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Este capítulo se desglosa en el apartado: LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA PALEOCRISTIANA EN MILÁN Y EN RÁVENA.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA PALEOCRISTIANA EN MILÁN Y EN RÁVENA.

Milán había sido, desde el año 353, residencia imperial y poco tiempo más tarde, el año 373, arrebató a Roma la capitalidad del Imperio. No obstante, sólo disfrutó de esta condición, algo más de dos décadas, pues Teodosio, tras dividir  el  Imperio,  trasladó  la  capital  a Rávena.

 


Durante este tiempo Milán y Tréveris se convirtieron en los principales centros de la Iglesia, pero fue Milán la que se manifestó como el foco más atractivo de la producción arquitectónica del momento. Arquitectos de muy diversos lugares acudieron a la ciudad y, en consecuencia, surgieron plantas de edificios con matices notoriamente diferentes. No obstante, en concordancia con las aspiraciones de este nuevo centro imperial y capitalino, se desarrolló una Arquitectura Monumental que encontró mayor carácter de uniformidad en las formas y modos de construcción que en cualquier otro factor de diseño y composición.

Sin duda, la Iglesia de San Lorenzo fue la construcción más importante levantada en Milán durante el siglo IV, no sólo por el volumen de obra que la construcción representa sino por la categoría arquitectónica del conjunto. No obstante, nosotros dejaremos aquí a esta veterana e inmensa construcción a la que volveremos más tarde, en razón de la morfología de su cuerpo básico, al estudiar el edificio de planta central. Mientras tanto, seguiremos examinando otras edificaciones ligeramente más tardías, pero cuyas plantas, se desarrollan más cercanas al modelo basilical que aquí estamos estudiando.Detalle del aparejo del muro en San Simpliciano en Milán.

Además de la iglesia que acabamos de citar, se construyeron, en Milán, otros edificios religiosos, todos ellos de magnífica construcción y entre las que cabe destacar la Basílica de las Santas Vírgenes, más conocida por San Simpliciano por haber sido levantada por este obispo. Esta, dispone de planta de cruz latina de amplias dimensiones, con nártex, transepto prolongado y crucero ochavado. Sus muros están aparejados con una magnífica fábrica de ladrillo, dotada de fuertes pilastras unidas y coronadas por arcos ciegos, constituidos por una sola rosca de ladrillos, presentadas a tizón y bien recortadas en su trasdós a modo de disimuladas arquivoltas. Estos arcos toman diámetros o luces ligeramente superiores a la distancia que separa una pilastra de sus contiguas, lo que hace que el arranque de los arcos aparezca como estrangulado, ya que es algo menor el ancho de dichos arranques que el de las pilastras en las que se apoyan. Aunque la construcción no sea el mejor ejemplo de orden compositivo, si lo es en cambio, para la magnífica ejecución a que se llegó en la obra de fábrica de ladrillo, de tradición milanesa.

La Basílica de Santa Tecla, excavada hace apenas treinta años en la actual Plaza del Duomo delante de la catedral gótica, era de grandes dimensiones como todas las iglesias de Milán, disponía de cinco naves, transepto con tribuna, y un gran ábside que debió ampliarse y triplicarse en la etapa medieval. El transepto no se manifestaba al exterior, ya que sus alas quedaban enrasadas con el muro lateral de la basílica. Otras grandes iglesias debieron construirse en Milán, entre las que no pueden dejarse de enumerar San Nazario y San Juan de Conca.

La constante que presidió a la construcción milanesa, fue la potencia de los muros de sus construcciones, gruesos en sus dimensiones y serios en su aparejo, constituidos por fábricas de gruesos ladrillos con juntas finas (poco mortero) y cuidadísima labor. Estos, se acompañaban de resaltos verticales o pilastras "bandas lombardas o lesenas" y arcos ciegos y de descarga, empotrados o enterrados en la propia fábrica como vimos en el Panteón de Roma.

Con todo, y desde nuestra óptica constructiva, lo más importante fue la escuela de albañilería que se creó en Milán, la cual irradió su influencia por todas las provincias del norte. Ella, dejó buena muestra de su hacer en Tréveris, Colonia y, definitivamente, constituyó la base de la construcción de todos los edificios de Rávena.

El año 402, Honorio traslada la capital del Imperio de Occidente de Milán a Rávena. Esta ciudad situada en el Adriático, que había sido subsidiaria de Milán y que había tomado gran protagonismo comercial y religioso por su magnífica situación geográfica, se había constituido en el enlace entre los dos imperios. Desde el punto de vista de la arquitectura, Rávena fue el mejor baluarte y la ciudad receptora de las propuestas que se gestaban en Bizancio y en las costas del Egeo. No obstante, en lo relativo a las formas y técnicas edificatorias, mantuvo siempre la tradición constructiva milanesa.

Pero fue Gala Placidia, hermana de Honorio, quien hace que hacia el año 425, Rávena alcance su momento de mayor esplendor. Ello se mantendría, al menos hasta la reconquista de Justiniano (527), aunque hacia la mitad del siglo V, fuera ya arquitectónicamente conquistada por el bizantinismo, lo cual se manifiesta de manera clara en tiempo de Teodorico (490). Para nuestro estudio, el mayor interés radica en que, con algunas modificaciones medievales y renacentistas, dispone de un gran número de edificios, bien conservados, de esta época. No obstante, la ciudad se ha ido hundiendo paulatinamente y esto ha hecho que los edificios hayan cambiado sensiblemente su altura y, en cierto modo, su aspecto inicial. También aquí, dada la corta extensión de nuestro trabajo, sólo reseñaremos los edificios más significativos, desde nuestro particular punto de vista.

