aqueménidas son una consecuencia de los palacios babilónicos y, en última instancia, de la arquitectura de la antigua Mesopotamia. Sus plantas responden a un rectángulo, dentro del cual se encierra un cuadrado perfecto cuya orientación es consecuencia de la coincidencia de los puntos cardinales con los vértices del mismo. Este motivo es entendido, durante este período de aspiración imperialista, como símbolo de los cuatro confines.

Recordemos que en los palacios asirios, estos espacios cuadrados los ocupaban los patios, los cuales quedaban muy encerrados en el interior del conjunto de la edificación. En la arquitectura aqueménida este espacio cuadrado fue conquistado por las salas hipóstilas, y es posible que fuera el propio Ciro quien habiendo conocido en Egipto, la suntuosidad y carácter de concurrencia de dichas estancias, concibiera dicha transformación en el patio del viejo palacio e introdujera en él, esas amplias salas repletas de columnas. En consecuencia, también es fácil relacionar los preciosos techos de aquellas salas egipcias, con los suntuosos techos planos con que se cubrieron las grandes apadanas o salas del trono.

El palacio y las otras dependencias que quedaban encerradas en la ciudadela fortificada, se emplazaban sin demasiados condicionantes urbanísticos, de manera que no existía, en principio, un sometimiento a ningún tipo de trama. No obstante, el hecho de que todos los edificios resultaran paralelos, por razón de que los vértices de su cuadrado interior debían coincidir con los puntos cardinales, hizo que al colmatarse el espacio por la introducción de nuevos palacios, en los amplios espacios libres, resultase al final, una disposición relativamente ordenada, separada por estrechas calles paralelas y ortogonales, como ocurriríaPlataforma y ruinas de Persépolis. en Persépolis.Persépolis.

Como en la vieja Mesopotamia, los palacios aqueménidas se elevaron sobre terrazas artificiales o plataformas, que en algún caso, como es el de Persépolis, gran parte de esta elevación se constituyó por una terraza natural. Pero de forma general, el adobe de aquellos tells que elevaban a los palacios asirios, fue sustituido por la piedra. A estas plataformas se accedía a través de una escalera de amplísimas dimensiones y de escalones de corto peralte y ancha huella, ya que por ella debía acceder la caballería. En el caso de Pasargada la anchura de dicha escalera superaba los 20 m.

No obstante, los muros continuaron siendo de adobe, presentando retranqueos y resaltos verticales o bandas adelantadas y, también aquí, se mostraba la referida influencia mesopotámica. De esta forma, estos muros se manifestaban más potentes, por quedar revestidos o  protegidos con placas de piedras decoradas o ladrillos vidriados (esmaltados), que por su propio espesor. Además, como en el viejo palacio, las entradas estaban protegidas por potentes animales con cabezas humanas barbadas y toros alados.

Se puede hablar en la arquitectura persa desarrollada en el período aqueménida, de dos vocaciones constructivas, por un lado la de potenciar la construcción en piedra, material propio y lógico del lugar donde habían decidido localizar sus asentamientos, y por otro, la de introducir la madera como material fundamental en la construcción. Los grandes sillares o piezas pétreas cerraban, acotaban y debían acordarse con la obra de ladrillo. Este era el material más frecuente y fácil para definir el sistema constructivo, que propiciaba unos muros heredados y acordes con la climatología y con la geomorfología del lugar. Ella, les proporcionaba una arcilla magnífica, en tanto que la piedra se entendía que debía acudir a la cimentación, a los elementos singulares y de apariencia noble; "una arquitectura construida bajo un espíritu nacional", de manera que como elemento de revestimiento, se llevaba su labra, hasta la categoría de escultura, de fácil e inmediata percepción. Estas piezas pétreas se alzaban como un sello real e imperialista y, por ello, se trataban con exquisita perfección en su manejo y tratamiento. Planta del Palacio y de la Apadana de Susa.

La otra forma de construcción en la que se empeñó la construcción persa, que entendemos un tanto extranjera, aunque llegó a producir los elementos más propio de su arquitectura, fue, como acabamos de citar, la construcción en madera, material del que no disponían y que supuso un esfuerzo que sólo se justifica por su capacidad por la lucha contra lo imposible, y su deseo y nostalgia de reproducir elementos vegetales. Para ello, encontraron su mejor fuente de inspiración en Egipto, y el mejor material en el Líbano, como podemos ver en el "documento de Susa".

