INICIO de editorial.dca.ulpgc.es

Departamento de Construcción Arquitectónica  |  Escuela de Arquitectura
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria   |   Redacción

 Web Institucional www.ulpgc.es  ETS Arquitectura www.cda.ulpgc.es

Colecciones

Mapa web

  Boletín dCA

Descarga / FTP


Inicio Colecciones  C124 Templos y Basílicas
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C12 Rama Arquitectura romana             
C121 Rama Fábricas y materiales         
C122 Rama Elementos y Sistemas constructivos
C123 Rama Casas      
C124 Rama Templos y Basílicas       
C125 Rama Arcos de Triunfo      
C126 Rama Espectáculos
C127 Rama Termas y Baños
C128 Rama Obras públicas
C129 Rama El arquitecto          

 

EL TEMPLO Y LA BASÍLICA.

Aunque los usos del templo y la basílica fueron muy distintos en sus orígenes, hemos decidido recoger estas dos edificaciones civiles dentro de este apartado, con el fin de marcar el origen y la evolución de uno y otra, así como las diferentes funciones de ambas construcciones, y la razón de ellas en la vida romana.

 


Las deidades griegas fueron aceptadas por los romanos sin más mutación que la transposición de sus nombres. Los romanos entendieron el sentido del templo, a lo griego, mucho más claramente que los etruscos. Tenían la necesidad de esperar de lo sobrenatural y de los protectores mayores beneficios, y que las circunstancias les fueran o les siguieran siendo favorables y, en consecuencia, necesitaban de un lugar para el agradecimiento. Por ello para el templo romano no hemos de buscar más razones que las que se definieron para el templo griego.  Aunque los romanos extendieron este culto a dioses locales y a emperadores difuntos. 

La basílica era un edificio nuevo que emanaba de las necesidades de una sociedad, que ahora, se empeñaba en desarrollar la vida comunitaria, y de un pueblo amante y deseoso de la vida reglada. Era el edificio público en el que se impartía justicia, carente de cualquier connotación religiosa. Respondió al requerimiento de una sociedad que exponía y resolvía sus problemas en la "estoa"; de aquí que las primeras basílicas no fueran más que un patio rodeado de un pórtico cubierto y un lugar emplazado en su cabecera, para el administrador de justicia. Su planta, tomada más tarde por el Cristianismo por mera razón de apetencia funcional, encontraría el sentido religioso que hoy conocemos.

EL TEMPLO ROMANO.

Templos en el Area Sacra "Largo Argentina". Templo de Cori.La arcaica costumbre de invocar y adorar a los elementos, el sol, la lluvia, el viento, etc. no escapó al primitivo pueblo romano, así, el altar como mesa de los sacrificios en agradecimiento a la bondad de la naturaleza, es la pieza fundamental del templo de aquella temprana época. Como hemos visto en los capítulos anteriores el pequeño templo de la Grecia arcaica, tomado por los etruscos, llega a Roma cargado de profundas y definitivas peculiaridades toscanas, tales como: marcada direccionalidad disponiendo de fachada principal y escalera frontal in antis, alto podio y amplio pronaos, dotado generalmente de cuatro columnas. El templo de planta circular, que posiblemente procede de la cabaña o del "castro romano" se hace frecuente en los primeros años del siglo I a.C.. No obstante, hay modelos de esta tipología datados como anteriores al siglo IV a.C..

Son muy escasos los datos que se tienen de los templos del tiempo de la República, salvo de su última etapa; y por ello tomaron tanta importancia los hallazgos logrados en "Largo Argentina". Este lugar constituyó un Área Sacra localizada en el Plano de Servius Tiulus y situada al Este de la Roma Extramuros. Fue excavada muy tarde, pero se encontraron cuatro templos casi adosados de gran interés. Estos templos, probablemente por no conocerse en honor de que deidad fueron levantados, quedaron definidos o designados,  por las primeras letras del alfabeto y así se repiten en todos los textos de historia y arqueología y de este mismo modo los denominaremos nosotros. El más antiguo es de finales del siglo IV a.C. y es casi períptero, cella ligeramente rectangular apoyada sobre muro de fondo, con amplio pronaos  (quizá tetrástilo por pura traza etrusca) y de intercolumnio de 3 módulos. Nos referimos al denominado templo "C".

El segundo en antigüedad es un templo rotondo, períptero, con pronaos tetrástilo y escalera frontal "B" (siglo III a.C.). El siguiente es un templo períptero "A", también del siglo III a.C., y finalmente, uno próstilo, también con escalera frontal in antis, "D", que se data ya como del siglo II a.C.. Como puede observarse la cronología no responde al orden otorgado a las letras con que han sido designados y, aquí, las tomamos en la manera que lo definen los historiadores y arqueólogos.

El templo de Cori mantiene, en su planta, las constante propuestas por el templo etrusco. No obstante lo traemos a este trabajo porque, a pesar de haber sido calificado como de feo por su desproporcionada esbeltez, puso de manifiesto una de las características fundamentales que diferenciaría al templo romano del griego.