La Iglesia de la Santa Cruz promovida por la hermana de Honorio hacia el año 420, fue reconstruida en la Edad Media, eliminándose su transepto y construyéndose en su lugar una gran torre, no quedando casi nada de la edificación primitiva, la cual también perdió su nártex. Sin embargo el Mausoleo de Gala Placidia, que fue levantado el año 425 junto al ala izquierda del nártex de la citada iglesia, se conserva casi intacto, a pesar de haber sufrido grandes inundaciones.Influencias en San Juan Evangelista, Rávena.

San Juan Evangelista levantada también por Gala Placidia hacia el 425, muestra tanto en su planta como en sus arquerías elementos nuevos que la separan de la tradicional basílica de occidente o latina. Hoy no dispone de transepto y las naves laterales se prolongan más allá del arco triunfal que constituye la boca del ábside, creándose cámaras laterales paralelas al eje de esta gran exedra poligonal, según el modelo de las costas del Egeo. Dicho ábside esta totalmente perforado por ventanas, resueltas con arcos de medio punto y separadas por delgadas columnillas pétreas, igual que vimos en San Demetrio en Salónica. También esta iglesia se ha hundido más de dos metros respecto a su cota inicial.Detalles de algunos capiteles de la arquitectura paleocristiana.

En el interior, los muros que definen a la nave central se mantienen sin ninguna decoración, con ausencia de cornisas y arquivoltas en la arquería, lo que potencia la pureza de dicho muro que resulta más esbelto y prolongado, sobre todo al comparar su altura con el ancho de la nave. A ello contribuye también, el hecho de que su estructura de cubrición se presenta vista, luciendo unas perfectas armaduras de madera de doble péndola. La arquería de buenas luces y proporciones, se constituye por columnas de fustes lisos de distintas alturas y añadidos. Dispone de tímidas basas dobletóricas y pequeños capiteles corintios muy abiertos, que se adornan con diminutas volutas sobre las diagonales, siendo estas pequeñas formas jónicas muy prolongadas en su vuelo. Sobre dicho capitel, el cimacio troncónico se manifiesta ya como una pieza muy decorada, que se adelanta al intradós de los arcos, resultando una composición de "capiteles dobles", propio de las provincias orientales.

El exterior muestra una fábrica de ladrillo, que tanto en su perfecta ejecución como en la composición y labra de todos sus elementos, pone de manifiesto su fidelidad a la tradición milanesa. Así podemos ver las pilastras o bandas verticales de refuerzos colocadas en las esquinas de sus muros exteriores, del mismo modo que los altosInterior de San Apolinar Nuevo, Rávena. muros de la nave central se acompañan de estas bandas resaltadas y coronadas por arcos ciegos, en cuyos fondos o tímpanos se abren las ventanas superiores.

Es probable que nos hallamos detenido más de lo deseable en esta iglesia basilical, que ha tenido una nueva reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, pero hemos querido resaltar la dicotomía existente, a partir de este momento, en la arquitectura de las iglesias de Rávena entre el diseño y la técnica. El primero recoge las nuevas tendencias que llegan del Imperio de Oriente, a través de Constantinopla, en tanto que la segunda mantiene su herencia fiel a las reglas de la construcción de Milán.

Interior de San Apolinar in Classe.Otras iglesias de Rávena como El Santo Espíritu, Santa Agueda y San Apolinar Nuevo, iban siendo colonizadas en su planta y en su interior por los elementos de la arquitectura del Imperio Romano del Este. En la basílica de San Apolinar Nuevo (495), levantado ya en tiempo del Rey ostrogodo Teodorico, además del "doble capitel" y de las arquivoltas decoradas se introduce, abundantemente, el "opus vermiculatum o musivum", donde los ricos mosaicos de sus muros muestran una larga procesión de apóstoles y reflejan, con gran pureza, la traza y riqueza de la decoración bizantina. En San Apolinar in Classe (535), levantada también por el mismo rey arriano, que había pasado su juventud en Constantinopla como rehén y que nada incomodó al Cristianismo, la riqueza de la decoración musivaria se centra en el ábside. Sin embargo tanto en San Apolinar Nuovo como en San Apolinar in Classe podemos ver, en el intradós de los arcos, una recuperación de la decoración lacunaria, o de los encofrados romanos en artesón, que ya vimos tanto en el Panteón como en la basílica de Majencio y, más tarde, en todos los techos de madera de las basílicas romanas que hemos visto en puntos anteriores de este mismo capítulo.

Antes de retroceder en el tiempo para pasar al estudio de la planta o del espacio unitario de los edificios rotondos o poligonales que demandaron los baptisterios y otras construcciones, es importante, desde el punto de vista de la técnica constructiva, hacer constar otro hecho notorio de la construcción desarrollada en Rávena. Ello fue la construcción de la bóveda por medio de roscas horizontales deDecoración lacunaria, introducida en el intradós de los arcos. elementos cerámicos o anforillas.

Esta técnica que consistía en la creación de elementos curvos lineales, introduciendo la parte trasera de una anforilla en la embocadura de la siguiente, ya había sido utilizada, como nervaduras radiales de bóvedas, por la construcción doméstica romana. Para ello, se usaron las pequeñas vasijas que habían servido para la distribución del vino o del aceite usado para el cuidado  de los gladiadores. 

Esta misma forma constructiva también había sido usada, mucho antes, en el Próximo Oriente, y es probable que a Constantinopla llegara de Asia, como técnica Sasánida. Pero en Rávena, la novedad puede radicar en que se fabricaron unos ladrillos cerámicos tubulares con forma de trompetillas, exprofeso para la construcción de estas cúpulas y bóvedas. Pero ya la veremos más adelante, al abordar el estudio de las construcciones concretas donde fueron usadas para cubrir su espacio central.


Actualizado 29/06/07

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|