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Inicio Colecciones  C1134 El templo y su evolución.
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C1136 Rama Acabados y decoración
C1137 Rama El edificio público
C1138 Rama El entorno social

 

La presente ficha de El Templo y su Evolución se desglosa en los apartados de: ANÁLISIS DE LA EVOLUCIÓN FORMAL, RAZONES QUE MOTIVARON LOS CAMBIOS, LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO.

EL TEMPLO Y SU EVOLUCIÓN.

La piedra era ideal para trabajar a compresión, y no tan buena para tomarla para las vigas las cuales han de responder a la solicitación de tracción, lugar donde la madera le ganaba claramente en cualidades mecánicas; por tanto, era lógico que la sustitución empezara por los soporte y por los muros. No obstante, aceptaron las limitaciones del nuevo material y, acercando las columnas, fueron también suplantando a los dinteles, dejando la madera para la estructura de la cubierta.

 


Pero los cambios no fueron sólo del material, que fue sustituyéndose pausadamente, sino que fueron más profundos. Se sistematizaba la construcción en la seriación de los elementos y se encontraba la coherencia formal de las partes, dotando de funcionalidad a los elementos constructivos. Así, el friso se forraba de terracota con el fin de proteger su estructura oculta, de madera, frente al azote del agua de lluvia. Al mismo tiempo, la cornisa tomaba el vuelo adecuado para producir un alero capaz de defender al entablamento y a sus elementos, del agua eliminada por la cubierta.

Definitivamente la nueva etapa quedaba marcada por la construcción en piedra, enmarcada en un sistema adintelado y en el cual, la estructura se simplificaba hasta los limites en que ésta no planteara una investigación que le restara dedicación a la tarea de búsqueda racional del orden y la perfección dentro de los canones que se habían de aceptar para el levantamiento de sus edificios.

Es fácil aceptar que la planta del templo griego tiene su origen en el mégaron micénico consolidado desde 3000 años a.C., y éste, es probable que proceda de Anatolia a través de la casa troyana y de la cretense. Pero para la etapa que ahora tratamos, el nuevo santuario se había desprovisto de sus medianeras y separado de sus edificaciones colindantes y se manifestó como un edificio exento. La sala cuadrada "naos" se alargaba hacia el rectángulo y prolongaba sus muros laterales para abrigar al porche y absorber a las columnas extremas de éste, dejando a los soporte intermedios "in antis" y logrando de este modo, que se definiese un vestíbulo "pronaos" totalmente integrado en el nuevo edificio. A la vez, los muros se reforzaron en sus testas "antas" a modo de pilastras, para, junto a los soportes del pórtico, recibir a la viga que debía soportar al frontis de la fachada. Entre tanto, la plaza del fuego doméstico que ordenaba el espacio del mégaron se fue transformando en el altar que recibiría a la estatua del dios local.

La estatua debía verse desde la puerta y, ésta, estaba centrada con la fachada del edificio, luego era de esperar que la línea de columnas, que hasta ahora estaba emplazada en el eje longitudinal de la cella para recoger a la cumbrera de la cubierta, abandonara esta posición axial y se desdoblase en dos líneas de columnas y que éstas, se situasen entre el eje de la nave y los muros longitudinales. El templo de Apolo (Termo) levantado hacia el año 600 a.C. aún mostraba la tipología del templo axial, es decir, con columnas en el eje de la naos. Termo (Aetolia) es la localidad en la que pueden estudiarse estos cambios yEvolución y tipología de la planta del templo griego. buena parte de la evolución de la planta del templo griego.

Del frágil santuario con aspecto de cabaña, dotado de porche en cobertizo, y de estructura de ramas y troncos de laurel, con muros de barro cuajado y reforzado por la misma estructura, se había pasado al templo de muros de fábrica de adobe, en el que la cubierta, empezaba a ser un elemento más autónomo y diferenciado. Para entonces, la planta se presentaba con ábside curvado (Termo, 1300 a.C.), aunque esta forma, no significó nada singular en el templo, y muy pronto, vería pasar su curvatura a la racionalidad del espacio rectangular. Así, hacía el siglo IX a.C., el edificio creció dotandose de un opistodomos o habitación, posterior a la cella, que nunca tuvo clara su funcionalidad. Durante algún tiempo este espacio fue sólo accesible desde la naos o cella y funcionó a modo de sacristía, pero pronto se cerró respecto a la misma y se abrió al exterior, sirviendo de sala de las ofrendas y proporcionando una fachada simétrica respecto a la principal. Esta tipología que reproduce el próstilo (pórtico frontal con columnas) en su fachada posterior, es la que conocemos como templos con anfipróstilo.