El templo griego se presenta como una construcción horizontal, es decir, la altura respecto al lado menor de la planta se mantiene frecuentemente en la relación 0,44 (4/9),  en tanto que  el  templo romano  es  de clara vocación peraltada y de gran esbeltez. La altura del templo romano superó, con cierta frecuencia, la longitud de su fachada frontal. Pero volviendo al templo de Hércules, levantado con anterioridad al año 100 a.C. en Cora (ciudad localizada al SE de Roma), aún podemos verlo y comprobar que se trata de un templo dórico, con un pobre y raquítico equino, columnas acanaladas en sus dos tercios superiores y basa cuadrada. Es tetrástilo, con un profundo pronaos y se sitúa sobre un alto podium de opus caementicium, careado por una mampostería en opus incertum de pequeños mampuestos. En ella asoma, por sus laterales, la cimentación que se aloja en dicho basamento como prolongación de las columnas (estereobatos).

Templo de la Fortuna Virile, Roma.Maisón Carrée. Nimes.Desde luego sorprende su desmesurada esbeltez y la separación entre las columnas (intercolumnio). Aquí el friso y el arquitrabe son una misma cosa, pues los tres triglifos que se disponen en cada intercolumnio ocupan toda la altura del elemento adintelado. Podemos admitir, para el templo de Cori, el calificativo de desproporcionado si se le compara con el bellísimo templo que por aquellas fechas (siglo I a.C.) se levantó en el Foro Boario de Roma, en honor a Portuno y que es conocido como el templo de la Fortuna Virile o con el que se levantó en Nimes, ya en tiempo de Augusto (año 20 a.C.), "Maison Carrée".

La Fortuna Virile es un pequeño templo jónico, también tetrástilo, al que no puede negársele su traza romana y la profundidad de su pronaos de propuesta etrusca, pero del que, por la acertada relación de sus proporciones, no puede descartarse que fueran maestros griegos los que lo construyeran. Se trata de un templo seudoperíptero, es decir, las semicolumnas adosadas al muro son puramente decorativas y es, dicho muro, el que mecánicamente se encarga del descenso de las cargas, aunque visto desde lejos se muestra como si se tratara de un templo períptero. Los muros están construidos con sillares de toba volcánica, en tanto que las columnas y el entablamento están labrado en mármol travertino.

La Maisón Carrée es una copia a mayor tamaño y en estilo corintio de La Fortuna Virile; es un templo civil, también seudoperíptero, construido por Agripa en el lado sur del Foro Anciano de Nimes. El promotor del Panteón murió el año 12 a.C. dedicándose, el templo de Nimes, al honor de sus dos hijos. Muchos historiadores se han referido a él, calificándolo como el más perfecto de todos los templos romanos. Está construido en piedra caliza local, sobre un podium que tiene una altura próxima a los 3m., al cual se accede por una gran escalera frontal in antis. La forma rectangular de la planta se mantiene en la relación 1:2, de manera que el frente presenta seis columnas por once que se disponen en el costado. Las columnas son estriadas, disponen de capiteles de hojas de acanto y finísimo ábaco mixtilíneo. El entablamento y demás elementos, son corintios y muestran el clasicismo de los arquitectos griegos de la corte de Augusto.

Aunque otros templos presenten plantas singulares como el de la Concordia, que situó su pronaos y escalinata de entrada en uno de sus costado, o el templo de Venus y Roma que, en realidad, eran dos templos unidos por su parte posterior, en general el templo romano de planta rectangular puede definirse como un templo de cella única, con pórtico hexástilo, escalera frontal y seudoperíptero, es decir, con muro de carga, en el que las semicolumnas adosadas al mismo, sólo juegan el papel decorativo.

En cuanto a su construcción no hubo diferencias considerables respecto a la construcción del templo griego, dotado de estructura de cubrición de madera, pero ahora a la manera de los armazones etruscos, es decir, con armazones de tijera.

Plantas de algunos templos singulares.Templo de Bacus, en Baalbek. Muro interior.Superada la primera mitad del siglo primero de la Era Cristiana, los templos rectangulares perdieron en religiosidad, en el sentido general, para tomar mayor carácter civil. Decoraron sus paramentos interiores como si fueran fachadas exteriores. Cubrieron su cella con grandes bóvedas de cañón, construidas totalmente en piedra mediante arcos fajones, de amplio intradós y delgadas losas de piedra que quedaban apoyadas en dichos arcos directores. Estos, se mostraban colgados y como si fuesen bandas tapajuntas de la pesada bóveda de cañón. Pero estos arcos fajones que descargaban en el muro, encontraban, tras salvar la cornisa, continuidad compositiva en las columnas adosadas a los muros, de forma que el espacio quedaba divididoo longitudinalmente, proporcionando una nueva vertiente de enriquecimiento a la arquitectura interior del templo romano.

Apoyado en estas bóvedas se conformaba un relleno de hormigón aligerado(6) por tubos cerámicos, hasta conseguir el plano inclinado sobre el que se recibían las tejas.

Con todo, los muros interiores se labraron y decoraron los paramentos interiores  de la cella a modo de fachadas interiores, dotándose de pilastras o semicolumnas, frisos y cornisas. El muro se aligeraba creando nichos u hornacinas, en la forma propuesta por Sila en la Fortuna de Praeneste. Estas hornacinas quedaron coronadas con frontis rectilíneos o curvos y recercadas por jambas, como si fuesen ventanas exteriores. Así los vemos en el Templo de Diana en Nimes y con la mayor elegancia y categoría en el Panteón de Roma.

Quizás la característica que mejor puede diferenciar la intencionalidad del templo romano respecto al templo griego, es su localización respecto al espacio exterior. Como ya hemos señalado, el templo romano se manifestaba como un edificio con una fachada principal y sin pretensiones de ser rodeado. Por ello, lejos de generar un espacio exterior en torno a él, como hiciera el templo griego, se colocaron en batería, casi adosados, o en la cabecera de los foros y se sintió afortunado cuando el eje longitudinal de la plaza coincidió con el único eje de simetría de su planta.

