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El capítulo de Termas y Baños se desglosa en el apartado: LAS TERMAS O BAÑOS PÚBLICOS.

LAS TERMAS O BAÑOS PÚBLICOS.

El pueblo romano, tras superar grandes guerras y lograr encontrar una situación cómoda y relajada, terminó siendo un pueblo educado para el ocio. Fueron muchos los recintos y edificios públicos que se levantaron con el fín de concentrar, acoger y distraer a grandes multitudes. El romano, además de acudir a los foros, a las basílicas, al teatro, al anfiteatro y al circo, aún debía acudir, cada tarde a las termas o baños públicos.


Planta de Las Termas de Caracalla.Esquema de una sección funcional típica de las grandes termas.Las Termas eran instalaciones o edificios en los que el romano se sentía orgulloso de serlo, se trataba de un edificio para el descanso, para la salud y para establecer y desarrollar las relaciones sociales. Las grandes termas se constituyeron en los mentideros de Roma; los lugares donde circulaban los rumores y donde llegaban y se propagaban las noticias aún por confirmar. En las grandes termas se cuajó la trama de más de un movimiento contra el poder establecido o contra algún miembro del Senado.

Las termas derivan de los antiguos baños griegos (thermos=cálido). Para los romanos, tuvieron en un principio fines higiénicos y, en ocasiones, medicinales; con posterioridad, se consideró a la piscina como un centro de salud y el arte del baño pasa a formar parte de la vida del romano. Los primeros baños romanos fueron modestas instalaciones dentro de las casas señoriales del siglo II a.C., y aunque llegaron a prodigarse hasta instalarse en casas de familias menos importantes, su uso no tomó demasiada importancia en esta primera etapa. Más tarde, pasado el siglo I d.C., las termas tomaron un programa más complejo y un sentido social tan amplio como el que hemos señalado en el párrafo anterior.

Es posible que las primeras termas, con uso público, fueran las de Estabuis, emplazadas en la parte norte de la ciudad de Pompeya. En Roma, debieron ser las de Agripa, levantadas el año 12 a.C. a iniciativa de Marco Vespasiano en el Campo de Marte.  En  el año 64 d.C. se levantaron las de Nerón, pero la identificación del ciudadano romano con ésta edificación no fue definitiva hasta que al principio del Siglo II (año 109 d.C.) se ofrecieron al público "Las Termas de Trajano", localizadas en las Colina Esquilina y sin duda, obra del arquitecto Apolodoro de Damasco. Fue tan grande el éxito y la acogida del pueblo romano con estas instalaciones, que pronto se levantaron un gran número de ellas. Así, al pie de la Vía Appia, en el año 210 d.C. se iniciaron las obras del gran complejo de las Termas de Caracalla, las cuales finalizaron 13 años más tarde(8).

Durante la segunda mitad del siglo III, se levantaron en El Quirinal las Termas de Constantino y las magníficas Termas de Diocleciano (año 296 d.C.) a imagen de las de Caracalla. Muchas otras termas de menor importancia se construyeron en Roma y por todo el Imperio. Fueron muy importantes las de Trajano (Coninbriga) en Coimbra, las de Constantino en Augusta Treverorum, en Alemania, y las Termas de Faustina en Mileto.

  De las construidas por los romanos en nuestra Península, que no debieron ser demasiado importantes, quedan muy pocos restos. Citaremos sólo las termas de Alenje (Castrum Colubri) cerca de Mérida; las de aguas termales de Lucus Augustas en Lugo, aún en servicio; las de Itálica que debieron ser importantes, sólo quedan restos de su planta; las de Caldas de Montbuy en Tarragona y los Baños de Alhama en Granada. 

Ruina y restos de Las Termas de Caracalla.Si bién, fueron las Termas de Trajano las que fijaron el ciclo de baños o programa que debían contener el modelo de los baños públicos, son las Termas de Caracalla y las de Diocleciano los mayores complejos de esta tipología que se construyeron en todo el Imperio. El conjunto de locales que se acogían, en el edificio central del complejo termal, se ordenaba conforme al programa lineal del recorrido de la instalación de agua caliente, de manera que ésta, al perder temperatura después de satisfacer a las necesidades de una sala, daba respuesta al menester de las salas siguientes.

El edificio debía ser simétrico para atender, separadamente, a las salas destinadas a los hombres y a las destinadas a las mujeres. Ambas tenían accesos opuestos, con lo cual las circulaciones del agua caliente tenían que ser dobles y sólo tenían en común el lugar donde se calentaba el agua, "el prafurnium" y el gran vestibulo calefactado "el tepidarium" después, las salas se duplicaban siguiendo el orden inverso al de la circulación de las personas que tomaban los baños. Así, en "el caldarium" se tomaba el baños de agua caliente, muy cerca se instalaba "el sudatorium" para los baños de vapor a gran temperatura. En el tepidariun se instalaban los baños de agua templada y el baño de agua fría se tomaba en "el frigidarium" que en la grandes termas se resolvía con una gran piscina descubierta. Cerca de estos últimos espacios se situaba el vestuario "el apodyterium".  En las principales termas construidas en Roma, el edificio central o de baños se completaba con salas para masajes "el untorium" y se rodeaba de jardines y paseos, instalaciones para la gimnasia "palestra", salas para conferencias de los oradores y de exposición de los inventores e investigadores. 