Se ha querido justificar el hecho de que el templo se rodease de columnas en todo su perímetro "templo períptero", dotandose de galería continua, como una solución constructiva que tenía como función la de alejar al agua de la cubierta, del muro de ladrillo. Pero esto no parece que sea una justificación argumentada, pues el templo con ábside de Termo (hacia 800 años a.C.) ya se rodeaba de columnas de madera que, a modo de menhires, creaban un espacio circundante unificado que no tenía ningún tipo de cubierta fuera del recinto definido por los muros del templo. Por ello, hemos de quedarnos con la justificación compositiva de que al no tratarse, el interior del templo griego, de un espacio de congregación de los fieles, éste debía ofrecerse como un objeto, que rodeado por la multitud, se presentase sobreelevado y mostrando todas sus fachadas con similar categoría. De aquí que la columnata que rodeaba al templo quisiera mostrarse con la máxima continuidad e incluso que, en muchas ocasiones, se duplicara originando el potente "templo díptero". De esta última tipología se adornaba el templo jónico de Artemisa, levantado en el siglo IV a.C. en Éfeso.

Pero no fue sólo la planta y el material los que cambiaron, sino que los cambios fueron más profundos y, aunque no quisiéramos extendernos más allá de lo mínimo imprescindible, hay que pensar que el templo evolucionó lo que cambió la sociedad o el pueblo afincado. Los Dorios constituían un pueblo con espíritu invasor que, en tiempo de Alejandro, penetró en Egipto: invadió Babilonia y Persépolis, e incluso, llegaron hasta las mismísimas puertas de la India y tomaron Maracanda. Mantuvieron duras luchas con los persas, y siempre, en condiciones claras de inferioridad numérica. Se trataba de un pueblo inquieto en busca de su identidad.

Por otro lado, el templo durante muchos años fue la expresión no sólo de lo religioso sino de la sociedad e incluso de la filosofía de este pueblo. Apolo era la perfección en la armonía corporal. Era la vitalidad y la belleza, encontró su máxima popularidad en el siglo V a.C., y se constituyó en elCariátides en el pórtico del Erecteion en Atenas. modelo en el que se armonizaban juventud y fortaleza. En estos postulados, los primeros templos dóricos buscaban el noble balance entre simetría y liberación de las partes, expresando tensiones y poder con formas graciosas y refinadas. Tanto es así que, aún cambiando la madera por la piedra, el templo siguió mostrando sus rasgos integrados en el medio natural, pues a pesar de todo, la piedra les parecía algo rudo. Es probable que Pericles se propusiese limar esta rudeza y presentar a este material con su máxima ligereza, perfección y belleza.

En tiempos de Pericles (450 años a.C.), todo estaba presidido por el equilibrio. La armonía funcional radicaba en la correcta proporción y todo quedaba vinculado al sentido de la vida y planteado en los términos del fenómeno antropomórfico. Así, para establecer correcciones en los fenómenos ópticos se curvaban las líneas en el basamento y en la columna (éntasis), se colocaron figuras femeninas en lugares propios de columnas (cariátides) para simbolizar el refinamiento en el poder. De igual modo se introdujeron esculturas en los frisos y en los frontones para perpetuar su poder sobre los persas y todo, de una manera consciente y medida.