LOS TEMPLOS ROTONDOS (THOLOS).

Plano del Templo "B" en el Area Sacra de "Largo Argentina". Estudio de materiales.  Plantas de templos rotondos (Tholos).Con los templos rotondos, Roma, iniciaba el gran capítulo de los edificios circulares y elípticos para su Imperio, e incluso el de los edificios de plantas curvas para toda la Arquitectura Occidental. Aún teniendo evidencia de que el templo de planta circular tiene su origen en la choza, y admitiendo que el Templo "B" del Area Sacra de Largo Argentina en Roma, sea anterior al siglo II a.C., es evidente que Sila, que había ofrecido el soporte formal de los Arcos de Triunfo con la fachada del Tabularium, brindó igualmente, con el pequeño tholo que corona a la Fortuna Primigenia en Praeneste, el modelo, no sólo del Panteón de Agripa, sino el del "caldarium" o espacio ordenador de las termas romanas, y desde luego, ofreció las pautas aprendidas en Oriente, para la construcción de los teatros romanos. Por todo esto, es por lo que hemos querido iniciar nuestro trabajo haciéndole los honores  a  Lucio Cornelio Sulla (Sila), pues si César, Adriano y Trajano tuvieron a la arquitectura como lenguaje unificador del Imperio, es evidente que el constructor del magnífico Tholo de la Sibila o de Vesta en Tivoli, había fijado las bases necesarias para ello.

A diferencia del tholo griego el tholo romano reclamó la condición de los templos etruscos. Esto es, montarse sobre un alto podio y caracterizarse por su direccionalidad, dotándose de un pórtico, que aunque siempre se mostró como algo fuera de él y separable, le proporcionaba una fachada y una orientación   definida.   De  esta  manera  lo vemos en todos los templos romanos de planta circular y, desde luego, en el Panteón. 

Al final de la república, los templos rotondos, se hicieron relativamente frecuente en Roma. Así, el Templo de Vesta situado junto al Templo de la Fortuna Virile en el Foro Boario de Roma, fue levantado por Severiano hacia el año 20 a.C., sobre las ruinas de otro que se ha datado como del siglo VIII a.C.. Este templo constituía el centro de devoción de los mercaderes que navegaban por el Mediterráneo, que adoraban a una estatua griega labrada por Scopo el Joven. Incluso el templo que hoy vemos debió ser obra de un arquitecto griego. Templo de la Sibila en Tívoli.Templo de Vesta en el Foro Boario (Roma).

El Templo de Vesta, en Roma, es el superviviente más antiguo de los construidos con mármol pentélico y, sobre su basamento de tufa, muestra, a pesar de la noble caliza, su vocación de templo primitivo de madera.

El Templo de la Sibila, en Tívoli, es uno de los más bellos de todos los templos rotondos. Levantado en el siglo I a.C, muestra con su encantador emplazamiento y con la armonía de sus elementos, la llegada del Helenismo a Roma.  Construido  en  la  piedra caliza  local, tiburtina, es períptero aunque sacrifica el tholo, para mantener el lenguaje unificado de la arquitectura romana, dotándose de un pórtico o frontón tetrástilo. Sobre un podio que le empina ligeramente en el paisaje, sus columnas corintias, estriadas, se dotan de basas pequeñas y capiteles muy decorados. Estas, soportan un entablamento en el que, en ausencia del friso, el arquitrabe se decora con cenefa de volutas romanas.

En la lucha que Sila sostuvo con Mario, el templo de la Fortuna en el Foro de Praeneste, lugar donde hoy se emplaza la Ciudad de Palestrina, fue incendiado quedando totalmente destruido. Para compensar esta deuda que el gobernante tenía con la ciudad, el año 82 a.C. comenzó a construir el vasto complejo que configuró el Santuario de la Fortuna Primigenia. El conjunto constituyó una obra insólita desde el punto de vista urbanístico. La propuesta de ordenación de la abrupta y empinada falda de un montículo bajo una simetría a ultranza, constituía la introducción de importantes muros de contención  y  plataformas a distintos niveles. 

Estos muros fueron levantados de hormigón, a partir de una mampostería irregular (opus incertum).Santuario de la Fortuna Primigénia en Praeneste (actual Palestrina).

Sila debió dedicarle mucho tiempo en su imaginación a esta obra. Si se quisiera hacer una síntesis del aprendizaje de la arquitectura, desde el punto de vista formal y volumétrico, que Sila había tomado en sus vivencias por el Este del Mediterráneo, éste monumento nos ofrecería toda la argumentación necesaria.

Del Santuario de la Fortuna Primigenia se ha dicho que su recorrido procesional responde al santuario helénico de la Isla de Chio, que la organización volumétrica responde al modelo de los santuarios helénicos de Pérgamo y Rodas, que sus plataformas debieron inspirarse en las terrazas babilónicas y desde luego, que sus rampas, aunque cubiertas, son propias de un Ziggurat. 

Nadie puede dudar de la influencia Helénica del monumento y es más que probable, que Sila reclutase una amplia plantilla de maestros y artistas griego para la construcción del mismo. No obstante, era la arquitectura del Tabularium la que él pretendía para el lenguaje unificador de la nueva  arquitectura  de  Roma.  Por  ello,  si queremos encontrarle objetos paralelos a este monumento, es al edificio contenedor de las Doce Tablas al que debemos volver o dirigir muestra mirada.

