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El capítulo de Fábricas y Materiales se desglosa en los apartados de: OPUS CAEMENTICIUM, LAS PIEDRAS EN LA CONSTRUCCIÓN ROMANA, EL LADRILLO ROMANO, OTRAS  FORMAS DE APAREJOS Y DE REVESTIR LAS OBRAS.

LAS FABRICAS Y SUS MATERIALES.

A pesar de la diversidad de elementos que ensaya y divulga la Arquitectura Romana y que iremos viendo en puntos posteriores, fue el muro el elemento fundamental de su tecnología constructiva. El muro, de gran espesor, se prolongaba o unía con el elemento de cubrición sin solución de continuidad.


En muchas ocasiones,. este muro se abría a la exedra para aligerarse sin perder inercia mecánica, así lo vemos en el Panteón donde el espesor toma 6,00 metros.

Roma como Grecia, Siria, Egipto y los otros Pueblos del Mediterráneo construyó con muros de una hoja, es decir manteniendo un aparejo homogéneo de piedra o de ladrillos en todo el espesor del muro, pero la gran novedad de la estructura mural romana aparece cuando se descubren las propiedades del mortero o argamasa puzolánica. Ahora, el muro se constituye mediante tres capas. La capa central, que ocupa la mayor parte del espesor del muro, se integra por un potente núcleo portante (opus caementiciun) en tanto que las exteriores (opus testaceum) adoptan las funciones propias de las superficies de un encofrado perdido. Esto abrió paso a un amplio abanico de aparejos o tratamientos decorativos de los paramentos del muro y a una gran variedad de fábricas mixtas.

OPUS CAEMENTICIUM.

Se definía así a la argamasa que se lograba a partir del cemento natural obtenido de la piedra de puzolana de la zona de Bayas, en la falda del Vesubio. La mezcla de toba con puzolana molturada y cal, originaba un mortero al cual se le incorporaban áridos en la ejecución. Constituía el núcleo de los muros y de los arcos de dimensiones considerables. Como plementería o capa de trasdós de las bóvedas y cúpulas romanas, constituyó la estructura mecánica fundamental e imponía el monolitismo a toda la obra.

Este mortero concrecionado, que se generalizó desde los comienzos del siglo II a.C. supuso un sistema económico y definitivo para pretensiones expansionistas que habrían de llegar con los tiempos del Imperio. La argamasa de este polvo de Puzzoli se endurecía hasta tal punto, que motivó que Vitruvio escribiera lo siguiente:

"...Se unen súbitamente en un cuerpo, y se endurecen por Instantes, consolidando se en el agua de modo, que no bastan á desatarlas ni la violencia de las olas, ni ninguna otra fuerza de las aguas."

No obstante, muchas cúpulas romanas levantadas en base a este material no soportaron, demasiado bien el paso de la historia.

LAS PIEDRAS EN LA CONSTRUCCIÓN ROMANA.

Sin restar importancia al papel que jugo el hormigón o mortero concrecionado (opus caementicium) en la construcción romana, fue la piedra el material básico en la unificación del lenguaje que se había propuesto para la escala de su arquitectura. Por ello, donde quiera que Roma estableciera los límites de su Imperio, allí tenía, no sólo que iniciar una investigación encaminada a la búsqueda de posibles canteras, sino que debía trasladar, a esos puntos, a sus maestros canteros y formar el personal necesario para desarrollar el Helenismo, que había aceptado como bandera. Aunque siempre se construyó con la piedra local, una cantera de buena piedra se convertía en un foco desde el cual se originaba un mercado de piezas elaboradas. Capiteles, cornisas y otros elementos constructivos, básicos del lenguaje arquitectónico, circulaban, no sólo dentro de la Provincia, sino que se exportaban de una a otra.

Despiece y estereotomía de un arco romano.Roma tuvo que darse cuenta, a la hora de proponer el carácter unificador de su arquitectura, que se encontraría, a lo largo de su basto Imperio, con abundante mano de obra poco o nada cualificada. Por ello, para quien ahora redacta este trabajo lo más admirable de la construcción romana, no es sólo la unidad y la universalidad de la propuesta sino también la calidad que mantiene su ejecución. Los fines propuestos sólo se lograrían si se proporcionaba un material universal como el hormigón, asequible a la cualificación de cualquier obrero y una industrialización de la estructura decorativa.