La planta de las grandes termas refleja la propuesta más importante de todas las formuladas por la Arquitectura Romana. El espacio integrador  que pudo haber nacido en el Panteón de Agripa, se propone ahora jerarquizado sobre dos ejes perpendiculares que ordenan una cuadrícula en la que, sujetas a una simetría, se combinan una gran variedad de formas curvas con otras ortogonales. Se establece un juego compositivo, de interrelación de espacios, y otro mecánico de contrarrestos de ámbitos abovedados de alturas decrecientes, cuya conjunción se satisface en la funcionalidad del programa. Círculos, óvalos, cuadrados y dobles cuadrados, son acordados con magnífico refinamiento y cuidadas proporciones. Exedras y contraexedras contrarrestan las grandes bóvedas circulares y de aristas que cubren las salas centrales y de mayores dimensiones.

Las Termas de Caracalla se levantaban sobre una plataforma cuadrada cuyos lados se aproximaban a los 350m. de longitud. El tepidarium se constituía por una sala rectangular de 70x30 m2., cubierta por tres grandes bóvedas de aristas construidas y contrarrestadas del mismo modo que hemos visto al estudiar la Basílica de Majencio. El Caldarium se conformaba por una rotonda, cubierta por una bóveda hemisférica de dimensiones muy próximas a las del Panteón (39,20m. de diametros) y construida de la misma forma que hemos visto al estudiar la construcción del referido templo rotondo.

Planta de las Termas de Diocleciano.Las Termas de Diocleciano encierran con su muro perimetral el área de un cuadrado de 390 m. de lado, incluyendo la gran exedra. El edificio central o de baños era un rectángulo de 240x145 m2., en el que se incluye una piscina (frigidarium) de 87x45 m2.. El tepidarium (hall o sala central) se constituía por un rectángulo de 55x23m2. que se cubría con tres enormes bóvedas de arista, de construcción idéntica a las que cubren el mismo espacio de las Termas de Caracalla y a las que abrigan a la nave central de la Basílica de Majencio. Recordemos que la construcción de esta basílica se inició el mismo año que se acabaron las obras de las Termas de Diocleciano.

Desde el punto de vista de la construcción, puede decirse que en estos dos conjuntos (Termas de Caracalla y de Diocleciano), pueden encontrarse y estudiarse las más diversas técnicas y formas de construir que los romanos desarrollaron en la materialización de su arquitectura. Otro tanto podemos afirmar en relación con la concepción mecánica de las estructuras. El espacio central, sobre el que cíclicamente se van ordenando los volúmenes circundantes, marca e impone la forma estructural que han de tomar estos cuerpos periféricos. Como dijimos, al estudiar la Basílica de Majencio, es aquí, en virtud de su forma estructural, donde deberíamos emplazar el estudio de dicho edificio, y aunque aún tendríamos que esperar casi un siglo, desde que se terminaran las Termas de Caracalla, para que se construyera la citada basílica, recordemos que la estudiamos en páginas anteriores en razón de encajarla en la tipología definida para su uso. Por ello, para no repetirnos y alargar innecesariamente el estudio estructural, nos remitimos a las páginas que hemos dedicado a la referida basílica.

Con todo, el elemento más singular que podemos encontrar en estos edificios, al menos desde nuestro parcial y particular punto de vista constructivo, es la compleja e importante instalación que comprende, desde la traída del abastecimiento del agua fría hasta la distribución y circulación del agua caliente. Toda la instalación de cisternas, hornos y calderas quedaba bajo la gran plataforma, sobre la que se situaban los paseos, los jardines y el edificio central. El caldarium debía estar orientado hacia la zona más cálida (orientación sur) para que fuese calentado más fácilmente.

El acueducto Antoniniana entraba a la Ciudad pasando cerca de la Puerta Appia y traía el agua hasta las Termas de Caracalla, donde descargaba en una enorme  cisterna que abastecía a los tres tipos de baños y a la caldera y a los otros servicios. El primero de estos baños era el correspondiente al agua natural, el segundo el del agua tibia y el tercero el del agua caliente.

Magnífica decoración interior de las Termas de Diclesiano.Estos, se comunicaban entre sí, de manera que la misma cantidad de agua que salía del  vaso caliente para alimentar a las bañeras, pasaba del vaso de agua templada a éste, y por consiguiente igual cantidad pasaba del de agua fría al del agua templada. Los tres baños quedaban sobre un sólo hornillo de forma que la temperatura quedaba regulada por la distancia a la llama. Toda esta obra se realizaba con piedra volcánica o con ladrillos especiales, tomados con el mismo barro que se había empleado para su fabricación. Los sudatorium se constituían por recintos cubiertos con bóvedas, las cuales arrancaban a una altura igual a la anchura del local. El suelo de estas estancias se resolvía elevándolo sobre pilarillos y creando una cámara por encima del hornillo. Esta cámara se llenaba del humo de la estufa e incluso por parte de la llama de fuego de dicho hogar. El pavimento era el elemento que tomando el calor del hornillo lo vertía sobre las calderas o vasos. Todos los suelos se revestían con un revoco bien apretado de mortero de cal, arena y polvo de ladrillo (opus signinum) y se acababan con el opus albarium.

Las Termas de Diocleciano superaron todo lo imaginable en cuanto al lujo en la decoración. A las grandes columnas de mármol rosa les acompañaba el revestimiento marmóreo de los suelos y de la mayor parte de los paramentos verticales, en los cuales, no faltaban las refinadas pinturas murales y los estucados. Tanto el tepidarium como el caldarium, que tomó para su planta una forma muy similar a la que se adoptó para la Basílica de Majencio, forman parte de la actual Iglesia de Santa María de los Ángeles. Esta reforma y reconstrucción fue llevada a cabo por el insigne Miguel Ángel. Otras partes de las Termas de Caracalla forman parte de la actual Plaza de San Bernardo y de la Iglesia Santa María della Vittoria.


Actualizado 22/01/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|