Los persas de este período no tenían tradición de grandes construcciones, y sólo el empeño en superar las edificaciones babilónicas, el compromiso imperialista y el hipotecarse en las propias nominaciones de sus reyes, hizo que el Palacio de Susa y el de Persépolis resultaran obras de enorme magnitud, brillantez y coherencia. Si Ciro se coronó Rey de todas las tierras, Darío se autodenominó Rey de Reyes.

Darío debió ser un hombre que valoraba con equidad la obra artística y el trabajo bien realizado, de manera que fue a buscar a los artesanos mejor cualificados allí donde los hubiese. Logró el concurso de buenos maestros procedentes de las áreas donde, en cada caso, había tradición de algún oficio. La descripción de los colectivos que intervinieron en la construcción del Palacio de Susa, fue narrada por el propio Darío en el conocido "documento de Susa" que dice:

 

                               "Este es el palacio que en Susa erigí. De lejos se trajo su ornamentación. Profundamente se excavó la tierra hasta que la roca madre se alcanzó. Cuando la excavación estuvo abierta, se tendió el ripio, una parte a 40 ells (aproxim. codos) de profundidad, la otra a 20 ells de profundidad. Sobre este ripio un palacio erigí.

                               Y excavar la tierra, y tender el ripio, y moldear el ladrillo, el pueblo de Babilonia lo hizo.

                               La madera de cedro, de una montaña llamada Líbano, desde allí se trajo; el pueblo sirio, él lo trajo hasta Babilonia; desde Babilonia los carrios y jonios lo trajeron a Susa.

                               La madera de Yaka desde Gandara y Carmania se trajo. ......

                .......        Los pilares de piedra que se usaron aquí, de una cantera llamada Abiradush, en Uja, de allí se trajeron.

                               Los canteros que trabajaron la piedra, estos fueron jonios y sardos. Los orfebres que trabajaron el oro, estos fueron medos y egipcios.

                 .......       Los hombres que trabajaron el ladrillo cocido, estos fueron babilonios. Los que adornaron la pared fueron medos y egipcios".

 

El largo documento comenta que, para la ornamentación, las piedras turquesas procedían de Chorasmia, el lapislázuli y la cornalina roja se traían de Sogdiana, el oro de Sarde y de Bactria, la plata y el cobre de Egipto y que el marfil procedía de Etiopía, Sind y  Arachosia. También hace un cuidadoso reconocimiento de la procedencia de los artesanos que trabajaron todas estas artes y materiales.

Lo verdaderamente sorprendente después de haber expuesto el contenido del documento de Susa, donde vemos la cantidad de operarios que intervienen de tan distinta procedencia, es la gran coherencia del resultado y la unidad de concepción y estilo. Ello obliga a admitir que por encima de unas tecnologías extranjeras y de unos oficios bien desarrollados en los cuatro confines, las bases e ideas de lo que debía ser la arquitectura palatina persa, estaban claras y profundamente enraizadas en el espíritu de un pueblo. Así como que el arquitecto, quizás el propio rey o persona muy próxima a él, conocía la historia, la tradición y la dirección del futuro de su pueblo, tal como expusimos, en el capítulo primero de esta Historia de la Construcción, al hablar del papel que asumía el rey en la vieja Mesopotamia y en la Babilonia de Hammurabi.

Aunque es cierto que esta unidad de la concepción persa debió imponerla el rey, sólo la presencia de Teléfano de Focea, magnífico escultor de origen persa y amante como nadie de los buenos acabados, justifica no sólo la perfección de los bajorrelieves pétreos que adornan las escaleras sino, lo más importante, la unificación de criterios y la coherencia de la arquitectura aqueménida. Imponer una línea o estilo unificado a pesar de la concurrencia de tantos artesanos de tan distintos lugares, con los vicios lógicos de los oficios bien aprendidos por tradición, sólo se logra por la presencia de un maestro de clara exposición y alto respeto.

Se ha calificado a esta unidad de la arquitectura persa, como de "enraizado espíritu nacional". El documento de Susa, constituye un reconocimiento, proclamado por un hombre equitativo y hábil, capaz de crear el compromiso de unidad en los propios obreros y el orgullo de ser persa. El mismo documento conforma, de manera definitiva, el nacimiento de un estilo para la arquitectura persa y un compromiso de calidad para la construcción de la misma. Plano del emplazamiento de los edificios en el conjunto de Pasargada.