Algunas de las correcciones que frente a los fenómenos ópticos establecían eran las siguientes: en el Partenón, el éntasis de las columnas de las esquinas tomaba 1,2 cm.( como incremento del radio de la misma. Ello para evitar el debilitamiento que le producía, en su parte central, la iluminación a contraluz. Por esta misma razón, las columnas de esquinas de los templos eran más gruesas que el resto de las mismas. Las columnas del peristiloCorrecciones ópticas introducidas en la construcción del templo griego. se inclinaban ligeramente hacia el interior para evitar el efecto de que el templo apareciera más ancho a la altura de la cornisa que en su arranque en el estilobato, (en el

Partenón las columnas de 10,60 m. de alto, tienen un desplome de 3 cm.). El estilobato, y con él los distintosLa Acrópolis de Atenas escalones de la grada, se peralta en su punto central, para evitar que el edificio, en la cornisa, apareciera como hundido. Desde el punto de vista técnico se podría justificar esta caída hacia las esquinas como una solución para evacuar el agua de la galería. Pero no puede admitirse otra teoría que la compositiva en este estudio de las referidas correcciones ópticas, pues para desalojar el agua de la plataforma hubiese sido suficiente una ligera pendiente, en el suelo, desde el muro al intercolumnio, sin sacrificar el orden de lo horizontal.

En este proceso de cambios el templo se liberó hasta de su condicionante de orientación. Ya no tenía que colocar su eje sobre la dirección suroeste, ni siquiera se planteaba como una forma consecuente con el eje de su planta, sino como una pieza tridimensional que debía ser colocado de forma que fuese observado desde todo su entorno. De este modo, nacieron los lugares sagrados (temenos) limitados por un muro o cerca y a los que se accedía a través de una puerta monumental (propileos).

Los propileos llegaron a tener tanta o más importancia que el propio templo y se constituían por una doble línea de columnas. Quedaban abiertos al exterior y al interior, y flanqueados por otros edificios notables. Todos los edificios emplazados en el temenos se dotaban de galerias porticadas con columnas (stoas) que protegían a la multitud del sol y de la lluvia, conformando así la plaza del mercado o ágora. Quizá esta función de proteger del sol y de la lluvia a los congregados en torno al templo, contribuya a la justificación del peristilo o columnata perimetral.

Detalle de la esquina del entablamento.Con posterioridad al año 600 a.C. se tiene un período de consolidación, donde el Dórico y el Jónico son destinados definitivamente a establecer el lenguaje de la arquitectura clásica. El templo dórico se desarrolló en la zona continental (Peloponeso y parte central), Corfú, sur de Italia y Sicilia.

Como hemos visto, su evolución se caracterizó: por la pérdida de su posición entre medianeras, por la disposición de las columnas in antis en el pronaos, por la sustitución paulatina de la madera por la piedra caliza en soportes y entablamento, y por la desaparición de la línea central de columnas en el interior de la cella. Esta línea de columnas se desdobló simétricamente respecto al eje del templo, dejando libre el espacio central para que fuese ocupado por la estatua. Desde el punto de vista de las premisas que fijaba la construcción que ahora se adoptaba, era fundamental que la mayor parte de los elementos deberían ser repetitivos y responder a un módulo. No obstante, la búsqueda de la perfección, el espíritu innovador del griego de la época y los problemas de singularidad planteados por las cuatro esquinas de todo edificio exento, sobre todo cuando éstos son de cortas dimensiones, poco les permitió la seriación e industrialización del modelo.

  • TRABAJO Y MANIPULACIÓN DE LA PIEDRA.

Durante el período helenístico, los griegos construyeron, no sólo el templo sino todos sus edificios públicos, mediante una sillería de hiladas concertadas a la que impusieron una calidad que nunca fue superada. Siempre hemos admitido que la "calidad de labra" de una fábrica está en relación inversa a la cantidad de mortero que ella contiene y nunca, esto ha sido tan real como en el caso de estas construcciones, donde los bloques de piedra caliza se aparejaban a hueso, es decir, sin ningún tipo de mortero y con un ajuste o encaje de total precisión.

Levantaron muros de una hoja, entendiendo aquí esta definición como aquél donde todos los sillares mantienen un ancho igual al del muro. Del mismo modo, aparejaban muros en cuyo espesor disponían dos sillares adosados o pareados, pero, en este caso, introducían, a distintas alturas, hiladas dispuestas a perpiaños. Esto es, hiladas aisladas donde cada sillar ocupaba el ancho del muro.

