INICIO de editorial.dca.ulpgc.es

Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria   |   Redacción

 Web Institucional www.ulpgc.es  ETS Arquitectura www.cda.ulpgc.es

Colecciones

Mapa web

  Boletín dCA

Descarga / FTP


Inicio Colecciones  C136 Consideraciones Finales.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C13 Rama Arquitectura Paleocristiana           
C131 Rama Edificios y Construcciones        
C132 Rama Cristianismo versus Roma tardía
C133 Rama Basílica Cristiana en Roma
C134 Rama Arquitectura Paleocristiana en Milán y Rávena
C135 Rama Edificios paleocristianos
C136 Rama Consideraciones Finales

 

Este capítulo se desglosa en el apartado: CONSIDERACIONES FINALES  EN  RELACIÓN  CON  LA  CONSTRUCCIÓN  PALEOCRISTIANA Y CON SU ENTORNO SOCIAL Y CONSTRUCTIVO.

CONSIDERACIONES FINALES EN RELACIÓN CON LA CONSTRUCCIÓN  PALEOCRISTIANA Y CON SU ENTORNO SOCIAL Y CONSTRUCTIVO.

A lo largo de cuanto hemos expuesto en los puntos en que hemos dividido este estudio, hemos reiterado insistentemente la pobreza creativa, denunciada por los historiadores, al referirse a este período de la historia de la arquitectura. Del mismo modo nos hemos expresado al referirnos a las formas o sistemas constructivos desarrollados para la construcción de sus edificios.

 


No obstante, es importante recordar que no estamos hablando de un "pueblo" nuevo, ni de un área geográfica distinta, como ocurría cuando pasábamos de la arquitectura mesopotámica, a la griega o a la egipcia; sino que, en este caso, se trata del mismo pueblo, que ocupaba las mismas provincias del imperio romano. Por ello, lo fundamental radica en comprender el fenómeno que introdujo el Cristianismo en dicho territorio, y de entender en qué momento o situación se encontraba, el mismo, cuando esto ocurre.

Los límites del Imperio se habían consolidado y los movimientos y tendencias no emanaban ya, ni de la conquista militar, ni de la cabeza del Estado. Las comunidades cristianas, enraizadas en el pueblo, eran el motor y el origen de todos los movimientos migratorios. Pero este pueblo que desdibujaba las fronteras provinciales bajo una religión común y que tenía que resolver y satisfacer sus lógicos problemas cotidianos, había fundamentado su razón de ser en la práctica religiosa, en el culto a Dios y, también, en la exaltación y veneración de sus mártires. Por ello todos los esfuerzos estaban dirigidos hacia el edificio religioso. Observado esto desde nuestra visión particular de la construcción, se observa ahora una arquitectura claramente utilitaria e impulsada por el pueblo. Así, la basílica vista desde su exterior, no es más que un edificio útil, constituido por naves adosadas de la forma más simple e inmediata.

Por otro lado, Roma, desde el tiempo de Sila, había desarrollado un auténtico magisterio de la ciencia de la construcción y que, en base a la organización gremial de los oficios que intervenían en la práctica edificatoria, había logrado que la construcción fuese la actividad más creadora y prolífera de todas cuantas se desarrollaban en su vasto territorio. Pero hacia la segunda mitad del siglo III, el Estado, había abandonado notablemente la construcción de nuevos edificios, al menos en el entorno de Roma.San Apolinar in Classe, donde puede observarse la sencillez de su aspecto exterior.

Con ello, la industria de la construcción quedó muy desmantelada y consecuentemente, se produjo la pérdida de un gran número de oficios. En estas condiciones, esta nueva   construcción "tardo-romana", que es promovida desde organizaciones no estatales, organizada con el auxilio del emperador o sin él, tuvo como primer objetivo hacer realidad la construcción de sus edificios. Ella trata por tanto,  de   responder   a   un   programa  de necesidades, carente de alardes grandilocuentes y cargada de gran simplicidad constructiva. En consecuencia, afirmar que no existen innovaciones ni investigación sobre las formas de construcción de este período de la historia de la arquitectura romana, al menos hasta la etapa de Rávena, es algo que no ha de causarnos sorpresa ni hacernos pensar que se trata de un período carente de interés intelectual.

