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Inicio Colecciones  C1116 El entorno social tecnológico.
C Rama Construcción
C1 Rama Historia de la construcción
C11 Rama Arquitectura Pre-romana
C111 Rama Arquitectura Mesopotámica
C1111 Rama Periodos históricos       
C1112 Rama Expansión de la construcción
C1113 Rama Características fundamentales
C1114 Rama Los materiales y elementos
C1115 Rama La decoración en arquitectura
C1116 Rama El entorno social tecnológico
C1117 Rama La construcción persa

 

La presente ficha se desglosa en el apartado de: EL ENTORNO SOCIAL TECNOLÓGICO.

EL ENTORNO SOCIAL TECNOLÓGICO

El hecho de que sepamos, con todo lujo de detalle, que fue Imhotep el arquitecto del estado que construyó, para Zoser, la primera gran pirámide en Egipto hacia el año 2.700 a.C., como que conozcamos que, Dédalo fue el arquitecto griego que diseñó el Palacio de Knossos en Creta hacía el año 1.700 a.C.


En cambio no tenemos noticias de la autoría del arquitecto o constructor del ziggurat de Ur (2.350 a.C.) así como de cualquier otro edificio notable de esta etapa, como los palacios de Persépolis, la Torre de Babel o el Templo de Jerusalén, nos confirma el anonimato en el que permaneció el arquitecto en la etapa mesopotámica y persa, salvo que admitamos que entre el rey y dios seguían repartiéndose los papeles del constructor, del arquitecto y los del propietario.

En Mesopotamia se tenía la certeza de que Dios debía decir como quería su morada. La forma y proporciones que debía tomar el templo tenía que ser comunicada por El, y lo debía hacer a la cabeza visible, es decir, al rey, probablemente mediante un sueño. Por ello, éste era el único que conocía las pretensiones y gustos de los dioses. Aquél, guardaba celosamente las medidas y las proporciones, la capacidad de admitir o rechazar lo ejecutado y a él, se le atribuía la grandeza de la construcción.

Verdaderamente era el Rey quien ejercía la arquitectura, él pasaba a ser el ingeniero constructor pues, la responsabilidad de la estabilidad real del edificio, su funcionalidad y su belleza era exigida a él. El código de Hammurabi promulgado en Babilonia hacia el año 1.760 a.C. así lo especificaba. Este documento al que ya hemos hecho referencia y expresado parte de su contenido, es uno de los textos jurídicos más antiguo de la historia. Lo copiaron generaciones de letrados babilonios y de casi todas las nacionalidades posteriores. Es célebre por la severidad de sus máximas, es útil para conocer la mentalidad de aquél pueblo y la importancia que la actividad constructiva llegó a representar.

Por él, sabemos que el régimen patriarcal era muy fuerte pues, el marido podía matar a su mujer si cometía adulterio. Una muchacha se compraba para el matrimonio cuando aún tenía diez años. Entre las responsabilidades del constructor no figuiran las derivadas de los daños que pudieran sufrir las hijas o las esposas del propietario como consecuencia de la ruina de la construcción. También por él, sabemos que existía la propiedad y los alquileres y que los esclavos, como en Egipto, tenían derechos reglados.

Mientras en la arquitectura mesopotámica se denota, en las rudas construcciones de arcilla, el vasallaje de una mano de obra que fue empleada sin limites y en el más puro anonimato, en el período persa veremos como hasta las piedras de las cimentaciones disponían del sello del obrero que las talló. Se sabe que en este período hasta los picapedreros eran artesanos a sueldo.

La maestría de la ejecución de una bóveda persa, solo se puede lograr por el reconocimiento de una mano de obra cualificada y apreciada. La construcción de una bóveda sobre trompas o pechina es siempre una obra genial, que requiere una dirección técnica, a pie de obra, la presencia de un maestro. En la construcción de los palacios sasánidas, se aprecia una jerarquía de técnicos y obreros con cualificación, respeto y sueldo. No es que no existiera la esclavitud, que estaba presente en la sociedad, pero la aplicación inteligente y razonada de los métodos de trabajo que requería la construcción persa, no se logra sin un equipo permanente y por ello, retribuido.

No se sabe casi nada del papel del arquitecto persa, que permaneció aún en el anonimato, pero es lógico suponer que, en estas construcciones que precisaban un fino trazado de sus proyectos, el papel del diseñador y del técnico fue mucho más intelectual y participativo de lo que lo había sido en la etapa sumeria.


Actualizado 20/06/07

   © Contenido: Francisco Ortega Andrade|