El edificio público y particularmente el templo, se levantaba sobre un podium o conjunto de plataformas decrecientes en sus dimensiones de manera que quedaban dotados de gradas circundantes. La última de ellas, es la que conocemos como "estilobato". EnAparejo del muro y ajuste de sillares. el templo, como hemos señalado anteriormente, esta grada se peraltaba por la parte central del costado mayor para corregir el efecto óptico de parecer hundida en este punto medio. Con lo cual, el estilobato tomaba una ligera curvatura que caía desde el centro hacia los extremos de dicho lado del templo.

En la organización de la sillería del pie de los muros, la hilada que constituía el arranque del mismo sobre el estilobato, tomaba mayor altura que las que sobre ella iban superponiéndose. En ocasiones, esta primera hilada se constituyó por dos sillares paralelos, de alturas idénticas, que se colocaban ligeramente separados para crear una cámara interna. Esta, no se remontaba a la hiladas siguientes y, aunque parecería lógico pensar que se tratara de algún sistema para prevenir la humedad del suelo, no era ésta la razón de dicha cámara y sí la de producir la evaporación del agua que por gravedad llegara a la base del muro. Esta, procedía de la propia desecación de la piedra, que como sabemos se colocaba y se trabajaba húmeda por razón de facilidad de corte y cincelado. Todas las piedras, al ser extraídas y mientras conservan su humedad de cantera se mantienen blandas. Por ello, se aprovecha para cortarla y hacer el trabajo más duro y desbastado, a pie de cantera. A medida que ésta pierde dicha humedad se va endureciendo paulatinamente y a gran velocidad.

Para el siglo V a.C., cuando los griegos (atenienses) deciden para sus templos el uso del mármol procedente, primero, de la isla de Paros y más tarde de las canteras del Monte Pentélico, canteras situadas a unos diecisiete kilómetros de Atenas. Todos los sillares se trabajaban como si de auténticas esculturas se trataran. En los momentos precisos que requería el proceso constructivo, se cincelaban todas las partes y caras, e incluso se pulían sobre lechos de arena, hasta un total ajuste y acabado. Con el mismo cuidado se labraban los cajeados donde, más tarde, se alojarían las espigas de enlace de las columnas. Asimismo se conformaban los tetones salientes que habían de servir para el izado y arrimado final de los sillares e incluso, los pequeños huecos en los que se debían apoyar las barras de las palancas que se usaban para mover y ajustar la colocación de los bloques.Voluta en la diagonal del capitel jónico de esquina.

Como ya hemos indicado, la esquina del edificio fue siempre el punto discordante del orden e imponía la necesidad de un estudio singularizado y particular de los elementos que la habían de conformar. En el dórico modificaba la posición de los triglifos, alterándola, pues en todo el friso se mantenían alineados con los ejes de las columnas pero al llegar a la citada esquina, había que desplazarlo hacia ella y consecuentemente, diferenciaba el tamaño de la metopa más próxima a la misma. En el capitel jónico, tuvo que introducirse la voluta oblicua, situada bajo la diagonal del ábaco de esquina. Por todo ello y partiendo de que no escatimaban esfuerzos en la búsqueda de la perfección, no es de extrañar que, para el aparejo de la esquina del muro diseñaran, en algunas ocasiones, el sillar en forma de "L", forma siempre laboriosa y que imponía gran pérdida de material. Hemos de decir que esto no fue lo habitual y que lo normal era adoptar la regla general de traba, por adarajas, tanto para la esquina como para los encuentros entre muros perpendiculares.

Al principio se enrasaban todas las caras del sillar con idéntico acabado, pero pronto se dieron cuenta de que las cargas que demandaba el peso del muro eran pequeñas en relación con la capacidad de respuesta que, a compresión, ofrecía la piedra, y que con sólo el apoyo de una banda perimetral de las caras superior e inferior del sillar se tenía respuesta suficiente. Por esto, y siempre en busca del perfecto acomodo y ajuste de los sillares, decidieron rehundir con labra tosca el corazón de las caras de apoyo de los sillares. Además de todo esto, para lograr el magnífico aristado y ajuste de las juntas que presentan las sillerías de estos muros, una vez arrimado un bloque a su contiguo. En algunas ocasiones, se le hacía pasar la sierra por la unión y posteriormente se le daba unFormas de los dinteles. segundo y definitivo arrime.