El Palacio que Ciro construyó en Pasargada (560 a.C.), se tiene como el primer edificio persa, aunque también es algo extraño y sorprendente la maestría que presenta la labra de sus elementos pétreos, lo cual hace pensar que aunque vinieron canteros sardos como prueban las marcas o firmas observadas en algunos sillares, hay una clara muestra de ausencia de aprendizaje que demuestra que, en Pasargada, debía haber buenos maestros canteros con tradición en el oficio. Por otro lado, Ciro no disponía de los medios que luego dispuso Darío para reclamar el concurso de maestros extranjeros; por ello, es obvio que Ciro debió disponer de canteros persas (medos y urartios). De estos últimos se conocen restos de algunos emplazamientos con amplias obras de fundaciones pétreas y sus magníficos hipogeos labrados en las rocas con frentes muy decorativos. También era lógico que este oficio estuviera bien desarrollado en el área de Pasargada,En un lugar donde la piedra afloraba y se ofrecía como material desprendido de forma natural, es imposible que no existiera tradición de canteros. En Pasargada, por la abundancia de restos de este material, debía haber tradición de canteros al menos desde el tiempo de los primitivos pueblos  medos. donde la piedra, muy apta para la edificación, afloraba espontáneamente y se ofrecía como material local e inmediato.

Las principales ciudades persa-aqueménidas, como consecuencia de que en ellas construyeran sus reyes palacios y residencias, fueron: Pasargada, Susa, Ecbatana y Parsa, que los griegos llamaron Persépolis. Como hemos dicho, el Palacio de Ciro en Pasargada se tiene como el primer gran edificio persa-aqueménida, no obstante se trataba de un recinto debilmente amurallado, en el que los edificios con plataformas individuales, quedaban colocados sin ninguna ley y bastante aislados o dispersos, con amplios espacios ajardinados entre ellos. Se emplazaban así, la Puerta con su sala hipóstila de ocho columnas y entrada por los cuatroColumnas en la residencia de Ciro, en el Palacio de Pasargada. costados, la Apadana o sala de Audiencia y el Palacio o residencia de Ciro.

Las plataformas de Pasargada estaban construidas con grandes bloques de piedra, bien labrados y perfilados en sus aristas, de forma que quedaban colocados sin morteros y unidos por grapas metálicas en forma de colas de golondrina o de paloma, que nosotros llamaríamos de milano. Recordemos que en este área geográfica, los hititas, descubrieron el hierro casi un milenio antes. Aunque la fábrica pétrea, empleada en estas plataformas artificiales, era una sillería no isodoma, mantenía bien la horizontalidad de las hiladas; cosa que no se cuidó ni en la plataforma de Susa, ni en la Persépolis.

La Apadana o hall de audiencia era también una sala hipóstila de 34x23 m²., que disponía de dos filas de cuatro columnas lisas de piedra caliza gris entre los muros de 3,40 m. de espesor, de adobe, forrados de caliza gris y blanca, produciendo un alarde de obra bien labrada y ejecutada. La altura de dichas columnas, incluyendo su capitel jónico, era de 11 m. y estaban apoyadas sobre basas de piedra negra (muy dura). Las columnas de los cuatro pórticos que, en doble fila, rodeaban a la apadana eran de 5,50 m. de altura, lo cual permitía la iluminación por encima de dichos pórticos. Friso de los lanceros, Susa. (M. Louvre).Ladrillos esmaltados del Palacio de Susa. (Museo del Louvre).

La Residencia Real, el edificio situado más al Norte, se definía como un edificio rectangular con un amplio pórtico al SE., con 20 pares de columnas, y otro pórtico, in antis, al NO. con 14 pares de ellas. En su interior, la Sala del Trono de 26x23 m²., también hipóstila, disponía de 30 columnas en 5 filas de 6 unidades cada una. La luz media de los intercolumnios de los pórticos, interejes, era de 3,8 m. y es muy posible que estas columnas fuesen de madera, recubiertas de gruesas capas de mortero de cal con una estructura de cordeles. Esta técnica de construir columnas con un alma o núcleo de madera recubierta con mortero era frecuente en este período persa. No obstante, la calidad del mortero era tan buena que los historiadores la tienen por un magnífico estuco. Los muros de adobe quedaban pintados de blanco.