También se trataba de una construcción que no contaba con los presupuestos inagotables que caracterizó a la obra romana de los tiempos de las grandes recaudaciones del Estado. Por el contrario, debía centrarse en una economía mínima, sujeta a donaciones y, al menos al principio, debía abastecerse de las edificaciones romanas arruinadas que, previa autorización, pudieran demoler, retirar y acopiar sus materiales de derribo. Por ello, el esfuerzo creativo se agotaba en la búsqueda, limpieza y combinación, hasta hacer coincidir en alturas y proporciones, de los elementos constructivos de posible aprovechamiento.

No obstante, lo que más se acusa en estas construcciones es la pérdida de la magnífica organización desarrollada en la ejecución de la obra romana y la ausencia del orden en la materialización de las operaciones y oficios, al que se había llegado en la construcción de los siglos precedentes.

En las provincias romanas de Africa y Asia Menor, es donde mejor pueden notarse estas consecuencias de la decadencia del Imperio.Transennas o celosías con las qeu se cerraban las ventanas. La construcción respondía a la misma forma y trazado de la construcción en piedra, pero la ausencia de abastecimiento de los elementos fundamentales, los cuales eran tomados, en etapas anteriores, como pautas de referencia de la calidad y de modelo a seguir, propiciaba ahora una pérdida en el rigor, aún cuando esto llevaba a una obra más fresca, local y próxima al pueblo. Las consignas y ordenes de Roma aparecían con menos fuerza y, esta falta de control y caída de la calidad puede palparse, como acabamos de decir, en la obra africana de este período.

Quizás el factor compositivo que siempre presidió a la construcción paleocristiana, que está presente tanto en la basílica como en los edificios rotondos y poligonales, y que sería bastante injusto desposeerla de su propiedad intelectual es la desmaterialización, del conjunto y de todas sus partes. A ésta, se había llegado a través de los signos y se hace patente, de forma rotunda, en el muro. Si este elemento no estuviera suspendido por columnas pulidas hasta el extremo, y oradado por las grandes ventanas que se abren en su parte alta, la percepción del espacio interior sería radicalmente distinta. En la basílica cristiana, la ligereza es tan latente como lo era el monolitismo en la obra romana.

No obstante, admitiendo los problemas de organización que acabamos de señalar, es lógico pensar que tras un largo período deDetalle de tratamientos de algunos pavimentos. floreciente actividad constructiva, debió existir un gran número de operarios que, por tradición, debían conocer bien, determinados oficios. No es menos evidente que las magníficas armaduras de las cubiertas, habían sido realizadas por carpinteros de buen oficio. Igualmente ocurre si consideramos los espléndidos aplacados pétreos que revistieron el interior de las basílicas y de los baptisterios. Recordemos que desde el tiempo de Constantino, el interior de la basílica se significaba por el enorme colorido que introducían los aplacados marmóreos y que las ventanas se cerraban con magníficas celosías "transennas", labradas en placas de alabastro, mármoles o madera. Otro tanto podríamos decir de los soladores, con solo detenernos a contemplar los espléndidos pavimentos que aún lucen la iglesias de San Lorenzo y de San Pablo, en Roma.

Tampoco puede tomarse la coincidencia de algunos signos como una aceptación de los mismos, ni como una falta de creatividad. Las desmaterialización de los signos paganos a que hemos hecho referencia anteriormente, no debió ser nada fácil, dado el fuerte arraigo que ello suponía en la sociedad romana y la compleja  lectura  e  interpretación  de  la narración alegórica "parábola" de la nueva religión. Así, hacer comprender que a partir de un momento, el racimo de uvas deja de significar a Baco para simbolizar a la sangre de cristo, o que el pez representa al Salvador, no debió ser algo inmediato, ni desprovisto de imaginación.

Finalmente, y con el fin de apreciar mejor la importancia de este período de la historia de la edificación, ha de tenerse, al mismo como fundamento consecuente de la continuidad y evolución de la historia de la cultura de Occidente y que, si ha sido difícil establecer los límites entre la Arquitectura Romana y la Paleocristiana, mucha más dificultad se tiene para separar a ésta última, de la digna Arquitectura Bizantina.  


Actualizado 05/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|