Es tan amplio el programa que se desarrolla en este conjunto arquitectónico que a nosotros, constructores, lo que nos interesa señalar es que Sila, precedido por un teatro, coronó al complejo a que nos estamos  refiriendo, con un pequeño tholo cubierto por una cúpula, probablemente de hormigón.Restos de la ruinas del Complejo de la Fortuna Primigenia.

Se tiene como cierto que este tholo fue el primer edificio circular que Roma cubrió con cúpula. Los muros del tholo de Praeneste, en relación con las proporciones de esta construcción rotonda, son excesivamente gruesos, como corresponde a los muros que han de absorber los empujes que se derivan de la cúpula hemisférica. Los constructores de este templo rotondo debieron entender que aligerar la masa de un muro sin merma de su espesor,  no  supone gran  disminución de su momento de inercia, y menos aún, en el caso del muro de planta circular. Así, el muro del Tholo de La Fortuna Primigenia presentó en su amplio espesor, un conjunto de exedras y nichos, de simetría radial, y sirvió de modelo a una larga cadena de edificios de planta circular cuyo mejor exponente, es el Panteón de Roma.

EL PANTEÓN.

El Panteón. Roma.El Panteón.  Planta y Sección longitudinal.Se ha dicho, del Panteón, que "es el edificio mejor conservado de toda la historia de la arquitectura" y aunque no podamos aceptar esta afirmación por lo radical de su manifestación, la citamos aquí para enfatizar este aspecto, ya que es cierto que se trata del edificio, de la Roma Antigua, que mejor se ha conservado. El edificio levantado por Agripa en tiempo de Augusto (año 25 a.C.) como Ninfeo, en otro lugar de la plaza actual, fue destruido por completo dos veces por los incendios, del año 80 a.C. primero y el de 110 d.C. más tarde. El que conocemos fue levantado totalmente nuevo en tiempo de Adriano, por un arquitecto del cual no se conoce su nombre. Su construcción se inició en el año 118 d.C. y se concluyó el año 128.

El templo de planta rotonda no era cosa nueva para la fecha en que se levantó el Panteón, no obstante, las dimensiones, el contraste entre la sobriedad del exterior con el refinamiento del interior y el sentido arquitectónico del espacio único integrador, hacen de este edificio una pieza singular no sólo de la Arquitectura Occidental, sino una fuente inagotable para el estudioso de las formas   estructurales   y   de   los   sistemas constructivos. La planta circular de su cella nace con determinada direccionalidad, pues sobre el eje de la entrada, y en oposición a ella, se coloca la única exedra cuya altura se adentra en el gran friso denticular. Esta, se cubre con una bóveda de cuarto de esfera y se manifiesta al exterior como claro ábside.

 El Panteón es el mayor de todos los templos rotondos que levantó Roma en todo su Imperio, y tanto en su interior como en su pórtico de entrada se alojan un gran numero de nichos, lo cual hace pensar que pudiera  haber sido levantado para alojar, en un sólo edificio, a las múltiples deidades y protectores del Imperio.

Su planta toma un diámetro de 43,43 m. e igual medida toma la altura, es decir, la cota que alcanza el óculo de la cúpula respecto a la del pavimento, con lo cual, en su interior puede inscribirse perfectamente una esfera del diámetro citado. Ocho radios distribuidos homogéneamente por el círculo de su base, fijan la posición de la única entrada y las de las siete exedras que se conforman en el muro. De éstas, las cuatro mayores, localizadas sobre los radios diagonales, son rectangulares y las otras tres son semicirculares.

El muro exterior tienen un espesor de 6,10 m. aunque encuentra tres niveles de nichos de aligeramiento. Por ello se trata de un muro macizo con grandes huecos o nichos, cuyo recorrido  ondulante  se  conforma  mediante capas exteriores de ladrillos que encierran en su interior un núcleo de hormigón. No obstante este muro se aligera, como acabamos de decir, por un conjunto de quince nichos, más el gran hueco de la puerta de entrada. De estos espacios vacíos o exedras, ocho quedan ocultas y orientadas hacia el exterior, en tanto que las otras siete se abren al interior y conforman las exedras abiertas que hemos señalado en el párrafo anterior. Si se mira la sección horizontal de la rotonda, es decir, visto en planta, puede verse como entre dos nichos consecutivos del muro, abiertos al interior, pueden percibirse ocho grandes soportes. Cada uno de estos machones, queda aligerado por el nicho interno correspondiente. 

El interior de estos últimos huecos está atravesado por dos planos radiales o transversales, de ladrillos, que se resuelven con arcos rampantes. Estas paredes radiales, actúan de dos formas: primero como elementos de unión entre las dos hojas en que puede imaginarse dividido el muro y, segundo, como contrafuerte oculto. Esta compleja descripción es posible que pueda entenderse mejor si al tiempo en que la vamos leyendo volvemos la mirada al plano de planta que se acompaña.

El sistema de aligeramiento del muro que hemos descrito en los dos párrafos anteriores, corresponde a la parte inferior del mismo, es decir, al cuerpo que queda por debajo del friso o de la primera cornisa exterior. No obstante, este juego de vaciados internos, vuelve a repetirse en el nivel del friso e incluso, en el del arranque de la cúpula.