Susa se convirtió en la primera capital del estado persa, erigiéndose en la sucesora de Babilonia. El gran Darío I construyó allí su palacio hacia el año 520 a.C. con la concurrencia de profesionales de todos los confines, como hemos visto al exponer el "Documento  de  Susa".  Más  tarde, hacia el año 375 a.C., fue Artajerjes II quien construyó en este mismo lugar su célebre palacio, conocido por la calidad a que se llego en los ladrillos con relieves, esmaltados y vidriados, del que se conocen ampliamente los frisos "de los arqueros" y "de los leones". Aquí se lograron los mejores ladrillos coloreados y vidriados antes de ser colocados y, también, los que fueron esmaltados una vez colocados. Estos ladrillos, se moldeaban con relieves y rehundidos con bordes afilados, de manera que al pintarlos, el pincel encontrara el borde de separación de unMurallas de la plataforma de Pasargada. color con otro.Procede la técnica de los ladrillos vidriados de Mesopotamia, pero el mejor desarrollo se logra en los tiempos babilónicos y no fueron los ladrillos de este período peores que los que en el Museo del Louvre se exponen, procedentes del Palacio de Susa, que sin desmerecer la importancia de estos preciosos frisos, eran ladrillos muy frecuentes y debían tener un adecuado grado de cochura, pues de otro modo, y esto ocurre incluso con ladrillos actuales, es decir, si los ladrillos  no están perfectamente cocidos se disgregan interiormente y, su superficie, malamente admite el vidriado.

El palacio de Darío en Susa se construyó cuando los griegos laminaban el mármol y tenían a pleno rendimiento la producción industrial de la teja, y desde la Isla de Naxos se trajeron las tejas que revistieron la cubierta aterrazada de dicho palacio. Este palacio, dispuso de los capiteles horquillados "protomos", o de toros postrados unidos por sus lomos, aunque directamente asentados sobre las columnas, es decir, sin el juego floral y de rollos de volutas, que disponen los mismos en el palacio de Persépolis. Pero de estos capiteles, cargados de influencias y sin precedentes, seguiremos hablando más adelante.

La construcción de los palacios de Persépolis fue iniciada por Darío el año 518 a.C., continuada por Jerjes I que, desde el año 486 a.C. y hasta su muerte en 465 a.C., fue quien acabó y realizó la mayor parte de las obras, y finalmente, fue Artajerjes I quien en el año 460 a.C. los entendió como acabados. Este conjunto de edificios se emplazaban sobre un bancal natural de piedra caliza donde se construyó una amplia plataforma, en parte excavada, en parte constituida poCapitel horquillado "protornos".r grandes bloques unidos por grapas metálicas. Esta plataforma rectangular dispuso de una superficie de 460x275 m²., siendo la cota del plano horizontal donde se situaba la Puerta de Jerjes de 11,70 m. y la del plano donde se encontraba la Gran Apadana o Sala de Audiencia de 15 m., ambas referidas a la cota del entorno exterior de la elevación en la esquina S.O.. Se accedía a estas plataformas por magníficas escalinatas de casi 7 m. de amplitud, dotadas de escalones de amplia huella, pues como ya hemos dicho, por estas, accedía la caballería.

Estos palacios fueron destruidos con saña por Alejandro Magno el año 331 a.C., después de Derrotar a Darío III el Joven, creyendo que arrasándolos, quedaba desmantelado el poder persa. No obstante, es una de las grandes obras que aún hoy podría reconstruirse con relativa fidelidad, de manera que mostrase el aspecto original de sus edificios y el de su ambiciosa apariencia.

La Gran Apadana o Sala de Audiencia de Darío, se definía como un edificio con cuatro torres potentes en cada una de sus esquinas, de manera que se rodeaba de tres pórticos externos y abiertos, en tanto que el costado Sur, que debía conformar el cuarto pórtico, estaba ocupado por un conjunto de pequeños apartamentos.Palacio de Persépolis.

Encerrada entre gruesos muros de adobe (ladrillos sin cochura) de 11 codos (6,05 m.) de espesor,Seguiremos tomando el codo persa como la unidad de longitud próxima a 55 centímetros. se encontraba la gran sala de audiencia, hipóstila y cuadrada,El origen de las Salas Hipóstilas está aún discutiéndose. Con anterioridad a Ciro el Grande los medos habían construido palacios con pequeñas salas con columnas en los palacios de Urmia, Baba-Jan y Godin-Tepe, en el Noroeste del Irán. Otras teorías apuntan quizás con mayor argumentación, como explicamos en el texto, que derivan de los viajes de Ciro por Egipto. con 36 columnas y de 112 codos (61,6m.) de lado interior. Las columnas dispuestas en seis líneas de seis unidades, tomaban una altura de 23,3 codos (13m.) y se separaban entre sí, 16 codos (algo más de 8,5m.), pues de esta medida fueron las mayores vigas de cedro que se usaron en estos complejos. Esta puede ser una de las razones, acercar los intercolumnios, que les llevara a un capitel tan elaborado y, como hemos dicho, sin precedentes, en la arquitectura occidental.