En general, la piedra se colocaba acostada según la estratificación de los lechos de cantera, es decir, en la posición correcta en la que ha de afrontarse la solicitación de compresión. No obstante, muchos dinteles debieron romperse por flexión, pues frente a la tracción derivada de ésta, la piedra, impone sus limitaciones. Ello hace que recurrieran, inteligentemente, a parear las piedras en el arquitrabe, dándole mayor canto y la mitad del ancho. Esto equivalía a dividir las cargas sobre las vigas y derivarlas hacia dos dinteles que les permitía, al menos, mayor facilidad en el izado y en la manipulación de los mismos. De todas formas esto no era nuevo, pues ya se había ensayado con la madera en Creta, e incluso con la piedra en Egipto y en otros puntos de la historia de la edificación.

Lo que sí constituyó un hecho novedoso en esta lucha por la búsqueda de una mejor respuesta a la solicitación de flexión por parte de la piedra, fue colocar el dintel a "contra lecho de cantera"; es decir, colocar el sillar con los planosLabrado e izado de los sillares. paralelos de estratificación en posición vertical. Pero éstos, fueron también ensayos puntuales a los que no decidieron confiarse. La podemos ver así colocada en los dinteles del templo de Hera I (Poseidón) en Paestum (Italia 460 años a.C.) en tanto que en la forma habitual lo encontramos, con la estratificación según lechos de cantera, es decir, con formación de planos paralelos al horizontal, en el templo de Selinonte (Sicilia 560 años a.C.).

En el estudio de la forma y facilidad con que los griegos remontaron sus piedras hasta el lugar donde debían permanecer colocadas, se denotaba claramente que, como buen pueblo marinero de larga tradición, conocían todas las artes del izado con cable. Dispusieron de garruchas y poleas de todos los tipos y órdenes. Asimismo, usaron tornos y cabrias con toda clase de recursos y alturas. La piedra se trabajaba y preparaba para su elevación con el mismo cuidado con que se trataban las decoraciones del entablamento. Para tener verdadera idea de hasta qué grado de precisión y detalle se labraban los sillares, más que fijarnos en las metopas, tablas que correspondían al escultor y que llegaban perfectamente acabadas, observemos al sillar que conforma a los triglifos. Esta, es una de las piezas de mayor complejidad pues, además de lucir su decoración frontal, tenía que acompañarse: de las ranuras laterales en las cuales se alojaban las metopas, del cajeado de la cara superior donde debía anclarse la grapa metálica que lo fijaría al friso, y también en sus costados, de la amplia canaladura en "U" que habría de albergar al cable para el remonte e izado. Preparación y manipulación de los tambores.

Así, para el enganche del cable en la piedra se usaron los resaltos y hendiduras practicados en ella. En buena medida, se sirvieron de ganchos, castañuelas y tijeras metálicas. Los resaltos o salientes que se dejaban para facilitar el movimiento de los sillares, se eliminaban en cuanto que el bloque inmediato lo exigía, pero los de izado permanecían largo tiempo en la obra por si había que desmontar alguna piedra para establecer correcciones, y se eliminaban en la fase de acabado de la construcción. Igualmente ocurría con los sillares de los muros en los que el acabado final se realizaba sobre la piedra colocada, la cual sólo llevaba acabada las franjas que eran necesarias para servir de referencia en la colocación. El aGrapas metálicas y piezas de unión.lmohadillado saledizo El sillar, que se había preparado perfectamente para su ajuste con los sillares de la hilada inferior y superior e incluso con los que se le adosaban a sus costados en su propia hilada,  era frecuente  que  se  colocara  con un almohadillado basto. Estos abultados se eliminaban después de elaborar el paño de muro. De esta manera quedaba el paramento perfectamente plano y continuo. Fundamentalmente, se hacía así para evitar que un sillar perfectamente labrado sufriera un desportillamiento en su cara externa durante el izado y montaje. con el que se colocaba el sillar, para evitar desportillamiento, como hemos dicho, se eliminaba, en la fase de acabado.