En el nivel segundo, que corresponde a la totalidad de la altura que alcanza el gran friso, la estructura se hace aún más compleja, pues en la cara interior del muro se introduce una estructura de arcos de descarga de los dinteles de las exedras. Estos sistemas de arcos de descarga adquieren una gran efectividad, dado que por encima de cada arco circular vaído (arco escarzano), se coloca un nuevo arco de descarga local, de menor radio. Estos arcos rebajados, que descargan a cada uno de los tres vanos en que se dividen las exedras adinteladas, neutralizan, entre sí, sus reacciones. Los empujes extremos, de los mismos se absorben en el muro. Por encima de este sistema de dobles arcos rebajados, un gran arco de medio punto, apeado por dos pilarillos, también de ladrillo,  establece la descarga, o retira la carga, de los anteriores. Este gran arco alberga y permite la creación de un hueco rehundido y ciego que constituye la pieza principal del ritmo en el que se basa la decoración del gran friso.

Detalle de la estructura interna.Fases de la Construcción del Panteón de Roma.Por la forma de las exedras e incluso por la de los techos de las mismas, podría pensarse, salvo la bóveda, en una construcción adintelada. No es así, todo está resuelto mediante una construcción con arcos  y,  si  se  quiere,  con  cortos  cañones radiales y transversales a los paramentos de los muros, colocados por encima de los últimos nichos y ocultos en los riñones de la cúpula. Incluso el pórtico es abovedado. Todo el descenso de las cargas de la cúpula está dirigido hacia los ocho grandes machones, liberando a los nichos de toda aquella acción que pueda introducir flexiones en los dinteles de las hornacinas.

Más apasionante aún, es la construcción de la cúpula, y desde luego, analizar la compleja estructura que la controla puede hacer las delicias de cualquier técnico en esta materia. Interiormente es perfectamente hemisférica y su arranque está claramente definido por la cornisa que corona al friso. Desde la rotonda, se muestra muy ligera, tanto por la proporción y sencillez de los 140 casetones que se adentran en su superficie, como por la amplitud del óculo cenital. Esta perforación toma un diámetro de 8,23 m. Los casetones se distribuyen en cinco hiladas con veintiocho cofres en cada una de ellas. Son todos trapecios y se mantienen idénticos dentro de cada una de estas hiladas. El encofrado recuperable de estas artesas, se lograba por superposición de tablas donde cada una de ellas era de menor superficie que la anterior. No obstante, para que la percepción de los escalonamientos de los casetones, sea más perfecta para el observador que circula por la rotonda, éstos escalonamientos están dotados de una clara excentricidad, de manera que el eje del encofrado que produce el casetón no se dirige al centro de la esfera, sino a un punto situado a unos 3 m. del suelo y localizado sobre el eje vertical del templo.

La cúpula, en la parte más alta, tiene un espesor de 1,20 m. y mantiene constante este grosor desde el anillo del óculo hasta el comienzo de los escalones exteriores con los que, horizontalmente, se zuncha a la altura de sus riñones. Esto ocurre hacia los 42 grados respecto al plano horizontal que marca el arranque de la cúpula, el cual se define por la moldura que corona al friso. Desde esta cota, hasta la que determina los 20 grados respecto al mismo plano, los escalonamientos citados van aumentado el espesor de la semiesfera que, en el escalón inferior, la dotan de un espesor de unos cuatro metros. Por debajo de este punto y hasta el nivel del referido plano de arranque puede considerarse como la zona de estribo de la cúpula. Esta faja de máximos empujes horizontales queda integrada y abrigada por el propio muro circular en el cual descansa. A esta altura se da el tercer nivel de los nichos que aligeran al muro y, dentro de estos nichos, se establecen contrafuertes constituidos por arcos de ladrillos, transversales al muro.

En toda cúpula hemisférica, cabe distinguir dos áreas claramente diferenciadas por la forma en que se organizan sus isostáticas o direcciones principales de sus tensiones máximas. Así en el casquete esférico que queda situado por encima del plano que define el paralelo de los 51 grados, se desarrolla un estado tensional de bicompresión. Es decir, en este casquete superior, cualquier punto de él se encuentra solicitado de compresión según la dirección de los meridianos, e igualmente se ve solicitado de compresión según la dirección de los paralelos. Por debajo de este casquete, o lo que es lo mismo, en la franja definida por el plano del paralelo citado (51°) y el arranque de la cúpula, el estado tensional es de compresión según la dirección de los meridianos y tracciones según la de los paralelos.

La estructura básica resistente de la cúpula del Panteón se constituye por una retícula laterítica compuesta por pilarillos de ladrillos, según la dirección de los meridianos y un conjunto de cinco anillos horizontales, también de ladrillos,  y paralelos entre sí. Estos anillos horizontales han de resolverse, parcialmente, como elementos adintelados, apoyados en dos pilarillos contiguos, para lo cual ha de dársele una ligera contraflecha. Por otro lado han de mantener la total continuidad dentro del anillo horizontal, que conforma en la retícula citada.

Esta estructura de ladrillos que constituye el esqueleto de los casetones, se instala en la cara externa respecto al espacio interior generado por la cúpula. Se aloja en la zona de la cúpula comprendida entre el plano de arranque de la misma y la cota próxima a la definida por los 53° respecto al plano horizontal de dicho arranque, con lo cual cubre el área definida entre los estribos y los riñones de la bóveda.

No obstante, la cúpula se define como construida de hormigón y en efecto, el hormigón es el material que cubre el casquete superior y el material que trasdosa a la estructura de ladrillo que hemos descrito en el párrafo anterior. Así mismo rellena los casetones y hace que los anillos horizontales de ladrillos respondan, por compresión, a las tensiones de tracción que se generarían en esta parte de la bóveda si no estuviera el hormigón para impedir cualquier relajamiento que hiciera entrar en tracción a los elementos horizontales de la estructura laterícia. 