Estas columnas pétreas presentaban abundantes estrias vivas, muchas más que las griegas e incluso que las egipcias; las de esta sala tenían 42 estrias, aunque era más frecuente que tuvieran 40 estrias. Por otro lado, el diámetro de las mismas no superaba los 3,5 pies (1,15m.), lo que supone, dada su altura, una gran esbeltez (11,3). Recordemos que la columna egipcia se mantenía en una esbeltez de 7, y las griegas mantuvieron entre 6 y 8 esta razón entre su altura y el diámetro de la base. Como también hemos señalado, estas salas de audiencias, debieron ser importadas de Egipto durante el tiempo de Ciro, aún cuando se afirma que la habitación cuajada de columnas es de origen medo. Pero la construcción meda, al igual que su arqueología, es una página en blanco en la historia. Por otro lado es bien sabido que las formas egipcias habían sido ya apreciadas por Ciro, y que impresionaron a Darío. La huella extranjera queda bien sintetizada en la coronación de las puertas adinteladas, donde se funde el caveto egipcio y el astrágalo griego de ovas (pétalos colgados), pero el arte en conjunto y la concepción formal como propuesta de unificación es puramente persa.

Los muros de la gran apadana, así como los de todas la construcciones persas eran de adobe, (ladrillos sin cochura, cuadrados de un pie de lado y de unos 8 cm. dePuerta pétrea en los Palacios de Persépolis. espesor), y mostraban en su elaboración toda la influencia asiria y la de la vieja Mesopotamia, en los retranqueos o resaltos verticales. Estos muros quedaban enmarcados por elementos pétreos de gran monolitismo, generalmente puertas adinteladas, las cuales eran de sólo dos o tres piezas y en algún caso, (aparte de la nacela de coronación) de una única piedra. En Persépolis, estas puertas de piedra caliza gris, que más que tales, eran portadas, fueron, más que labradas, esculpidas por maestros que tenían que trabajar con más sentido de escultor que de canteros.Aunque las placas pétreas que cubren y decoran los costados de las escaleras de los Palacios de Persépolis, que muestran los desfiles de medos y persas, parecen elementos de una serie repetitiva, el trabajo responde más al de un escultor que al de un cantero y nada más lejos de la industrialización, pues eran obras apreciadas en su justo valor, es decir como trabajo de artista.

Como acabamos de detallar, las puertas se coronaban o decoraban con el astrágalo o baquetón de ovas y con la nacela o caveto egipcio, pero esta decoración no era patrimonio ni del material pétreo, ni de la obra palacial. Estas decoraciones acompañaban a las puertas de otras muchas construcciones, es posible encontrarlas incluso sobre fábricas de morrillos poco ordenadas o de ladrillo, aún en el caso de que el hueco al que adornan sea un arco. En este último caso, el astrágalo y el caveto, de mortero o de estuco, se colocaban coronando al alfiz que investía al arco y, en ocasiones, estos elementos decorativos se repetían o asociaban mostrando claramente su procedencia egipcia.Restos de los Palacios de Persépolis.

Pero volviendo a la gran Apadana de Persépolis, y a sus dobles filas de columnas que componían los peristilos de los tres pórticos exteriores, la altura de las mismas no superaba la mitad de las de la sala. Probablemente esta sala se iluminaba, además de por la puerta, por ventanas superiores, colocadas por encima de los pórticos exteriores. Con frecuencia estas columnas eran de madera, en la técnica que anteriormente hemos expuesto; es decir, revestidas por gruesas capas de pasta de cal, armadas de una trama de esparto o cuerdas. La pasta de cal se apretaba hasta la categoría de un estucado. Estas columnas de cortos intercolumnios (entre 3,8 y 4 m.) se coronaban  con capiteles jónicos, probablemente de madera, y quedaban apoyadas con corta entrega en una basa de piedra negra, una caliza tan dura que en ocasiones se le ha descrito como mármol.

La Gran Apadana, como todas estas construcciones persas, se cubría con una terraza defendida por un pretil almenado colocado por encima de un friso dentado. La terraza era soportada por un techo plano de vigas de cedro que constituía un suntuoso artesonado.Sillería engatillada de la plataforma de Persépolis. Pero de estos techos y de los capiteles "protomos" que lo soportaban, hablaremos con todo detalle al tratar el Salón del Trono o Sala de las Cien Columnas. Aún en tiempo de Darío se construyeron otros edificios en el conjunto, detrás de la Apadana se levantaron, en su esquina más occidental, el pequeño palacio residencial y, en la esquina oriental el Tripylon, (edificio con tres puertas) que se conectaba con las estancias reales, con las de los altos cargos de la guardia y personas de confianza del rey. También en tiempo de Darío se inició la construcción del Tesoro.