 Por no poder entrar en una exposición de las canteras que fueron abiertas y localizadas en el Imperio, haremos una somera referencia a las piedras que hicieron posible la construcción de Roma, para pasar rápidamente a los tipos de aparejos y a las formas de construcción de los mismos.

Roma se abasteció de canteras muy cercanas. Saliendo por la Puerta Esquilina y sin apartarse de la Vía Collatina, a unos 10 Km. al Este de la ciudad, en el área de Rubra, se encontraban las canteras de levante que proporcionaban la "Piedra Roja" piedra floja de color rosa que, aunque no era buena para exteriores, fue la de mayor consumo en la construcción. Río arriba, a unos 11 Km., al Norte de Roma y sobre el Tíber, se localizaba la cantera de Fidenae que proporcionaba una toba volcánica, no menos floja que la piedra Gabina, que constituía un material ideal para rellenos de basamentos y para el opus caementicium. El Piperino es una piedra semidura de color verdoso que tiene la propiedad de ser muy blanda a la salida de cantera y que, como todas las piedras, endurece al poco tiempo. Esta piedra, que procedía de Albano, ciudad situada a 20 km. de Roma, era muy apreciada para la construcción. Otra piedra floja era la Soractina que procedía de una cantera emplazada a 35 Km. en el actual Monte de San Silvestre. La toba Roja-Negra, de dureza relativa, precedía de Umbría, Picentino y Venecia. Las piedras más duras, aptas para las calzadas y poco utilizadas para la construcción de edificios por su difícil trabajabilidad, como el Pedernal se encontraban al sur de la Ciudad, a 5 Km., sobre la Vía Apia.

Las más preciadas eran la piedras tarquinias, las calizas y mármoles de la cantera Anciana, localizada en Viterbo. Era la piedra para la escultura. Se decía que sólo en ellas se podrían labrar las hojas de acanto de los capiteles corintios y que si esta cantera hubiese estado mas cerca, Roma se habría construido, toda ella, de esta piedra. Probablemente esto no ocurrió porque la Tiburtina Blanca, que procedía de la inagotable cantera de Tivoli (a 24 Km. De Roma), era ideal por su trabajabilidad. Esta caliza era más fácil de cortar con sierra, y aunque era bastante porosa y cavernosa, los constructores romanos habían encontrado la forma de tapar sus oquedades mediante estuco. De esta piedra estaban construidos los puentes de la Ciudad y las obras más importantes y bellas. El Teatro de Marcelo y El Templo de la Fortuna Virile son dos de las muchas obras que, en tiempo del Imperio, se levantaron luciendo en sus sillerías la magnifica caliza Tiburtina.

  • Opus Siliceum.

Fábricas romanas. Opus CuadratumToman este nombre un conjunto de fábricas pétreas donde grandes bloques encuentran distintos grados de labra. Las piedras son careadas (alisadas en su cara externa) para definir la verticalidad y estética del muro, a la vez que son concertadas y casi engatilladas (preparadas o arregladas para su mejor asiento y ajuste), para organizar un muro de rudos sillares colocados a hueso (sin mortero). Recordemos que así lo encontramos en el pe/argikón griego y en el pe/ásgico etrusco. Estas fábricas ciclópeas, primitivas y rudas, eran apropiadas para murallas y cimentaciones, pero más tarde se fueron consolidando en la construcción pública y doméstica disminuyendo el tamaño de los sillares y mampuestos, y homogeneizando las formas de los mismos. Así de la apariencia ciclópea informe, se pasó a la de una fábrica poligonal irregular, y de aquí a la poligonal regular, para alcanzar su mayor cuidado y maestría en la elaboración de una mampostería trapezoidal regular.

  • Opus Cuadratum.