Como hemos dicho, la cúspide se abre con un óculo cenital horizontal de 8,23 m. de diámetro, de manera que las compresiones según la dirección de los meridianos se ven, inicialmente interrumpidas. Para recomponer dichas compresiones se introduce un anillo rígido que, por gravedad, genera reacciones radiales y restablece el equilibrio según dichos meridianos. El borde del orificio se revistió con la cornisa o moldura de bronce de 70 cm. de enteste y más de un metro de vuelo, que aún conserva.

El interior del Panteón (G. Pannini).Detalle de los casetones de la cúpula.Pero el papel principal del hormigón en la magnífica cúpula del Panteón es el de lograr el total monolitismo del conjunto abovedado. No obstante, aún se refuerza el hormigón por medio de una estructura de ladrillo que actúa, quizá, con la doble función de descargar, mediante arquillos, la carga continua que introduce el anillo del óculo y de servir de armadura al hormigón, frente a sus fenómenos reológicos. Con todo, se puede observar la jerarquía mecánica que se establecen entre los distintos materiales de construcción. Así, el hormigón se arma con ladrillo en tanto que la fábrica de ladrillos se refuerza con losas pétreas.

El Panteón que es el templo donde la arquitectura romana puede sentirse más pura y menos tocada de la influencia helénica, vio más tarde, como se le anteponía un pórtico de influencia griega y traza etrusca. El pórtico abovedado actual, colocado por iniciativa de Severo y Caracalla (como consta en una inscripción del frontón), es octástilo, de estilo corintio, tiene un ancho de 33,50m. y un fondo de 18,30m. y da paso a un amplio vestíbulo repleto de hornacinas. Las columnas del pórtico carecen de estrías pero muestran basas y capiteles corintios, de mármol pentélico. Los fustes son lisos, monolíticos y se alternan los de mármol con los de granito; disponen de una longitud de 10,61 m., siendo la altura total de las columnas de 14,14 m. Los capiteles, se muestran muy recogidos en su hojas, de forma que el diámetro envolvente mayor no supera 1,51 m. en tanto que el diámetro de la base es de 1,31 m.. No obstante, este recogimiento del capitel que podría prolongar el fuste de la columna hasta presentarlas raquíticas o desposeerlas del papel del capitel que no es otro que recoger las cargas del arquitrabe, no es percibido y se manifiesta acorde con la sobriedad del edificio.

El pórtico se sitúa en la parte Norte del actual edificio, en tanto que en el primitivo Panteón de Agripa, el pórtico se localizaba en el lado sur. Como en los pórticos de los templos etruscos, el del Panteón, muestra tres crujías, de las que sólo la primera cubre su frente con el número de columnas que define al mismo, en tanto que las crujías interiores se aligeran de las columnas intermedias. Simétricamente, grandes exedras se abren sobre los muros de dos cuerpos que se adelantan para dar paso al vestíbulo de entrada al templo. En estos cuerpos trapezoidales se alojan las escaleras que suben al segundo nivel del pórtico, y por esta razón, vemos dos niveles de tejados en los faldones de la cubierta del mismo.

Contrasta la sobriedad exterior del Panteón con la rica decoración que lució su interior. Aunque el forrado de mármol le sobrevino más tarde, el interior de la cella se recubrió con un conjunto de mármoles de colores, resultando una refinada policromía que superaba toda pretensión helenística. El gran friso, desde la cornisa que marca el adintelamiento de las exedras hasta la que señala el arranque de la cúpula, y que hoy se muestra estucado, revestía sus cuarteles o espacios entre las pilastras, mediante placas de mármol verde y losas de serpentina. En el centro de cada casetón de la cúpula se anclaba un rosetón de bronce que se manifestaba como centro de la policromía con la que se decoraron estos cofres; los cuales son la base de la muy cantada sensación de ligereza que ofrece la bóveda.

Con todo, el interior del Panteón debía presentarse como una unidad cósmica, un Universo, de manera que así fue visto y pintado por Giovanni Paolo Pannini, quien reflejó su colorido, riqueza y jerarquía espacial, mejor que ninguna otra reproducción pictórica o fotográfica lo haya mostrado nunca. El pavimento de mármol, ordena su composición con la más pura traza de los pavimentos romanos y se inclina, ligeramente, hacia el centro, en la vertical del óculo, de forma que el agua de lluvia era drenada en este punto.

Pese a ser el edificio que mejor nos ha llegado de la Roma Antigua, han sido muchos los cambios que separan el edificio actual del que levantara Adriano. Exteriormente el zócalo se recubrió de grandes placas de piedra. Las láminas de bronce que originalmente forraron, exteriormente, a la cubierta, fueron sustituidas por plomo y trasladadas a Oriente en tiempo de Constantino. El frontón del pórtico estuvo engalanado por un magnífico relieve de bronce, donde hoy sólo encontramos sillares.

LA BASÍLICA.

Plantas de algunas basílicas romanas.Sin duda el hormigón (opus caementicium) y la bóveda, hicieron posible que la arquitectura civil romana se sirviera de edificios de escala y magnitudes de espacios excepcionales; buena muestra de ello es el tipo de edificio que ahora tratamos. No hay que buscarle precedentes, a la basílica, más allá de la etapa republicana, no obstante y moviéndonos en el tema de la formalización del edificio, es fácil pensar que la función social que se desarrolló en la estoa griega, encontrara parangón equivalente en el Pórtico Romano que conformaba a los Foros. De hecho, la primera basílica se componía de un espacio controlado por un pórtico cubierto que rodeaba y encerraba un patio, el cual, terminó cubriéndose por pura razón de funcionalidad o de protección de la lluvia. Etimológicamente la palabra basílica procede del griego (basili_h).