En el caso de los tambores que componían la columna, la referencia principal la constituía el cajeado abierto para alojar el vástago de unión que se localizaba en el eje de ésta. Los salientes para el enganche del cable de remonte servían, además, para girar levemente al tambor en el aplome de la estrías. Para minorar el rozamiento entre la cara de un tambor y la del siguiente, se vaciaban o rehundían parte de ambas superficies de contacto. Dicho tambor sólo llevaba un corto anillo con las estrías labradas, terminándose el resto de éstas, en la piedra colocada. Más tarde, se terminaban de labrar las citadas estrías y mientras tanto, se mantenían dichos resaltos de izado.

A la construcción griega se le puede atribuir el uso de las grapas o aElevación y colocación de los tambores.nclajes metálicos introducidos para unir dos piedras consecutivas. Al principio se sirvió de las palomillas o colas de milano de piedras más duras, del mismo modo que lo hacía la construcción egipcia, pero pronto se generalizó el uso de la pieza metálica, hierro fundido, en doble "T", en horquilla, en "S" o plana, esta última para unir piedras de hiladas consecutivas. Para entregar estas grapas se practicaban cajeados con formas muy cuidadas, aunque algo mayores. Los huecos u holguras entre estos vaciados y las piezas de anclajes se rellenaban con plomo fundido, con lo cual además de perfecto acoplamiento se disponía de un elemento capaz de absorber las diferencias o imcompatibilidades de origen térmico, entre los dos materiales básico. Si se hubiese omitido esta holgura y este relleno, dicha acción térmica hubiera fracturado las esquinas de las cajas labradas en la piedra, dado que la piedra caliza es bastante friable. Una función más se le pediría aún al plomo, debía proteger al hierro frente a la corrosión que pudiera proporcionarle el agua que se infiltrarse por la junta entre sillares.

En el cajeado del tambor de la columna, aún se disponía un taco de madera resinosa, (buscaban la madera de mayor estabilidad higrométrica) que se interponía entre el vástago de hierro y el plomo. Todo esto permitía que el tambor superior fuese el portador de la pieza de hierro al ser colocado sobre su inmediato inferior.

  • EL SISTEMA CONSTRUCTIVO Y EL PROCESO DE EJECUCIÓN.

Los Dorios que, como hemos dicho, tomaron de la edificación micénica la monumentalidad de susFases de la construcción de un templo. construcciones, nada quisieron saber del arco ni de la bóveda y se decidieron, de manera rotunda, por el sistema adintelado. Sin pretender afirmar que la construcción arquitrabada sea menos compleja que la abovedada, si entendemos que como pueblo nuevo, invasor y sin tradición constructiva, optaran por la sencillez del sistema constructivo de soportes y vigas. Más tarde, aún sería más lógica y coherente esta forma constructiva con su filosofía y manera de sistematizar su estructura social, aunque también puede pensarse que, quizás su propia evolución como pueblo sea consecuencia de su arquitectura. El papel de Corinto y Argos fue fundamental para el desarrollo ideológico de esta primera etapa de la construcción helénica, pues, los primeros edificios de este período en los que aparecen claramente los elementos del dórico son: Termos, Olimpia y Corfú, ciudades que habían constituido el centro o región dominada por las influencias artísticas del alto período arcaico.

Los templos dóricos, aunque evolucionaron rápidamente hacia la piedra, fueron una interpretación inmediata de la construcción en madera. El templo de Apolo en Termos e incluso el de Hera, levantados en Olimpia hacia 600 años a.C., se alzaron sobre un podio de piedra pero las columnas eran aún de madera y no fueron sustituidas por columnas de piedra hasta el año 170 a.C., es decir, hasta 430 años más tarde.

De todas formas, aunque el nuevo templo nace o evoluciona en la sustitución de las columnas, del entablamento, del frontis e incluso del material de cubrición por sus homólogos en piedra, el cambio de material es en sí mismo tan radical que ello impone un orden nuevo en la construcción. Los tiempos, los costos, la planificación de la ejecución de la obra y, como no, el edificio, sus formas y sus elementos constituyen un problema socialmente nuevo. Templo de Segesta (Sicilia). Muestra su peristilo y frontis acabados, y la obra incompleta.También el Poseidón se quedó sólo con su frontis y su peristilo.