Se daba este nombre al conjunto de sillerías pétreas compuestas por bloques, más o menos, bien escuadrados y regulares. De éstos, en principio, la dimensión qu(, debía mantenerse constante era la altura, de manera que todos fueran compatibles en cualquier altura de hilada. Por ello la altura de cada bloque respondía al doble de la dimensión del "pie" (el piede itálico disponía de 30,8 cm. y el piede romano medía 29,6 cm.), de esta manera la altura del sillar o de la hilada podía medir 61,5 cm. o 59,2 cm. Según se trabajase con el pedale itálico o con el pedale romano. La longitud del sillar se movía entre los 3 pies y 31/2 pies; el espesor lo hacía entre 0,8 pies y 11/2 pies. Resultaban sillares frecuentes los: 1 06x61 x53cm3. y 91x61x30cm3. en el primer supuesto y los: 89x59x41 cm3. y 89x59x27cm3. en el segundo.

Para trabar los sillares en el muro se colocaban piezas a perpiaño (mostrando la cara menor al exterior del paramento), e incluso hiladas completas de estos sillares atravesados.

Cuando todos los sillares eran iguales solían mantenerse en la relación 3x2x11/2 pies3 (90x59x45cm3.), y si todos presentaban su cara mayor al paramento, se definía su aparejo como isodomo. En tanto que si, dentro de la hilada, se alternaba la cara mayor con la menor, se decía, de su aparejo, que era diatónico.

  • Opus Incertum.

Fábricas romanas. Opus Siliceum.Fábricas romanas. Opus reticulatum.Es una fábrica de mampuestos irregulares, generalmente de tufa o piedra porosa, tomados con abundante mortero. Se generalizó en tiempo de Sila y, por ser económica, frecuentaba la construcción tanto de edificios públicos como la de la arquitectura doméstica. En muchas ocasiones, constituía la plementería o relleno de las paredes de estructuras cruzadas por maderos (opus craticium). En esta forma, aún la podemos ver en las casas pompeyanas.

En el siglo I a.C. fue muy frecuente que así se mostrasen los muros constituidos por un núcleo interior de opus caementicium. Pero tanto estas fábricas como las llamadas" opus reticulatum" debieron perder, fácilmente, parte de sus revestimientos de mampuestos, pues Vitruvio en el Capitulo VIII de su Libro 11 las califica como bellas, pero las tacha como malas por el citado problema.

  • Opus Reticulatum.

Se trataba de una fábrica mixta cuyos paramentos lucían una retícula diagonal, muy regular, formada por las bases de pequeñas pirámides muy pronunciadas o piezas pétreas de toba o piedra volcánica que, a modo de largas muelas o incisivos, quedaban ancladas al opus caementicium interno. Esta bella fábrica era laboriosa y de difícil ejecución, en consecuencia bastante cara, por lo que quedó limitada a edificios lujosos o a zonas o partes suntuosas de ellos. Estos paramentos habían de ser enmarcados por el opus latericium.

EL LADRILLO ROMANO.

El ladrillo básico era el "pedale" (módulo romano 29,6 cm.) equivalentes a un pie por un pie y que los griegos llamaban "tetrádoron", equivalente a cuatro palmos por cuatro palmos. Pero si admitimos 7 cm. para el palmo menor (de cuatro dedos) y, 29,6 cm. para el pie, comprenderemos que las dimensiones de los ladrillos hayan sido, de siempre, polémicas. A este respecto nada nos aclarará El Códice Sulpiano ni el mismísimo Plinio.

En base a este módulo se fabricaba un ladrillo mayor, el "bipedale o cuadrilongo" que tenía dos pies por dos pies (59,2x59,2cm².). Era una enorme tabla cerámica que colocada en tres o cuatro hiladas sucesivas horizontales creaba una verdugada de refuerzo en algunas fábricas mixtas y, desde luego, en el opus incertum y en el opus reticulatum. Este gran ladrillo, aún en barro fresco, podía dividirse con una cuerda tirante de manera que una vez seco y endurecido se rompería por esas marcas. Dividido en nueve partes resultaba el ladrillo menor, el "bessale" (19,7x19,7 cm².)

El "sesquipedale" era otro ladrillo mayor, también cuadrado, que tenía un pie y medio de lado (44,4x44,4 cm².) que dividido en cuatro partes originaba un "bessale" de 22,2 cm. de lado. En realidad, un sesquipedale era la diagonal del pedale, es decir, igual al producto de multiplicar la raíz cuadrada de 2 por un pie (29,6x1,4142=41,8 cm.) y así se fabricaba un ladrillo rectangular que tenía un pie por un sesquipedale, el "longum pedale" era de un pie y medio de largo por un pie de ancho (41,8x29,6 cm².).