En algún texto de Historia de la Arquitectura, con el fin de buscarle una analogía formal al edificio, se ha dicho que la basílica puede haberse inspirado en los grandes salones de los palacios egipcios. Ofrecemos este dato sólo para valorar la categoría espacial de la basílica, pero sin alinearnos con esta afirmación que, por otro lado, nada nos preocupa.

Mucho más interesante puede ser estudiar las razones que motivaron la necesidad de este edificio, y el desarrollo social a que se llegó en tiempo de la República Romana, pues, no debieron ser sólo razones comunitarias del desarrollo de la vida en la ciudad, sino razones de derecho de Estado, ya que rápidamente surgieron basílicas en todas las provincias y rincones del Imperio. Se trataba de un edificio público cubierto, en cuya (ecclesia) sala asamblearia, se practicaban distintas funciones o usos. Se impartía Justicia y se resolvían un gran número de actividades y asuntos administrativos.

No hay otro edificio de la Historia Antigua que haya tenido mayor proyección en el Mundo Occidental, pues ha servido de modelo a la Arquitectura Bizantina, a la mezquita árabe y, a través del Cristianismo, a la Etapa Medieval y a la  mayoría  de las iglesias  renacentistas.

La propuesta formulada por la Basílica de Majencio ha producido el edificio público más repetido de todos los tiempos.

La planta es un gran rectángulo que quedaba dividido por columnas, originando tres naves longitudinales, según describe Vitruvio, de forma que la nave central remontaba sus muros por encima de la cubierta de las naves laterales, para permitir, por estos costados, la iluminación cenital del espacio central. Esta nave era de mayor anchura y quedaba cerrada, en su cabecera, por una exedra, reservada para el magistrado que impartía justicia. El suelo de este ábside, para el Tribunal de Justicia, quedaba elevado sobre un estrado(7).

En general, la basílica solía tomar en su nave central, las proporciones de un rectángulo en el que el lado mayor era el doble que el menor. Disponían de tres ó cinco naves, tomando las laterales dos plantas y luciendo columnas en la resolución de su galería superior. La cubrición de este edificio se resolvía, en principio, mediante armazones de madera como lo hiciera el templo etrusco y presentando un techo plano.

Planta de la Basílica de Majencio.La gran actividad constructiva que se inició en el siglo I a.C. en la que, al parecer, la consigna general era, aprovechando el dominio de la técnica, construir mucho y deprisa. Se trataba de colmatar los foros, y ello, produjo un amplio número de basílicas, probablemente más de las que por razón de población era necesario. Así, se levantó la Basílica Julia, en el costado izquierdo del Foro Romano hacia el año 46 a.C., en tanto que en el costado derecho de dicho foro funcionaba la Basílica Emilia, que había sido levantada el año 179 a.C. entre el Foro romano y el Foro Pacis. Cerrando la cabecera del Foro de Trajano se levantó la Basílica Ulpia hacia el año 100 d.C..

Las primitivas basílicas se construyeron mediante muros de carga, longitudinales, generalmente de ladrillos. En la línea en la que se unían las naves, se disponían pórticos constituidos por columnas y dinteles. Sobre éstos, descargaban los muros superiores que quedaban horadados por las ventanas superiores. Sobre dichos muros descansaban los armazones de madera que soportaban la cubierta, siendo, ésta última, de tejas, aunque el conjunto se mostraba como una cubrición relativamente ligera. El ambiente o aspecto interior estaba definido por las alineaciones de las columnas que, virtualmente separaban las naves. Así, la Basílica Julia disponía de 74 columnas y la Basílica Ulpia mostraba 112.

La Basílica Ulpia fue levantada el año 98 d.C. por Apolodoro de Damasco, tenía cinco naves de manera que a cada costado de su nave central se acompañaba de dos pares de naves laterales de 7,24m. de ancho cada una de ellas. La planta de su nave central medía 117,30x25,50m2. y la altura de este espacio era de 36m. Esta nave se cerraba en sus extremos por dos grandes exedras colocadas sobre su eje longitudinal. Como hemos dicho, se localizaba en la cabecera del Foro de Trajano y se accedía a ella a través de un pórtico. Un gran número de columnas separaban las naves laterales entre sí y, a éstas, de la nave central. Sus fustes de granito rojo traído de las canteras de Siena, soportaban capiteles corintios de mármol pentélico (blanco).

Otras muchas basílicas dejaremos sin reseñar, conscientes de que no podemos alargarnos indefinidamente en este capítulo, pero aprovecharemos el que dedicaremos a la Construcción de la Arquitectura del Cristianismo para volver a estas construcciones. Ahora, hemos de ocuparnos de la construcción de la Basílica de Majencio.

La Basílica de Majencio o de Constantino deberíamos haberla situado, en este estudio, después o junto a las grandes termas. Ello, tanto por razón de cronología como por razones de técnicas constructivas. De esta forma, podríamos ver su enorme identidad con el Tepidarium de las Termas de Caracalla, así como con el mismo espacio de las Termas de Diocleciano.

