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Este capítulo se desglosa en el apartado de: ARQUITECTURA DEL CRISTIANISMO, VERSUS ROMANA TARDÍA.

ARQUITECTURA DEL CRISTIANISMO, VERSUS ROMANA TARDÍA.

Desde el año 326 Constantino había trasladado la capital del Imperio a Bizancio y desde el año 353, Milán se había constituido en la Residencia Imperial en Occidente, para poco más tarde terminar siendo la capital del Imperio de esta parte del mundo romano. Para las fechas citadas, tiempos de Teodosio I, estamos ya en los comienzos del siglo V, y si nuestro estudio atendiese a la pura cronología, a estas alturas de la Historia, deberíamos trasladarnos a Milán o quizás a Rávena.

 


Pero como tratamos de estudiar al edificio en razón de su tipología edificatoria, seguiremos analizando un poco más la basílica, de planta rectangular y muros de relativa esbeltez, manteniendo nuestra atención en Roma.

Aunque la manía de trasladar su residencia, por parte de los emperadores romanos, a puntos lejanos de la vieja Roma, próximos a los límites del Imperio, terminaría dispersando esfuerzos y provocando, o al menos favoreciendo, la caída del Imperio de Occidente, sin embargo, todos estos soberanos miraron a la desmesurada y vieja Roma como la Ciudad Eterna de la que nunca debían desvincularse. Lo cierto es que Roma terminó siendo una ciudad políticamente arruinada, desordenada socialmente y su capitalidad, se mantenía gracias al floreciente cristianismo y más concretamente a la fuerte cabeza visible que allí había constituido su Iglesia, como consecuencia de los sacrificios de San Pedro y San Pablo.

Durante los sesenta años que duró la construcción de San Pablo Extramuros, muchos cambios se habían experimentado en Roma en el aspecto político, social y religioso, otros en la concepción arquitectónica de sus edificios y algunos en la construcción de los mismos. Las influencias, como punto de encuentro de muchos viajeros, llegaban desde Milán, que también surgía como foco importante del Cristianismo donde se construía con una ejecución sobria y refinada.

A través de Rávena llegaban las influencias de Bizancio y de Alejandría, donde se sintetizaba la arquitectura de traza romana y la construcción en piedra, que persistía en las provincias romanas de Africa. Las nuevas tendencias y aspiraciones para la nueva iglesia, entendida como edificio, se iban conformando como síntesis del nuevo pensamiento cristiano. Todo ello hace que las grandes basílicas concebidas como martyrias, salas de banquetes y cementerios cubiertos, construidas a la sombra de los materiales procedente de derribos y edificios ruinosos, queden al margen para dar paso a edificios de menores proporciones, más controlados y de programas más ceñidos a la nueva liturgia.  Este renacimiento o retorno a la mejor construcción romana, desarrollada en tiempo de Trajano, se hace notorio ya en los capiteles y naves laterales de San Pablo Extramuros, y se manifestó más claramente en Santa María la Mayor y en La Santa Sabina. Esta operación fue el objetivo principal de Sixto III que implicó en este concurso a los mejores arquitectos del momento, siendo el mejor ejemplo de este "Renacimiento Sixtino" el Baptisterio Lateranense, propiciado por dicho Papa.

Santa María la Mayor, emplazada en la Colina Esquilina, fue fundada hacia el año 352 por el Papa Liberio en el lugar donde cayó una importante nevada, en verano. Por ello fue levantada y es conocida, también, como Santa María de las Nieves. Fue reedificada por Sixto III en el año 432. La fachada actual es de Ferdinando Fuga, pero afortunadamente el barroco de la fachada no pasó de aquí y su interior refleja bien lo que fue la basílica cristiana del siglo V.Interior de Santa María la Mayor.