El ladrillo romano.Un ladrillo menor, aunque poco frecuente, era "latum semipedale" (dos palmos por dos palmos 14,8x14,8cm².) similar al básico "dídoron" griego y que tenía medio pie por medio pie. No obstante, las medidas de los ladrillos secos y endurecidos ofrecían dispersiones considerables.  De todas formas, el ladrillo más usado fue el triangular que resultaba de cortar el "bessale" por una de sus diagonales. Resultaba por tanto el triangular del sesquipedale de lado 22,2cm y diagonal 31,4cm. y el triangular de lado 19,7cm. y diagonal 27,8cm.  Esto se lograba a base de que al ladrillo moldeado, pero fresco, se le hacia una profunda endidura y una vez secado o cocido se le daba un ligero golpe para dividirlo en dos. Este ladrillo resolvía en el opus latericium, las esquinas y el aparejo de los edificios y zonas redondas. El espesor de estos ladrillos se movía entre 4,2 y 4,5 cm.

En cuanto a la calidad del ladrillo romano, Vitruvio nos dice:

               "No se formarán de lodo que tenga parte alguna de arena fina ó gorda, ni guijas; porque serán pesados, y puestos en la fabrica los deleznan y disuelven las lluvias: asimismo la paja que se mezcla en el lodo no traba por su aspereza. Haránse, pues, de tierra blanquecina gredosa, ó de almagre,  ...Se harán por primavera y otoño, para que se vayan secando con lentitud y á un tenor mismo; porque los fabricados en el estío son malos, á causa de que desecada con la fuerza del sol la cara exterior, hace que parezcan secos no estandolo; y secandose con el tiempo, se retiran, y se quiebra la parte ya seca: de que se sigue quedar todos resquebrajados y de poco provecho.  ...Los mejores serán los que se fabricaren dos años antes de emplearse, no pudiendo secarse bien en menos tiempo; ...."

Aunque se ha dicho que en las ruinas de Roma no se han encontrado ladrillos sin cochura (adobe), vemos por las especificaciones de Vitruvio que la gran producción de ellos, debían ser secados y endurecidos al sol. Al menos hasta el siglo I a.C., pocos ladrillos fueron cocidos en hornos. Después de esta fecha comenzaron a cocerse las tejas (tegulae) y los ladrillos triangulares que componían los paramentos del opus caementicium. En cualquier caso, la cochura de estos ladrillo era muy ligera. El hecho de que en Roma no se hayan encontrado ladrillos crudos, se ha justificado en base a los grandes incendios habidos en la Ciudad Eterna donde, los ladrillos, han alcanzado mayor grado de vitrificación por soportarlos, que por la leve cochura que pudieran recibir en los hornos de su tiempo. Recordemos que el gran incendio de Roma tuvo lugar el año 64 d.C. y que el Panteón de Agripa fue dos veces destruido, primero por el incendio del año 80 d.C. y más tarde en el del año 110. El que hoy podemos visitar fue reconstruído, enteramante, por Adriano.

  •  Opus Latericium

Fábrica de ladrillo romano.  Se llama así al aparejo de ladrillo, también denominado como "opus testaceum" y que atiende tanto al constituido íntegramente por ladrillos "lateres", como al aparejo mixto de núcleo caementicium y paramentos latericium. En el primer caso el muro se constituía mediante piezas cuadradas, grandes y pequeñas, en una combinación que hoy nos parecería, aparejo inglés. Es decir, como de una hilada a tizón y la siguiente o anterior a soga. En el segundo caso, los ladrillos eran triangulares y se colocaban acostados sobre amplio lecho de mortero, con la diagonal al paramento y el ángulo recto señalando hacia el interior o núcleo del muro. Apenas colocadas pocas hiladas de ladrillo a ambas caras del muro, se llenaba el interior con mortero y se colocaban los áridos (opus caementicium). Esta fábrica mixta era más cara que el opus incertum, y siendo más barata que el opus reticulatum, era la mejor desde el punto de vista de la durabilidad y de la capacidad mecánica. No obstante, por su laboriosidad, parecía más elegante y preferido el opus reticulatum. De todas formas tanto el opus incertum como el opus reticulatum requerían ser rematados, en las esquinas del edificio, por un paño de opus latericium. 