Paradójicamente a como lo construiríamos hoy, no se levantaba primero el muro de la cella y más tarde el peristilo que le rodeaba, sino al contrario, de fuera hacia dentro. Son muchos los templos griegos que no llegaron a acabarse de construir y que atestiguan que después de la formación del basamento, se levantaba la columnata exterior con su entablamento coronado hasta su cornisa e incluso, el acabado de los frontis delantero y trasero. En estas condiciones, de desafío al viento, esperaban la erección de los muros de la cella y de los elementos portantes (columnas menores) del interior de la nave. Estas últimas columnas se conformaban en dos niveles con arquitrabe ente ellos. Muchos de estos templos se quedaron, definitivamente, en espera de la llegada de las vigas de la cubierta, que algo arriostrarían o atarían al conjunto frente a las acciones horizontales.

Algunos autores justifican este extraño orden en la ejecución del edificio, que debía ocasionarles dificultades de movimientos a la hora de ejecutar la obra interior al peristilo, a la necesidad de los constructores y promotores de mostrar la parte de obra ejecutada para gozar de la confianza Recordemos que Grecia no se configuraba como un Estado, sino que lo hacía como una mancomunidad de Ciudades y que cuando se tomaba la decisión de levantar un templo importante se tomaba democráticamente y se soportaba por la aportación de cada una de las ciudades que constituían la alianza. Anualmente se discutían los  presupuestos y las aportaciones. del pueblo y de sus representantes políticos, que eran quienes decidían la dotación de los presupuestos y la continuidad de la obra. Es probable que no fuese ésta la única causa y que las razones puedan deberse, también, a que dado que elRelaciones de proporción entre las distintas partes del templo. edificio se proyectaba sin planos y en base a un replanteo preciso de la modulación del intercolumnio, era necesario construir la columnata y si se tenían que establecer alteraciones en la referida modulación, estas quedarían absorbidas por las dimensiones de la nave y en la distribución de sus elementos interiores. Frecuentemente los templos se componían con seis columnas en el frente de su peristilo (Selinonte, Teseo, Aphaia, etc.) y en ocasiones se colocaban ocho, como es el caso del Partenón, aunque Ictinos y Calicrates empezaron la obra con el encargo de un templo de seis columnas que luego tuvieron que adaptar a ocho. De nueve columnas era el templo jónico de Artemisa en Efeso. El número de columnas del costado mayor era igual a "2n+1", si llamamos "n" al número de ellas que se colocaban en el lado menor o frontal. La dimensiones de los lados del rectángulo de la planta mantenían la relación "9/4" y era la misma que se daba entre el lado menor de dicha planta y la altura. Así el Partenón tiene 69,50m. en su costado, 30,88m. en su frente, y 13,72m. de altura desde el estilobato hasta la cornisa. Igualmente era "9/4" la relación entre el intercolumnio (distancia entre los ejes de dos columnas contiguas) y el diámetro de la columna (doble del módulo).

Restos de una esquina del peristilo.Detalle del pórtico, para ser observado desde su respuesta mecánica al empuje horizontal.Nadie debe escandalizarse por lo que a continuación exponemos, pues, se trata de una opinión personal y como tal debe tomarse, pero si aceptamos que los griegos eligieron bien el material para su templo, es evidente que no lo hicieron tan bien para la adopción del sistema constructivo. Produjeron una construcción articulada, confiando la unión a las grapas y vástagos metálicos de un hierro de relativa calidad, pero estas piezas metálicas que se comportaron magníficamente frente a ajustes y dilatación térmica, no tuvieron tiempo para arruinarse, pues el sismo, que era frecuente en aquellos tiempos y lugares, se encargó de la destrucción del sistema articulado. Muchos fueron los templos levantados y pocos los que medianamente han permanecido erectos y, no nos creamos que la pérdida de la cubierta tuvo la culpa de la ruina prematura. Esta era tan ligera que, a pesar de su tejas de caliza, al caer poco hubiesen dañado a la estabilidad de los muros. El problema radica en que unos pesados entablamentos colocados sobre una fila de columnas, situaban el centro de gravedad del sistema excesivamente alto y esto, al menos hoy día, es algo difícil de proponer y más aún de mantener en pie frente a un azote sísmico. En el templo de Olimpia y en otros, podemos ver como las columnas de uno y otro costado volcaron en la misma dirección. En apoyo de esta afirmación de la causa principal de la ruina del templo, también podemos observar como las esquinas son las partes, que con frecuencia, han soportado mejor dicho azote telúrico.