Al contrario que en los palacios asirios del tiempo de Sargón II en Khorsabad, los cuales disponían de patios fuertemente cerrados, los edificios de Persépolis, se abrían con pórticos a espacios muy abiertos. Como ya dijimos al tratar de la orientación de los edificios de Pasargada, el hecho de que las plantas de estos respondiesen a rectángulos o cuadrados, cuyos vértices debían orientarse según los puntos cardinales, y dado que esta orientación la seguía la sala principal cuadrada emplazada en su centro, lograba que los edificios aunque dispersos mantuvieran sus fachadas paralelas. Más tarde, los sucesivos monarcas al emplazar sus nuevos edificios bajo la misma ley, hacían que se originaran, aunque paralelas, estrechas calles sin salidas, a modo de laberinto, como podemos ver en Persépolis.

La Sala de las Cien Columnas o salón del trono de Jerjes era una gran sala cuadrada, encerrada por muros de paredes dobles, de adobe, de  casi 3,40 m. de espesor cada una, y con una galería o espacio accesible, de más de 3,00 m. de ancho entre ambas paredes. La gran sala se comunicaba con estas galerías o pasillos cerrados, a través de puertas pétreas de magníficas proporciones y presencia. En el lado frontal de la suntuosa sala, la pared era simple, de igual espesor que las que contribuían a formar el muro de doble pared de los otros costados, y disponía de dos puertas y siete ventanas que la comunicaban con el pórtico frontal. Este pórtico in antis, sePrimoroso dibujo de Sir Banister Fletcher's de la Sala de las Cien Columnas. conformaba por un doble peristilo de ocho columnas cada uno.

En la Sala de las Cien Columnas, las dimensiones interiores eran, para cada uno de los lados, de 125 codos (68,7m.) y para cada una de las 10 filas de 10 columnas, en ambas direcciones, el intercolumnio o la distancia entre ellas era de 6,25 m.. Las bellísimas columnas de casi 14 m. de altura, estaban engalanadas con elementos vegetales de inspiración egipcia y capiteles de pares de toros pétreos postrados y unidos por sus lomos.

Si bien hemos señalado las influencias egipcias de los elementos que decoraban el fuste de la columna, los capiteles de Persépolis o los del Palacio de Artajerjes II en Susa, no tienen precedentes ni continuidad y, como ya hemos señalado, no se puede buscar en ellos influencias extranjeras. La Elementos de la columna en Persépolis.solución de horquillado de la viga de la tienda nómada y de la primitiva cabaña de estos pueblos, era algo bien conocido por sus tribus, pero el ingenio con que los animales fantásticos, extraídos del período babilónico, son subidos al capitel para resolver el problema mecánico de la viga por acortamiento de la luz de flexión de la misma, es factura original de este momento relativamente puntual de la arquitectura aqueménida. El cuerpo bajo del capitel que recuerda al rollo de papiro abierto, está bien reconocido en el árbol jónico y experimentado en el capitel de Neandría.

Algo más sorprendente pueden parecernos las basas de Persépolis, pues hasta aquí, las columnas pétreas (claramente jónicas) de grandes sillares o tambores toscamente labrados (como corresponde a la primitiva arquitectura meda), habían lucido basas jónicas, doble tóricas sobre basamentos cuadrados. En la Sala de las Cien Columnas la basa se constituye por un baquetón tórico o bocel endeble, en la parte superior de la misma. Desde aquí, descuelga una campánula de hojas, a modo de capitel palmiforme invertido,Solicitaciones mecánicas en la viga de los Palacios de Persépolis. para descansar en un basamento circular o disco de corta altura.

Estas formas, del capitel y de la basa, pueden parecer rebuscadas, y es posible que hasta lo sean en exceso, pero vistos o imaginados allí, cuya imágen no debía apartarse mucho del magnífico dibujo de S. B. Fletcher's, el conjunto debía mantener una suntuosidad espléndida. Pues, sin duda, los techos de estas salas palatinas y muy concretamente el de la Sala de las Cien Columnas era, cuando menos, una de las más nobles estructuras de la arquitectura antigua. El techo de madera de cedro de estas salas hipóstilas requieren un detallado análisis y la persona interesada en ello encontrará elementos y material suficiente para llevarlo a cabo.