A pesar de tratarse de una basílica de sólo tres naves debió servirle de modelo San Pedro de Roma. Completamente arquitrabada, sobre las columnas lisas, de su nave central, dotadas de basa ática y capiteles jónicos, se alza un entablamento clásico compuesto por tres platabandas en su arquitrabe, friso de poca decoración y una marcada cornisa de canes o mensulillas. Antes del arco triunfal, la columnata se abre con sendos arcos laterales, que sobrepasan a la altura del friso, para comunicar la nave central con las cabeceras de las naves laterales. En la parte alta de este muro  se  resaltan  pilastras,  de traza trajana, las cuales nacen del entablamento, de manera que conforman o encuadran cuarteles coronados por arcos de medio punto, en los que se alternan ventanas y mosaicos. Las citadas pilastras corintias, son completas y disponen de basa sobre basamento, fuste estriado con baquetón en el tercio inferior y capitel corintio de volutas muy resaltadas. Sobre dichas pilastras, se sitúa un tímido friso de poca decoración y, por encima de éste, se repite la cornisa de canes que resolvía el encuentro del muro con la cubierta. Hoy, esta cornisa enmarca el encuentro de dicho muro, con el magnifico artesonado plano de dorados lacunarios. En los muros de las naves laterales extremas se adelantan soportes, que se reducen a pilastras después de resolver los nichos bajos que contrarrestan a las pequeñas bóvedas de aristas que cubren a estas estrechas naves laterales. Dichas bóvedas de aristas, son de plantas rectangulares y quedan atirantadas por elementos metálicos que se anclan en los arcos fajones que definen a las citadas bóvedas. Santa María la Mayor con su planta que evoca a la basílica de origen pagano está clasificada, junto con La Santa Sabina, como el mejor exponente del renacimiento que venimos describiendo. Por su refinamiento interior, esta primitivaInterior de La Santa Sabina. basílica está considerada como la más hermosa de todas ellas.

La Basílica de la Santa Sabina fue construida algo antes que Santa María la Mayor y que San Lorenzo Extramuros, hacia el año 425, y quedó situada en el Aventino. Junto con San Clemente y con la citada Santa María la Mayor, muestra claramente que el renacimiento sixtino se ocupó, fundamentalmente, de la ejecución cuidadosa, de la utilización de materiales nuevos (no procedentes de derribos) y del uso de elementos labrados para el propio edificio; es decir, atendió más a la recuperación de las técnicas y calidad constructiva que a otros parámetros ideológicos más profundos.

En La Santa Sabina, como venía ocurriendo en toda la arquitectura del Cristianismo Primitivo contrasta la sencillez de la planta y la sobriedad del exterior de la construcción en ladrillo, con el refinamiento y la riqueza que mostró su interior. En San Clemente, la fachada, con su nártex antepuesto, se mantiene muy igual a la de San Pablo Extramuros y, se supone, que también a la primitiva SanDetalles de la arquería de la Santa Sabina (Roma 432). Pedro de Roma. 

San Lorenzo Extramuros a pesar de tratarse de un conjunto que enmarcaba a dos iglesias unidas por sus ábsides, como vimos en los templos romanos de Venus y Roma, y de disponer de matroneos, mantiene, al igual que todas las que ahora reseñamos, su identificación con las primitivas basílicas cristianas nacidas de inspiración pagana.

En las tres naves de La Santa Sabina y fundamentalmente en los elementos que componen su ordenada arquería, se respiran los aires más puros de la arquitectura romana, la cual hemos definido como aquella que tiene lugar una vez superada la influencia helenística. La arquería compuesta por arcos de medio punto, hábilmente peraltados, dan lugar a alfices y enjutas bien definidas. Sus columnas corintias estriadas de carácter puramente romano con baquetonado del tercio inferior del fuste y basas dobletóricas sobre pequeño basamento cuadrado y capiteles corintios, disponen de trazado y formas muy romanas. Pero todo ello no es más que una recuperación científica del lenguaje clásico romano, aunque es frecuente que La Santa Sabina siempre se haya puesto como modelo singular de la Arquitectura del Cristianismo.


Actualizado 27/06/07

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|