Los acabados o desbastados se empezaban por la cornisa y se ejecutaban de arriba a abajo con el fin de ir desmontando y cambiando los andamiajes de posición. Por esta razón, podemos ver en algunos templos como están acabadas las cornisas, capiteles y las estrias de los tambores superiores, en tanto que los tambores inferiores han quedado en la piedra bruta o en su sólido capaz. Aún lo podemos ver así en el templo de Segesta en Sicilia.Esquema estructural del templo.

  • LA CUBIERTA.

Uno de los elementos constructivos que evolucionó más rápidamente y cuyo estudio mantiene gran interés, fue la cubierta. Con la concepción del nuevo templo, en tiempo de los dorios, la cubierta del antiguo santuario fue perdiendo su fuerte pendiente y situándose entorno a los 17 grados (30%). Esto fue posible por la introducción de la teja de solape, primero de madera, pronto de terracota y más tarde de piedra caliza.

La cubierta adoptó, para su estructura de soporte, la solución de los armazones fenicios o etruscos Los armazones fenicios que se difundieron por todo el Mediterráneo, se constituyeron por dos elementos lineales inclinados de maderas a los cuales conocemos como "pares" que establecían empujes horizontales que quedaban controlados por el tirante. Lo veremos ampliamente utilizado por los etruscos y, en este mismo capítulo, en el Hall Asambleario del Bouleterión de Mileto. El templo griego optó por la tablazón, apeada por endebles pilarillos que no introducía empujes laterales.. Con la desaparición de la línea de soportes en el centro de la naos aparece la viga transversal de gran escuadría que ha de constituirse en puente para apear a la viga de cumbrera y a los tablones que terminaron por sustituir a los pares. De esta manera el armazón del tejado quedó compuesto por una tablazón, relativamente continua, organizada en la dirección de la cornisa, que eran acostadas sobre un conjunto de tablones orientados según la línea de pendiente, los cuales, se apoyaban sobre carreras longitudinales paralelas a la viga de cumbrera. Estas últimas descargaban, mediante pilarillos de apeo, en las pesadas vigas transversales cuya sección o escuadría superaba en muchos casos las dimensiones 65x60 cm2. Unas veces estas vigas abarcaban la totalidad del ancho del templo y otras, tomaban el ancho de la cella, bajándose a un plano inferior en la galería o estoa delEstructura de la cubierta. peristilo. También muchos templos quedaron sin cubrirse en la espera de la llegada de estas vigas de importantes escuadrías, siempre difíciles de obtener.

El tejado se conformaba por la teja canal plana de bordes peraltados y entestados, que quedaban cubiertos por la cinta o estrecha teja cobija triangular. Esta se detenía antes de llegar al alero para no cortar la circulación del agua en la canal longitudinal del borde del costado del templo. El agua de la cubierta, que en principio descargaba directamente por los laterales del tejado, se recibió, más tarde, en el canalón de alero. Este último desaguaba mediante gárgolas o a través de las palmetas. Las palmetas no fueron elementos funcionales de la cubierta sino elementos decorativos de la fachada lateral y tenían la misión de romper la monotonía del alero que se mostraba demasiado largo. Por ello, el ritmo o distancia a la que se colocaban dichas palmetas no respondían a las alineaciones de las tejas y sí al orden exterior del entablamento. Con lo cual, podemos afirmar que dicha crestería era un elemento claramente de fachada y que no tenía ninguna misión funcional en la cubierta.

Elementos de la cubierta y del alero.Las tejas de terracota de la época helénica respondían, formalmente, a un grado de definición y encaje similar a las que hoy podemos usar y eran un claro exponente del desarrollo y maestría, primero, de la industria alfarera griega y, más tarde, de la del mármol.

Allá por el año 480 a.C., en la Isla de Naxos, se desarrolló una floreciente e importante industria del mármol que fue propiciada por existir, en la citada isla, el esmeril utilizado para el corte y laminación de la piedra caliza. De este modo se comercializó la teja de mármol que, entre otros, lució el Partenón ateniense y las magníficas tejas en escamas que cubre el monumento corintio a Lisícrates en Atenas.


Actualizado 26/03/08

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