Sobre los lomos de los cuerpos unidos de los toros se emplazaba una zapata de madera que conformaba, con las cabezas de estos animales, un capitel en cruz que, como ya hemos repetido con anterioridad, acortaba considerablemente la luz real de flexión de las grandes vigas. Estas crucetas en ménsulas alcanzaban algo más 5,20m. de amplitud en el caso de Susa y en torno a 3,40m. en el caso de Persépolis. Ello suponía, que la luz libre de la viga que apoyaba en estas ménsulas, se redujese a casi la mitad y que el aspecto del conjunto de las vigas artesas con los capiteles, al menos en la dirección de los animales, pareciera más una arquería que un sistema adintelado.Elementos que componían la artesa del techo de la Sala de las Cien Columnas.

En la Gran Apadana las vigas mayores eran de 8,5 m. de luz, en tanto que en el Salón del Trono sólo sobrepasaban ligeramente a los seis metros, pero en todos los casos, estas vigas de cedro que definían los recuadros intercolumnios, así como todas las vigas que iban a conformar el techo, se constituían como pareadas, de manera que cada una de las que constituían un par de vigas paralelas, pertenecían o definían marcos de recuadros contiguos. Una vez que estos pares de vigas estaban colocados en su sitio y en su marco, se unían por debajo por un baquetón, y por encima con un durmiente, pasando entonces a conformar una autentica viga cajón. "Nivel 1 en los dibujos".

Mientras estaban descargadas estas vigas, y antes de conformar la viga cajón, no cabía esperar ninguna deformación por flecha, ya que en vacío, más allá de la parte apoyada en los capiteles y zapatas, no quedaba nunca más del 60% de su longitud. Por ello, y como acabamos de señalar, aunque la distancia entre columnas era algo menos de 12 codos (6,25 m.) en la Sala del Tesoro, el acortamiento que suponía el avance de las ménsulas que componían al capitel en cruz, hacía que las vigas que descargaban en dichas columnas, pudieran ser dimensionadas con una luz no mayor de 4 m., en condiciones de empotrada-empotrada, que era como quedaban trabajando una vez construida la terraza; esto, junto con la propia condición de viga-cajón, determinaba una sección de escuadría mucho menor que la que se hubiese requerido para la luz real y condiciones de apoyada-apoyada. Este artilugio o habilidad mecánica era aún más importante y notoria en el techo de la Gran Apadana, donde la longitud de la viga o distancia entre columnas era de 8,50 m.

Pero volviendo a nuestra Sala de las Cien Columnas, sobre el recuadro anteriormente descrito, o marco principal que hemos definido como "Nivel 1", se apoyaban cuatro recuadros o marcos menores. La luz de estos recuadros era algo menor a 6 codos (3,00 m.) y ellos, constituían el plano definido como  "Nivel 2" o de artesas intermedias. Los cuatro marcos quedan apoyados, en dos de sus bordes, sobre el tablón durmiente del recuadro inferior, mientras que los otros dos bordes restantes pasan a constituir un par de vigas, también de cajón, que cruzaban el recuadro mayor dividiéndolo en cortos cuarteles, a modo de lo que hoy entenderíamos por abrochalamiento cruzado. Dentro de estos marcos intermedios se insertaban ahora nueve recuadros menores "Nivel 3 o de artesas menores", de una luz de marco que escasamente alcanzaban 3 pies (aprox.=1m.), de manera que, también y como en los niveles inferiores constituían nervios o piezas cerradas en viga-cajón. "Nivel 3".Forma estructural de las vigas en el techo plano de la Sala de las Cien Columnas.

No puede descartarse que estos techos de madera, construidos con tanta maestría desde los planteamientos iniciales, no tengan alguna influencia oriental, ni podemos rechazar que su influencia no llegara al artesonado plano de la construcción de Occidente, apoyándonos en que los romanos no pudieron admirar estos trabajos más que por descripciones griegas, ya que fue Alejandro de Macedonia quien se encargó de destruir, el año 331 a.C., estos palacios de Persépolis, hasta su ruina total, pues es muy posible que griegos y romanos encontraran techos construidos en la forma y tecnología de estas trazas en otros edificios de escala más doméstica, ya que, una forma constructiva, una vez dominada no es fácil de anular definitivamente. Esquema de un intercolumnio del techo.

Por último, no podemos cerrar este apartado sin detenernos a estudiar, ligeramente, la construcción de la arquitectura funeraria aqueménida. No obstante, queremos recordar que el fin principal del estudio de este trabajo ha sido, el recalcar la forma y tratamiento de los gruesos muros de ladrillos con resaltos verticales; denunciar el uso habitual de la piedra con su tradicional nobleza, allí donde la había; dejar constancia del empeño de los reyes persas en la consecución de lo imposible; y encontrar la continuidad de las bases de la construcción persa desde Babilonia hasta la etapa sasánida.