El "opus spicatum" era un latericium testaceum, en el que los ladrillos mostraban la testa colocada a espina de pez, o lo que es lo mismo, a espiga de trigo. Resultaba un buen aparejo para suelos y, en muros resultaba muy decorativo. En muchos pueblos de Andalucía aún se siguen pavimentando, con esta técnica, patios y calles peatonales. En Sevilla es frecuente, y lo podemos ver en el Callejón del Agua.

OTRAS  FORMAS DE APAREJOS Y DE REVESTIR LAS OBRAS.

A continuación exponemos algunas fábricas y morteros, que extraemos de una, casi infinita, lista de tipos de aparejos, morteros y pastas que tomaron nombres propios y concretos. 

  • Opus Mixtum.

Fábricas romanas. Opus spicatum.Tomaron este nombre todas las fábricas que se labraban acordando materiales distintos. De las muchas combinaciones que uno puede imaginarse o suponer, es frecuente encontrarse un opus incertum terminado en sus esquinas con un opus latericium. De la misma forma, encontramos al opus reticulatum enmarcado en  un  aparejo  de  ladrillo  e  igualmente  el aparejo ladrillo "opus testaceum" podía encontrar el refuerzo de las esquina del edificio mediante un opus cuadratum isodomo.  Atendiendo a la constitución interna de la fábrica, también un opus caementicium formaba, con un aparejo externo de ladrillos triangulares, un opus mixtum.  

  • Opus Signinum.

Es posible que de aquí derivase un conjunto de morteros y pastas cuya cadena tendría su último eslabón en la obra de estuco. En principio se trataba de un pavimento impermeable, destinado al suelo de las cisternas, baños, canales de acueductos, cloacas, terrazas y a cualquier espacio destinado a contener o conducir agua. Para su ejecución se preparaba un mortero con una parte de cal de Tibur (Tivoli), una parte de arena fina de río, y una tercera parte de polvo de ladrillo de Signia. Signia era la actual Segni, ciudad situada al SE de Roma, sobre la cabecera del Río Liris, donde se fabricaban los mejores ladrillos de la zona. En éstas ladrilleras, los ladrillos se cocían a alta temperatura y alcanzaban un buen grado de vitrificación.

El pavimento "opus signinum" se hacía en tres capas que disminuían de espesor. La primera o inferior se armaba con cascotes de estos mismos ladrillos. La segunda capa, de menor espesor, se realizaba con el mismo mortero pero los cascotes de ladrillo eran de menor tamaño y en la tercera capa, bastante mas fina, desaprecian los aridos o cascotes. Aún recibía,  la superficie,  una capa de refino o tratamiento de acabado que se bruñía con muñequilla.

Pavimento romano. Opus signinum.Pavimento romano. Opus Sectile.Más tarde este tipo de pavimento se generalizó en los suelos de las casas y, sobre todo, en los de los jardines. En ocasiones se sustituía el polvo de ladrillo de la última capa por polvo de mármol para procurarse un acabado más blanco.

Opus Sectile. Se denominaba así al acabado que resultaba cuando en un pavimento constituido por el mortero descrito para el opus signinum, se incrustaban piezas de piedras careadas o mármoles de diversos colores para formar combinaciones geométricas. Generalmente se conformaban lozas cuadradas dibujando cuarteles y dejando respirar el opus signinum del fondo, que además, podía pulimentarse.

  • Opus Marmóreum. 

Era la pasta preparada con cal de Tibur y polvo de mármol (estuco), que constituía un finísimo acabado con el que se revestía al "Opus tectorium" o mortero de cal y arena que imprescindiblemente revestía uniformemente a las fábricas de los muros.

  • Opus Albarium.

Fue el nombre que recibía la pasta de cal grasa, muy batida y cribada, con la que se blanqueaban los muros y sobre la que se pintaban los frescos.

  • Opus Musivum.

Con este nombre se designaba a un pavimento constituido por teselas (tesserae), pequeños paralelepípedos de piedras o vidrios de colores, que proporcionaban en el suelo y en las paredes de determinadas habitaciones, una composición pictórica (mosaico) con elementos, grecas y figuras, de traza orientalizante. También tomaba el nombre de opus vermiculatum.


Actualizado 26/03/08

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|