La construcción de la Basílica de Majencio.Los romanos aprovecharon hasta las últimas consecuencias las ventajas que le ofrecía el hormigón, y es más que probable que sin el nuevo material no se hubiesen desarrollado los distintos tipos de bóvedas, ni la iluminación de los espacios centrales, y con ello, los enormes edificios que la desmesurada población romana requería para su vida pública. Si acercamos la Basílica de Majencio a las termas citadas, no sólo podremos apreciar el sentido del uso y concurrencia del espacio público, sino la liberalización que generó el hormigón respecto al sistema adintelado y, fundamentalmente, respecto al eje longitudinal que había presidido y condicionado la plantas de los edificios anteriores a este momento de la Historia. 

Evidentemente, la nave central de la Basílica Ulpia, tomaba dimensiones que superaban ligeramente a las que tomo la Basílica de Majencio y se cubrió con armazones  de madera. No obstante, esto implicaba una gran densidad de columnas y de armazones de cubrición.

La llegada de la bóveda y del hormigón a la basílica, modificó la estructura y la cubierta, impuso importantes modificaciones en la planta y cambió fundamentalmente la concepción del espacio. De un espacio jerarquizado se pasó al espacio integrador, cuyo modelo ya había sido bien aprendido en el Panteón y en el Tepidarium de la Termas de Caracalla. Este espacio sólo podía ofrecerse por medio de la cúpula o de la bóveda de aristas. Los grandes arcos que servían de boca a estas bóvedas, permitían la iluminación lateral por un costado de la misma, a la vez que posibilitaban la asociación con otras bóvedas contiguas, por otros laterales. También y como ya hemos expuesto, las bóvedas de cañón, con las cuales se cubrían las naves laterales, contrarrestaban los empujes de las bóvedas centrales y permitían la eliminación del conjunto de columnas, que señalaban la división entre el espacio central y las otras naves paralelas.

El mejor ejemplo de cuanto acabamos de exponer, lo constituye la magnifica Basílica de Majencio, iniciada por este emperador en el año 306 d.C. y acabada siete años más tarde (313 d.C.) por Constantino El Grande. Este último sucedió a Majencio, que había muerto un año antes de la última fecha citada, y puso todo su empeño en acabar la gran obra.

Como vemos, su construcción tuvo lugar cien años después de las termas de Caracalla y casi doscientos años más tarde que el Panteón, es decir, cuando el hormigón era ya el material tradicional y experimentado en la construcción romana.

Sobre un rectángulo de 100x65m². se dibujaba el eje longitudinal, y sobre esta dirección la nave central dispuso de una longitud de 81m. y una anchura de 25m.. A ambos lados de ella, las naves laterales se dividían en tres tramos, creando espacios de 16m. de anchura y 17,60m. de fondo. El espacio central alcanzaba una altura de 35m. y se cubría por tres enormes bóvedas de aristas, con lo cual, este espacio, se percibía dividido en los tres tramos, de la misma forma en que, como hemos dicho, se dividían las naves laterales. Estas últimas se orientaban, transversalmente, hacia la central con total apertura e integración.

Perpendicular al eje longitudinal se desarrollaba un nártex muy estrecho (14x64m².) y en el lado opuesto de dicho eje, la nave central, se cerraba con el ábside principal o de los magistrados. No obstante, sobre el eje menor o transversal, que atravesaba el tramo medio de las naves laterales, se situaba la puerta principal y, al fondo de dicho eje, se abría un segundo ábside de mayores dimensiones que el que hemos definido como principal o de los magistrados.

Restos de la Basílica de Majencio.Los ábsides se cubrían con medias bóvedas esféricas, las naves laterales con tres bóvedas transversales de cañón decoradas y aligeradas por casetones octogonales, y como ya hemos señalado, la nave central se resolvía mediante tres bóvedas de aristas de espléndidas dimensiones. Estas grandes bóvedas de crucería, descargaban en ménsulas pétreas, empotradas en los muros transversales; además, éstos muros servían de estribos o recogían la descarga de los cañones de las naves transversales. Con todo ello, en la cabecera de dichos muros quedaban contrarrestados todos los empujes de las bóvedas de arista. De esta forma, las columnas que parecían recibir los arranques de estas bóvedas centrales, no jugaban más que un papel de equilibrio perceptivo, no tenían otra función que la de componer el espacio, al cual dividían espacial y virtualmente como elementos estructurales decorativos. De hecho, permanecieron allí erectas bastante tiempo, después de arruinado el edificio, hasta que se retiraron y trasladaron a otra construcción.

Como todos los edificios que se cubrieron con bóvedas, recibía las tejas de cubrición sobre esas mismas superficies y sobre el relleno aligerado de sus senos de arranque. Pues no fue nada frecuente que los romanos situaran caballetes de madera, como soportes de la cubrición, por encima de sus techos abovedados.

En cambio, se colocaron estos armazones de madera en la, igualmente grandiosa, Basílica de Septimio Severo levantada hacia el año 216 d.C., en Lepcis Magna. La cual presenta un techo plano artesonado en su nave central, que alcanzaba una anchura de 19m. y una altura de 30 metros. Lepcis Magna era la ciudad natal del citado emperador, el cual, había muerto seis años antes de que se iniciaran las obras de su basílica.

Con una decoración propia del momento estelar de la etapa imperialista, la basílica de Majencio llego a ser una de las obras de mayor prestigio de la Arquitectura Romana. Construida en ladrillo y opus caementicium en sus bóvedas, se unen en ella, la técnica constructiva con la exquisita unidad formal del espacio integrador.


Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|