La forma más frecuente de enterramiento del período aqueménida fue la del hipogeo rupestre con acceso directo, pero refiriéndonos a las tumbas reales, en general, los monarcas de esta etapa persa decidieron colocar sus tumbas hipogeos elevadas a distintas alturas sobre el desfiladero o valle. Son célebres las labradas en los farallones de Naqs-i Rustam, donde Darío el Grande hizo labrar su conocido enterramiento en cruz. La gran excepción respecto de estas tumbas hipogeos fue la tumba capilla de Ciro, aunque a mejor decir, la excepción no fue de este primer monarca aqueménida, sino de su momento histórico, pues en ese tiempo surgieron un conjunto de capillas de enterramiento que no se repitió más tarde.Tumba de Ciro (Pasargada).Tumba de Ciro  (Pasargada).

La tumba de Ciro es tan singular e impropia como forma funeraria del tiempo aqueménida, que cada historiador encuentra un estilo u origen distinto. Se ha dicho de origen medo; aún admitiendo la ascendencia meda del hipogéo aqueménida, se dice de procedencia hitita y a la vez, que se nota la mano griega en su construcción. Por otro lado, no se puede asegurar que no fueran urartios los canteros que labraron los sillares. Nosotros sólo la traemos como testimonio de la buena labra que se dió a la obra pétrea, en tiempo de Ciro, y entendemos que el monarca, buscando una identidad histórica decidió reposar en un templo-ziggurat. En su lecho de oro figuraba una inscripción que decía: "Yo soy Ciro el que fundó el imperio persa y fue rey de Asia. No me envidies por este monumento". Ello significa que lo ve terminado y que está orgulloso de él.

La tumba de Ciro se constituye por un estereobato o podio de seis gradas, que alcanza una altura de 5 metros. En él y sobre una base de 13,38x12,34 m2., las tres gradas más bajas se constituyen con sillares de casi un metro de canto, en tanto que las tres superiores toman una altura de unos 70 cm. cada una. Sobre  el estilobato o última grada se levanta el pequeño templo cuya altura, hasta la cornisa que señala el nacimiento de la cubierta a dos vertientes, es de cuatro metros y se logra con sólo cuatro hiladas. De estas, la inferior que define la altura de la pequeña puerta, alcanza una altura de sillar de 1,35 metros. LasPlanta y secciones de la Tumba de Ciro. tres hiladas superiores se reparten el resto de la altura por igual. Sobre una cornisa clásica pero simple, sin decoración como todo el monumento, se resuelve la cubierta a dos aguas, usando para ello sólo siete grandes piedras.

La tumba de Ciro, que hoy se conoce como Tumba de la Madre de Salomón, se emplazó a un kilómetro al Sur de Pasargada, en el centro de un patio cuadrado definido por un muro de adobe. Se realizó, toda ella, con la misma piedra caliza y aún asombra la magnífica labra de sus enormes sillares, bien aristados y colocados a hueso.

Una de las tumbas reales que se esculpen en los verticales farallones de Naqs-i Rustam, ya para entonces tenido como lugar sagrado, es la tumba hipogéo del Gran Darío. A unos cinco kilómetros de Parsa "Persépolis" y sobre las paredes de este precioso desfiladero, se excavó un plano rehundido en forma de cruz de 11,5 m. de altura y 7,40 m. de anchura, en ella se labró la fachada en piedra caliza de la tumba del Rey de Reyes y cerca de ella se levantó una torre "templo de fuego", también en piedra del lugar. La forma de cruz era la forma habitual de estos enterramientos y así se siguió labrando después de la muerte de Darío, lo cual puede darnos a entender que el Gran Rey no se ocupó de proveerse una tumba de mayor significación o que ni siquiera se ocupó de su vida posterior.Naqs-i Rustam. Tumba de Dario.

Casi toda la información que se requeriría para la hipotética reconstrucción de los Palacios de Persépolis, podría extraerse de las representaciones que figuran en las fachadas de las tumbas de Darío, Jerjes y Artajerjes, en Naqs-i Rustan, pues los reyes decidieron representar aquí, el aspecto de las salas de audiencia de sus palacios, con sus capiteles de protomos, cornisas denticulares y friso de procesiones. Una vez más, se pone de manifiesto que en, este período, se dispuso de buenos canteros locales o que, de los distintos puntos del reino pudieron convocarse.


Actualizado 28/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|